LOGINCAPÍTULO EXTRA. FINAL DE LA SERIE “REINAS”El sol de la tarde cae suave sobre la terraza de la casa principal, donde una larga mesa de madera está cubierta de platos, copas a medio llenar, y restos de risas que flotan en el aire como burbujas. Toda la familia está ahí, apiñada, ruidosa, imposible de ignorar.Regina está sentada con elegancia, pero no engaña a nadie. Acaba de meterle un bloque de hielo en la camisa a Viggo cuando él se levantó por vino, y ahora finge absoluta inocencia mientras se abanica. Viggo, por supuesto, lo nota cuando se sienta. Se lo saca del cuello con una ceja arqueada y murmura:—Te voy a hacer pagar por esto más tarde.—¿Promesa o amenaza? —responde Regina, con su sonrisa de reina malvada profesional.Ren, al otro extremo de la mesa, simplemente revuelve su copa de vino. Observa el caos con expresión estoica, como si fuera un evento meteorológico inevitable. A su lado, Ruby intenta mantener a Reina en brazos sin que la niña le arranque el arete por quinta v
CAPÍTULO EXTRA. REINA DE HIELO. “Besos y bebés”ALMANo sé qué hora es, pero estoy segura de que el sol todavía está durmiendo. El silencio de la casa está roto por el sonido más dulce y más aterrador del universo: el llanto de Reina. Otra vez. Por tercera vez esta noche.—Ya voy, pequeña dictadora —murmuro sonriendo a pesar de todo, me levanto arrastrando los pies desde la cama con la camiseta torcida, el pelo como un nido y la cara pegada de tanto dormir a saltos.Pero cuando llego al cuarto, Viktor ya está ahí. Descalzo, despeinado, con ese pantalón gris que juro no se ha quitado en tres días, y la bebé en brazos como si fuera una extensión de su alma. Está caminando en círculos suaves, murmurando en sueco, con esa voz baja y profunda que siempre me hace pensar en nieve, fuego y promesas.—¿Cuánto lleva llorando? —pregunto, medio bostezando y medio rendida.—Unos cinco minutos. Estaba esperando a ver si se calmaba con mi voz, pero... —me mira y sonríe—, es tan terca como tú.—Perdó
CAPITULO EXTRA. REINA DEL MAR. “Duelos y veleros"RUBYNo sé qué hora es. Solo sé que es noche cerrada, que alguien me está sacando de la cama envuelta en una manta y que ese alguien huele como mi esposo. A sándalo, acero y pura testarudez.—Kenshi... —gruño medio dormida—. ¿Qué haces? ¿Secuestro conyugal?—Shhh... confía en mí —susurra, como si eso no fuera lo más sospechoso del mundo viniendo de un ex capitán mercenario mitad magnate y mitad japonés.—¿Que confíe en ti? ¿Así sin contexto y descalza? —lo provoco mientras me acurruco más contra él para que me dé calorcito.—Te puse calcetines. Y el contexto es: aventura —susurra en mi oído con tono coqueto.Ajá. Con este hombre nunca se sabe si va a sorprenderte con un desayuno en París o con una cacería de cargueros en el Pacífico. Pero no protesto. Me dejo guiar, más por curiosidad que por obediencia, porque seamos honestos: yo, obediente, no soy.Cuando por fin llegamos a nuestro destino, el aire salado del mar me despeina. Y ahí e
CAPÍTULO EXTRA. REINA DEL ODIO. “Viñedos y Venenos”VERÓNICAChristian asegura que me va a enseñar a montar a caballo, y yo le creo… más o menos. Él lo dice como si fuera algo romántico, bucólico, incluso poético; pero cuando veo al animal enorme que me espera al lado de la caballeriza, mi instinto me grita que lo romántico puede esperar y que esto es una pésima idea.—¿Ese bicho me va a mirar feo todo el camino o solo hasta que me caiga encima? —pregunto, con los brazos cruzados.Christian suelta una risa suave y se acerca por detrás, rodeándome con sus brazos para ajustarme el sombrero como si fuera una niña. Huele a cuero, a sol y a ese perfume caro que solo él puede usar sin parecer ridículo.—Te va a adorar —me susurra en el oído—. Igual que yo.¡Ay! ¡Lo odio! O sea… no. Pero casi.No es la primera vez que me trae a la hacienda de su familia, pero antes las celebraciones no dejaban tiempo para más que estar con la familia, y ahora él está en plan relajado, días para hacer el amor
CAPÍTULO EXTRA. REINA DE REYES. “Dolce Vita y Diamantes”REGINATengo tres reglas sagradas en mi nueva vida:Nunca mezcles vino caro con drama barato.Si vas a tener un esposo medio mafioso que parece salido de un catálogo de Calvin Klein, asegúrate de que sepa cocinar.Y por el amor de todos los tacones rojos que poseo… ¡escápate con él a Italia al menos una vez al año!Hoy cumplo esas tres reglas. Y es que Viggo —mi depredador silencioso favorito, melancólico, y con abdominales de mármol— me ha secuestrado oficialmente por nuestro aniversario de bodas.—¿Dónde vamos exactamente? —le pregunto mientras nos deslizamos en un auto de lujo alquilado, con un chofer que habla cuatro idiomas y ninguno es el mío.—A Venecia, primero. Luego a Verona. Y después... sorpresa —dice, sin apartar la mirada del paisaje toscano.—¿Eso incluye pasta, vino y pecado? —lo provoco.—Eso incluye hacerte reír hasta que se te olvide todo lo que no sea yo.—¿Solo reír? ¡Estamos sin los niños! —escandalizo y él
REINA DE HIELO. EPÍLOGO. Estoy oficialmente harta.Del calor, del peso, de mis tobillos hinchados, de la panza que parece una montaña rusa de pataditas internas, y, sobre todo, de las personas que me dicen que estoy “radiante”. Estoy sudando como una atleta olímpica en pleno verano y no veo nada radiante en eso.—¡Y no me vuelvas a decir que me veo tierna embarazada! —grito desde la sala, mientras intento levantarme del sillón con la dignidad de una foca prehistórica varada.La pobre enfermera de casa sale huyendo como si la hubiera amenazado con una katana. Que, seamos honestos, no está muy lejos de la verdad. Si el tío Ren me la hubiera prestado, ya la habría blandido con dramatismo.—¡¿Dónde está Viktor?! —grito al aire como si fuera una diosa nórdica.—En reunión —dice Ruby, entrando con un gran bote de helado—. Te dije que no era buena idea quedarte sola, pero tú insististe en que fuera a hacer esa adquisición. Ahora te aguantas.—¡Imposible! ¡Era una muy buena adquisición! ¡¿Pe







