MasukSoren se alejó despacio hacia el extremo del pasillo, pero la marca de su presencia y el calor de sus palabras todavía me quemaban la piel. Me quedé apoyada contra la pared de madera, intentando estabilizar la respiración mientras veía como se dirigía hacia las escaleras principales.
Giré el medallón de plata entre mis dedos dentro del bolsillo. El grabado de la luna rota raspaba contra mi piel, recordándome que no tenía tiempo para procesar lo que acababa de pasar entre los dos.
Pasos rápidos y el sonido de los teléfonos rompieron el silencio del corredor. Darius subió las escaleras a paso firme, escoltado por cuatro guardias armados. Soren se detuvo en el descanso superior para esperarlos, con la ropa aún manchada por la nieve de la frontera.
—Aseguren el perímetro exterior —ordenó Soren. Su voz de Alfa hizo vibrar las paredes—. Nadie entra a este territorio sin mi autorización directa. Si ven un solo rastreador de Colmillo Gris a menos de un kilómetro de la línea, tiren a matar.
—Entendido, Alfa —respondieron los guardias antes de desplegarse hacia los laterales.
Darius guardó el teléfono y miró a Soren con la mandíbula apretada.
—¿Qué fue lo que pasó en el límite? —preguntó el Beta—. ¿Caspian cedió?
Soren dejó escapar una risa seca y peligrosa.
—Llegó con diez hombres armados a la línea fronteriza —dijo Soren—. Pretendía cruzar para "recuperar lo que es suyo". Tuve que mandar al suelo a dos de sus rastreadores para que entendiera en dónde estaba parado.
—¿Amenazó con una guerra? —insistió Darius.
—Amenazó con ir al Consejo de Alfas —contestó Soren, dando un paso hacia el centro del pasillo—. Dice que Freya no solo es una fugitiva, sino que se robó documentos de la manada antes de huir. Asegura que cometió traición contra Colmillo Gris.
Escuchar semejante mentira a solo unos metros de distancia me revolvió el estómago. Sentí un chispazo de rabia subirme por el cuello.
—Es un mentiroso —intervine, dando dos pasos al frente para quedar a la vista de Darius—. No me robé nada de Colmillo Gris. Caspian está inventando eso para salvarse.
Darius entrecerró los ojos al verme ahí, pero no amagó con tocarme. Soren, en cambio, giró la cabeza despacio y me escaneó con esos ojos dorados que volvían a encenderse.
—¿No te llevaste nada? —preguntó Soren. Su tono era analítico, helado.
—Nada —sostuve su mirada sin pestañear—. Vivía en un cobertizo en el límite del pueblo. No tenía nada que valiera la pena llevarme. Lo único que me traje de esa manada fue el desprecio de todos.
Darius se cruzó de brazos, desconfiado.
—Caspian no movilizaría a sus hombres hasta la frontera de las Sombras solo por despecho —insistió el Beta—. Algo hay. No podemos confiar en la palabra de una extraña que apareció convertida en Lycan de la noche a la mañana.
Aproveché el silencio para avanzar un paso más y encarar a Darius de frente.
—Caspian me rechazó frente a toda la manada creyendo que era una simple loba sin poder, una inútil que no podía transformarse —dije con la voz firme—. Sus rastreadores tuvieron que haberme visto en el bosque cuando rompí el sello y me transformé. Caspian sabe perfectamente lo que pasó.
Soren me escuchaba en absoluto silencio, procesando cada palabra.
—Él teme que los ancianos de su manada descubran la verdad —continué—. Teme que se enteren de que no solo rechazó a su pareja destinada, sino que esa pareja pertenece a un linaje Lycan antiguo. Si el Consejo de Colmillo Gris descubre que regaló a una loba de sangre pura por pura arrogancia, lo van a destituir como Alfa. Está tratando de encubrir ese error gigantesco diciendo que soy una criminal para reclamarme por la fuerza y taparlo todo.
Darius miró a Soren y luego me miró a mí, frunciendo el ceño. La solidez de su sospecha empezaba a agrietarse.
—Caspian está desesperado, Darius —dijo Soren, zanjando la discusión con la voz autoritaria del Alfa—. Y no voy a entregarle nada a ese mediocre, mucho menos a mi mate.
—¿Qué vas a hacer con ella entonces? —preguntó Darius.
—Se va a quedar en el ala principal de la casa —decretó Soren—. Bajo mi cuidado directo. Si Colmillo Gris quiere cruzar la frontera para buscarla, van a tener que pelear contra toda nuestra guardia.
Darius apretó los dientes, pero no replicó. Dio media vuelta y bajó las escaleras a pasos rapidos para coordinar a los hombres abajo.
Me quedé sola en el corredor con Soren. Pasé la mano temblorosa por mi cuello, acomodando el medallón de plata que ahora descansaba oculto bajo mi ropa.
De pronto, la luz del pasillo parpadeó y se apagó de golpe.
Un segundo después, los reflectores rojos de emergencia inundaron el corredor y el aullido ensordecedor de las sirenas de la mansión retumbó en las paredes, haciendo temblar los cristales.
Tres disparos secos y el estruendo de una explosión lejana resonaron en el jardín trasero. Alguien había atravesado el perímetro.
Soren no dudó ni medio segundo: ignoró la alarma abajo y cruzó la distancia que nos separaba a pasos agigantados. Sus manos se clavaron en mi nuca, obligándome a mirarlo mientras el piso temblaba por el ataque exterior y sus ojos brillaban en un dorado salvaje.
—Si vienen por ti, van a tener que pasar por encima de mi cadáver, ¿entendiste? —siseó contra mis labios, con la respiración agitada y la voz cargada de una posesividad feroz.
Sostuve su mirada en medio del caos, sintiendo el calor de su cuerpo envolviéndome por completo.
—No necesito que me protejas, Soren —desafié, aunque la cercanía de su boca me quitara el aire.
Soren apretó el agarre en mi nuca, rozando sus labios violentamente contra los míos antes de soltarme.
—Lástima, Freya. Porque no le voy a entregar mi mate a nadie
—Soren, soltame un poco que no puedo respirar —le dije contra el pecho, empujándolo de los hombros.No me soltó del todo, pero aflojó los brazos apenas lo suficiente para mirarme la cara. Tenía los ojos desorbitados, las cejas juntas y la respiración caliente pegándome en la frente. Su mano seguía sobre mi vientre, cubriéndome la piel a través de la ropa con una presión pesada.—No te voy a soltar —dijo con la voz ronca—. Tres cachorros, Freya. ¿Entendés lo que significa eso para tu cuerpo?—Soy una loba de sangre pura, Soren —le contesté, sosteniéndole la mirada sin bajar los ojos—. Aguanté un parto sola en un sótano y resistí la manipulación de las brujas de Caspian. Tres hijos no me van a quebrar. Dejá de mirarme como si fuera de cristal.Soren apretó la mandíbula. Se quedó mirándome un segundo largo, buscando alguna duda en mi cara, suspiro, me agarró de la nuca con la mano libre, me pegó la frente a la suya y cerró los ojos con fuerza. Lo sentí tranquilizarse y aflojar el agarre,
Me desperté temprano y Soren ya no estaba al lado mío en la cama. Me vestí con un pantalón grueso y un abrigo oscuro, me lavé la cara y bajé a la cocina.Mi padre estaba terminando de atar una caja de provisiones sobre la mesa. Soren estaba parado contra la mesada con una taza de café en la mano. Apenas entré, me miró fijamente a la cara sin decir nada.—Buen día —dije.—Tenés el desayuno listo —dijo mi padre — Leo y Lara ya desayunaron..—¿Dónde están?—En la sala con tu madre.Fui a buscarlos, mi madre tenía a Lara en brazos y Leo estaba sentado en el piso jugando con una cuchara de madera, me agaché para alzarlo, pero Soren apareció detrás de mí, me apartó el brazo y lo levantó él. —Yo lo llevo —dijo en seco—. No hagas fuerza.—Es mi hijo, Soren, no pesa nada.—Dije que lo llevo yo.No le discutí para no armar un problema delante de mis padres. Fausto entró desde el patio diciendo que las camionetas ya estaban listas.Salimos y Bastian nos esperaba junto a los autos con las manos
—No sé de qué mierda estás hablando, Soren —le dije, mirándolo a los ojos mientras me sostenía la mandíbula con los dedos firmes—. Mi olor es el de siempre. No cambió nada.Soren no me soltó. Estaba parado detrás de mí, inclinándose sobre el respaldo de la silla, apretando la mano alrededor de mi cuello sin cortar el aire, pero marcando la fuerza. La otra mano bajó desde mi hombro hasta el borde de la mesa, encerrándome por completo en su espacio.—Hueles distinto y lo sabes —insistió en voz baja, con la mandíbula trabada—. No te hagas la desentendida.—Soren, basta. Acabamos de bajar de una montaña, matamos a Selene y no paramos un segundo. Tengo el estómago revuelto y el cansancio encima. Déjame en paz.Le apoyé la mano en la muñeca y tiré hacia afuera.Soren me sostuvo la mirada un segundo más, con los ojos azules clavados en los míos, buscando alguna grieta en mi cara. Al ver que no bajaba la vista, me soltó despacio. Se enderezó, pasó el dorso de la mano por el cuello y dio dos p
Me quedé quieta bajo su cuerpo, mirándolo a los ojos.—. Estuvimos peleando en la nieve, nos transformamos dos veces y bajamos corriendo y no me bañe, ahora déjame levantarme. —dije, apoyándole una mano en el pecho para empujarlo despacioSoren no se movió. Apretó los dedos en mi brazo, con la nariz todavía pegada a mi piel, respirando hondo.—No hueles a pelea —respondió con la voz baja y áspera—. Hueles distinto.El ruido de unos neumáticos frenando sobre el patio cortó el aire.—Llegaron —le dije.Soren me soltó despacio, sin dejar de mirarme. Se levantó de la cama, se puso los pantalones y se abrochó el cinturón sin decir una sola palabra. Yo me puse mi ropa a los tirones y bajamos la escalera a paso rápido. Afuera ya había caído el sol; entre la subida a los picos, la pelea y las horas que pasamos encerrados en la habitación, se nos había ido el día entero.Cuando pisamos la planta baja, la puerta principal ya estaba abierta.El grito de Leo se escuchó en todo el pasillo. Apenas
Descendimos de los Picos de la Escarcha en nuestra forma de lobos dejando atrás el cuerpo inerte de Selene siendo cubierto por la nieve. Recuperamos la forma humana al borde del bosque. Nos pusimos la ropa que habíamos dejado abajo y cruzamos el patio trasero de la residencia al amanecer.En la sala grande, Maeve tenía a Lara en brazos junto al fuego de la chimenea. Fausto limpiaba el cañón de su arma con un trapo aceitado, sentado en el extremo de la mesa de madera. Bastian estaba de pie frente a los planos del valle, con una taza de café en la mano.Soren se detuvo en el centro del salón y se quitó la chaqueta.—Selene está muerta. — Dijo Soren sin rodeosBastian bajó la taza a la mesa de un golpe firme, sin sorpresa en los ojos.—El perímetro está limpio. Los vigías confirmaron que no queda un solo rastreador enemigo en diez leguas a la redonda.Caminé hacia la mesa y apoyé la palma de la mano sobre el mapa de Valle Gris. —Bastian, ya lo habíamos hablado pero seguirás a cargo de V
Soren me tenía acorralada contra la piedra, con los dedos en mi mandíbula y su respiración golpeándome la cara, no le respondí enseguida. El veneno de Selene todavía me zumbaba en los oídos: «Te reclama por tu linaje... fuiste el desecho de otro hombre antes de ser su reina».Soren lo vio en mis ojos. Apretó los dientes con tanta rabia que un gruñido sordo le vibró en el pecho.—Mírame, Freya —me exigió, pegando su frente a la mía—. Mírame bien y sácate esa mierda de la cabeza. Caspian era un cobarde que buscaba un vientre noble para sostener su orgullo. Yo soy un Rey Lycan. ¿De verdad crees que me importa un carajo si tu sangre es de sirvienta, de loba común o de humana?Me pasó la mano por el cuello, apretándome con posesividad, bajando las manos hasta apoyarlas sobre mi pecho, justo donde el corazón me latía desbocado.—La noche que te recogí de la nieve te vi desnuda, sangrando y rota —siguió, con la voz rota de furia pura—. No sabía quién eras, ni de dónde venías ni qué linaje es







