ログインTERA
Los párpados se me sentían como si estuvieran pegados con cemento, pesados y tercos hasta el infierno. Lo primero que me golpeó fue ese olor estéril de hospital, antiséptico, siempre había odiado ese olor, siempre, con solo ver un hospital ya me daban ganas de vomitar, sumado al olor metálico en el aire, como a sangre. ¿Mi sangre? M****a, eso no podía ser cierto. Dios, cómo odio este lugar. Forcé los ojos a abrirse y observé la habitación: paredes blancas, por supuesto, para que uno sienta que ascendió al cielo apenas los abre, y las máquinas pitando, una vía intravenosa serpenteándome el brazo. Hospital. ¿Por qué diablos estaba aquí? Traté de entenderlo, pero cada vez que me esforzaba, era como si olas me golpearan el cerebro. Dolía como el infierno, y tuve que llevarme las manos a las sienes y masajearlas con suavidad solo para poder respirar bien. —Ah —articulé sin voz, mientras todo volvía de golpe como un tsunami, estrellándose contra mi pecho y robándome el aliento. El set, el auto de Matteo, la cara de suficiencia de Isadora, la cachetada, la voz de Dante. *"Su propio bebé murió y tú lo reemplazaste con el que su hermana tuvo para ti."* Cassian. Mi dulce niñito, al que había criado, alimentado, amado con cada maldita fibra de mi ser, no era mío. Para nada mío. Resoplé mientras volvía a recorrer la habitación con la mirada, buscando a... ¿quién? ¿Matteo? Por supuesto que no estaba ahí. Y entonces el dolor volvió a golpearme en la parte baja del vientre. Bajé la mirada hacia mis piernas, buscando la sangre que me había corrido antes, pero ya me habían limpiado. Otro hijo, arrancado de mí. La mano se me fue disparada hacia el vientre, y un sollozo se me escapó antes de que pudiera contenerlo. ¿Cómo diablos era esto real? Había cargado a ese segundo bebé en secreto, ocultándoselo a Matteo después de su asquerosa confesión en aquella fiesta. Se suponía que sería mi salvavidas, mi razón para abrirme paso a través de toda esta porquería. Y ahora también se había ido, como todo lo demás. Las lágrimas me quemaban los ojos, calientes e implacables, corriéndome por las mejillas como una inundación. Quería gritar, quería destrozar el mundo entero por amontonarme toda esta m****a encima: la traición, la pérdida, todo. ¿Por qué mi vida es tan jodidamente miserable? Matteo me había robado cinco años de vida, se había acostado con mi hermanastra a mis espaldas y había intercambiado a mi hijo muerto como si fuera un juego retorcido. Cassian. Ese angelito de rizos con los ojos de Matteo... espera. No. Los ojos de Isadora. ¿Cómo diablos se me había pasado eso? La forma en que se aferraba a mí y me llamaba mamá. Me pasé el dorso de la mano por la cara, la vía tirándome de la piel mientras intentaba contener las lágrimas parpadeando. Reponte, Tera. Has sobrevivido cosas peores. ¿O no? La muerte de mi mamá cuando era niña, el veneno que siempre había sospechado pero nunca pude probar, el matrimonio forzado para salvar la empresa en ruinas de papá... y aun así, ninguna de esas cosas había dolido tanto como esto. ¡¡¡Ninguna!!! El corazón se me sentía arrancado y pisoteado en el fango. Presioné el botón de llamada, necesitaba agua, necesitaba algo a lo que aferrarme. Entró una enfermera, con un rostro amable, aunque se notaba que solo quería hacer su trabajo e irse. —¿Señora? Ya despertó. ¿Cómo se siente? *Como si mi maldito mundo acabara de implosionar*, pensé para mis adentros. —Sed —dije con voz ronca, incorporándome un poco contra la almohada. Me pasó un vaso, y bebí despacio; el agua estaba fría, se sentía bien. —El doctor vendrá pronto. Tuvo un aborto espontáneo por estrés severo. Lamento mucho su pérdida. Lo lamento. Todos siempre lo lamentaban, pero eso no me devolvía a mis bebés. Asentí, mordiéndome la lengua para no explotar. No sé si fue la pérdida enorme y el dolor que acababa de sufrir lo que de pronto me hizo irritarme con su presencia, pero solo necesitaba que se fuera. Necesitaba estar sola. Después de revisarme los signos vitales, se marchó, y solté un suspiro profundo. Sola otra vez, me quedé mirando el techo, los pensamientos arremolinándose como una maldita tormenta. Matteo. ¿Dónde estaría ese desgraciado ahora? Seguramente metido hasta el fondo en Isadora, ¿verdad? Consolándola por la muerte de su hijo. Su hijo. El accidente había matado a la madre de Matteo y a Cassian, y en medio de mi neblina de dolor en el set, me había reído, lo había llamado asesino. ¿Fue cruel? Tal vez. Pero después de lo que él hizo, ¿acaso se merecía mi compasión? Claro que no. La puerta crujió al abrirse, y me tensé, esforzándome por incorporarme, esperando ver al doctor. Pero era él. Ese hombre. Dante Baloney. El imbécil que había soltado esas bombas como si nada. Se quedó ahí parado, con su traje negro, alto e imponente, sus ojos oscuros clavados en los míos con una intensidad que me aceleró el pulso y casi hizo que las máquinas se volvieran locas pitando. ¿Qué diablos hacía aquí? Era mi jefe, claro, pero esto ya era demasiado personal. No debería estar aquí. ¡Todo esto era culpa suya! ¿De verdad lo era? ¿O solo necesitaba a alguien a quien culpar por ahora? —Tera —me llamó, como si estuviera domando a un animal salvaje o algo así. Siempre me pregunté cómo lo lograba—. ¿Cómo estás sobrellevando esto? Lo miré fijo durante un segundo entero antes de estallar en carcajadas. Reí tan fuerte que sentí que las costillas se me hundirían y se harían pedazos, y poco a poco sentí que la humedad me corría por los ojos. Fue ahí cuando me di cuenta de que había pasado de reír a llorar en cuestión de un segundo. —¿Cómo crees que estoy? Acabo de perder a un hijo que ni siquiera llegué a cargar, descubrí que el que crié no es mío, y mi esposo, lo que sea que sea ahora, es un mentiroso, un infiel de m****a. »Ah, y gracias por gritarle a todo el set que estoy embarazada. Muy útil, de verdad. Él no se inmutó, solo asintió, el rostro de póker permanecía frío, sin rastro de emoción alguna. —¿Todavía lo llamas tu esposo? Eso sí que es fuerte —murmuró, y me encontré mordiéndome la lengua. Tenía razón. Matteo no era mi esposo. Era el mismísimo diablo. —Estás molesta, lo entiendo. Pero que yo revelara tu embarazo evitó que Matteo te golpeara otra vez. Estabas sangrando ahí afuera. ¿Te hubiera gustado eso? ¿De verdad hubieras preferido morir para calmarle la rabia? Porque a mí me habría dado mucho gusto ver eso.TERADebí saber que ir de compras con Caty sería un enorme error.En cuanto llegamos al centro comercial, empezó a arrastrarme de una sección a otra como si nos persiguieran.Yo quería algo de ropa nueva, pero no iba a desfilar en una pasarela; Caty, en cambio, tenía otra idea en mente, porque se lo tomaba muy en serio.—¡Más despacio!—No. Tenemos muy poco tiempo y quiero asegurarme de que consigamos los mejores conjuntos.—¡Caty!—Aceptaste venir de compras conmigo, ¿no?—Sí, acepté. Pero pensé que solo íbamos a comprar unas cuantas cosas y volver.—¿Quién hace eso? Hay que buscar lo bueno. Y no te preocupes por el dinero, esta vez invito yo.—Te lo agradezco mucho, pero de verdad no necesito ropa nueva.—Sí la necesitas. De hecho, necesitas cambiar todo tu guardarropa.—Tengo ropa.—Sí, aburrida.—Pues me gusta mi ropa aburrida.—Claro. Solo usas blanco, negro o, en los días buenos, beige.—Son buenos colores.—Son colores aburridos y deprimentes. ¿Has imaginado cómo te quedaría un
TERA.Lo primero que noté al despertar fue la habitación desconocida. Bostecé con pereza y me froté los ojos para asegurarme de que no soñaba.Miré el techo desconocido unos segundos antes de que todo me volviera de golpe.Caty.La pijamada.Y lo mucho que nos habíamos divertido anoche. De verdad no quería que terminara. Ni siquiera sabía que fuera capaz de divertirme tanto.Comimos hasta que apenas pudimos movernos, luego vimos una película romántica que eligió Caty y después pusimos canciones y bailamos hasta que a los pies les dolió.Y en esos momentos no podía pensar en nada más. Era como si todos mis problemas hubieran dejado de existir durante ese rato.Y no lo di por sentado, porque lo necesitaba de verdad. Y me alegraba mucho de que Caty lo hubiera sugerido.De verdad había tenido una pijamada. La primera, y probablemente no la última.Sonreí para mí. Caty ya no estaba a mi lado, y habría jurado que nos habíamos dormido juntas en esta cama.No le di muchas vueltas; seguramente
MATTEOPor fin llegó el viernes por la noche y no podía ocultar mi cansancio, pero sentí alivio. Significaba que tendría tiempo para descansar y por fin alejarme del trabajo.Había pasado la semana en reuniones una tras otra y, de algún modo, las cosas parecían complicarse más en lugar de mejorar, aunque lo atribuí al agotamiento.Sabía que estaba avanzando. Solo que todavía no lo veía. En lo financiero, no podía negar que veía cambios, pero aún tenía mucho trabajo por delante.Y sentía que me quedaba muy poco tiempo para revertir la situación. Pero, para lograrlo, necesitaba sobrevivir y darme un respiro cuando hiciera falta, y por eso hoy no me molesté en hacer horas extra.Además, quería pasar más tiempo con Isadora. Odiaba que pareciera que no le había dedicado suficiente tiempo últimamente; solo necesitaba un tiempo para mí, para recomponerme.Tomé el teléfono del escritorio para ver la hora, porque tenía que irme a casa a descansar. Por primera vez en la semana, quería intentar
TERACuando terminó el rodaje del viernes, estaba encantada.Porque, después de una semana agotadora de escenas y pruebas de vestuario, no veía la hora de llegar a casa y descansar.Llevaba varios días sin ver mucho a Caty en la agencia, porque tenía unos mandados que hacer para la agencia fuera de la oficina.Así que esta semana tuve que encargarme yo sola de muchas cosas, y probablemente por eso me sentía más agotada de lo habitual.Después de despedirme de Adrian, salí al exterior cuando sonó mi teléfono.Caty.Contesté de inmediato.—Mira quién por fin decidió preguntar por mí —bromeé. Aunque en realidad sí la había extrañado en la agencia, porque ella me hacía la vida muy fácil.Pero no estar con ella unos días me recordó que, a veces, tenía que arreglármelas sola.—No seas así. Hoy estuve muy ocupada con los mandados, pero la próxima semana ya debería estar de vuelta en la agencia por completo. —Se le notaba el cansancio en la voz.—De verdad te extraño —admití.—Claro que sí.—
Isadora—¿De verdad te vas ya?Matteo miró su reloj mientras se abotonaba la camisa.—Ya te lo expliqué, tengo una reunión muy importante.—Llevas toda la semana con esas supuestas reuniones importantes.—Lo sé.—Y apenas llegas a casa antes de medianoche. ¿Hasta cuándo vas a seguir así, Matteo?Me miró a través del espejo.—Sé que no ha sido nada cómodo, pero ahora tengo muchas cosas entre manos.Suspiré y me apoyé en la puerta del dormitorio. Entendía la situación en la que estaba su empresa y sabía que le exigiría más atención.Pero empezaba a ser demasiado, y no podía negarlo. Siempre estaba ocupado, siempre en el trabajo. Y cuando de verdad estaba en casa, siempre andaba distraído con el trabajo.¿Y yo qué? Yo también quería pasar tiempo con él, pero su trabajo siempre se interponía.—No sé cuánto más voy a aguantar esto. Ya está resultando muy molesto. Tienes que sacar tiempo para mí también, para nosotros.Exhaló despacio y caminó hacia mí.—Isa, odio que te sientas así. Per
TERAEl lunes llegó más rápido de lo que esperaba. Después de pasar el fin de semana sola, pensé que despertaría con pereza.Pero en realidad desperté sintiéndome muy productiva. Y estaba totalmente lista para volver al trabajo. Tener días libres era divertido, sin duda, pero me gustaba tener algo que hacer.Me vestí y llegué a la agencia bastante temprano, ya que no tenía escenas que grabar hasta más tarde ese día.Pero tenía unos guiones que ensayar y una prueba de vestuario antes del rodaje de hoy, así que debía pasar temprano.Caty ya me había escrito que llegaría tarde al trabajo porque tenía un mandado que hacer, y Adrian no pasaría hasta la tarde.Así que estaba sola. Pero no me importó, porque estuve ocupada todo el tiempo. La diseñadora de vestuario y yo tuvimos muchas idas y venidas hasta que por fin dimos con algo.Se fue unos minutos y volvió con una fila de trajes para que eligiera. Saqué el primero de la percha y me lo puse delante del cuerpo mientras me miraba en el esp







