LOGINDANTE
Nunca entraba a una habitación sin saber exactamente cómo quería salir de ella. Hoy no fue la excepción. —Señor Dante, estoy seguro de que podemos dejar esto atrás. Ella es... —¿La esposa equivocada que nunca quisiste? —Lo interrumpí, la voz afilada como una navaja. Di un paso deliberado hacia él, sin apartar la mirada—. ¿Y ella siquiera lo sabe? ¿Que el hijo que está criando no es suyo? Por una fracción de segundo, capté el desconcierto en sus ojos, una confusión pura, cruda. Interesante. Tal vez de verdad no tenía ni idea. Y sería aún más divertido tener que revelárselo yo mismo. Matteo de verdad creía que lo había visitado unos días atrás en plena madrugada solo porque esa era la oportunidad que tuve, pero era un empresario estúpido. Uno patético. —¿Ella sabe —continué, con un tono tan frío como el hielo, mientras veía a Tera temblar por el rabillo del ojo— que su propio bebé murió y que tú lo reemplazaste con el que su hermana tuvo para ti? Ese fue el golpe final. El color se le drenó del rostro a Matteo, las manos se le cerraron en puños temblorosos. Prácticamente podía sentir el pánico irradiando de él. —No estoy seguro de poder hacer negocios con un hombre que oculta secretos así —arrastré las palabras, los labios curvándose en una sonrisa sin humor—. Sobre todo cuando son tan grandes como este. Simplemente me repugna. —Señor Dante —tartamudeó Matteo por fin, sonando como una rata acorralada—. Hablemos de esto... Lo corté con una risa oscura mientras me volvía a poner los lentes de sol, sin sentir nada más que desprecio. —Ya no queda nada que hablar. —Mi voz era de acero—. ¿Tu empresa que ya se estaba desmoronando? Da por hecho que retiro mi inversión. Voy a disfrutar viéndola arder. —No, señor. No puede hacer eso. Mi relación con mi esposa es algo personal, no puede usarla para decidir nuestros contratos. Eso sería... —Matteo seguía divagando, y cerré los ojos brevemente. Simplemente no sabe cuándo callarse, ¿verdad? —Ah, disculpa. Tienes toda la razón. Dice el hombre que quiere que invierta en su empresa mientras le vende el mismo diseño web a él y a un competidor mío. De verdad no tienes vergüenza, Matteo. La tienes arraigada en lo más profundo. —Siseé. Había conseguido información sobre las jugarretas de Matteo porque pasé por su casa sin avisar, y con un poco de indagación, se confirmó lo que ya se sabía. Me estaba jugando sucio. Las personas que más detestaba en los negocios eran los tramposos. Ya había tenido suficientes en esta vida. —Vámonos. —Ordené, con un tono que dejaba claro que no habría discusión. Ella todavía trabajaba para mí y todavía tenía una escena que filmar. Su esposo podía ser un tramposo y un infiel, pero eso no tenía por qué afectar mis negocios. Sus ojos guardaban un millón de preguntas, pero, extrañamente, se quedó ahí, clavada en el sitio. Interesante. Incluso mientras su mundo se derrumbaba a su alrededor, sentí que dudaba, como si una parte de ella en realidad quisiera desaparecer. —Esperen, ¿qué? ¿Matteo? ¿Tu empresa se está cayendo? —Alguien, Isadora, soltó en shock. Apenas presté atención al ruido. Mi enfoque estaba en la mujer temblorosa frente a mí. La verdad le había caído encima como un tren de carga. —¿Qué quieres decir con que estoy criando a un hijo que no es mío? ¿Y cómo diablos sabes que estoy embarazada? —Preguntó ahogándose, los ojos vidriosos, clavados en mí más tiempo del que debería, pero lo entendí. En realidad, no lo entendí. Podía ver que se tambaleaba, tan mareada bajo el peso de todo aquello que apenas podía sostenerse en pie. —Debo saberlo todo sobre mis empleados, además de que ayer te escuché pidiendo suplementos y un calmante en tu propia casa. —Declaré, y ella se tambaleó, casi a punto de caer al suelo. —¿Empleador? ¿Quién diablos eres? ¿Qué está pasando? ¿Matteo? ¿No vas a decir que está mintiendo? ¿De verdad pasó eso? —Gritó. Las lágrimas le brotaban de los ojos. —Soy Dante Baloney. Tu jefe. De pronto soltó un grito agudo, las manos volando hacia su vientre. Las rodillas le fallaron, y justo cuando los ojos se le pusieron en blanco, yo ya me estaba moviendo. La atrapé antes de que tocara el suelo, sosteniéndola en mis brazos mientras su cuerpo quedaba inerte, y vi la sangre corriéndole por las piernas. Está teniendo un aborto espontáneo. M****a. —¿No vas a ir por tu esposa? —Le ladré a Matteo, que se quedó ahí parado, perplejo, luciendo tan estúpido como siempre. —Estoy bien. —Insistió ella, retorciéndose para zafarse de mis brazos mientras se agachaba, sosteniéndose el vientre con las manos, mientras más lágrimas se le escapaban de la voz. Alcanzó su teléfono, que de pronto vibró, y tocó un par de pantallas antes de soltar una carcajada histérica. Parecía salir del dolor. O del shock. O de ambos. Pero se veía demasiado emocional, demasiado actriz en ese momento. —Ay, pobre Matteo tonto. Tu mamá está muerta. —Declaró, apretándose el pecho como si le estuviera dando un infarto, y yo me pasé la mano por el cabello. Odio las cosas complicadas. —¿A qué le apuntas ahora? ¿Puedes parar? ¿Por qué mientes sobre la salud de su madre? ¡Está bien! Si su mamá está muerta, ¿por qué te contactarían a ti primero en vez de a Matteo? —Gritó Isadora. —Tera, más te vale... —Tal vez lo hicieron, pero sería muy fácil que él no revisara su teléfono. Ah, ¿y miren esto? No sé si debería sentir satisfacción o sentirme aún peor, pero tu hijo también está muerto, Isadora. Estuvo en el accidente. —Espetó con la voz quebrada, arrojándoles el teléfono mientras yo echaba un vistazo rápido. Era una foto de la madre de Matteo y el hijo de Isadora, en un accidente automovilístico espantoso. —Y tú, Matteo. ¡Tú los mataste! Pudiste haber ido por ellos, pero elegiste a Isadora. Un conductor ebrio tuvo que llevárselos, asesino. —Gritó y volvió a gritar, cayendo al piso, la sangre cubriéndole las piernas, y respiré hondo. —La filmación terminó por hoy. Llévenla al auto, yo la llevaré al hospital. —Ofrecí, haciéndole una señal a uno de los guardias para que la levantara. Matteo estaba a punto de dar un paso, con cara de conejo abatido, pero con una sola mirada mía se esfumó. No puedo perderla a ella también, no ahora que todavía no me ha reconocido. Había mantenido la distancia demasiado tiempo porque le pertenecía a otro, pero esto ya se estaba poniendo cada vez peor. Tera Moretti. Mi maldita Luciérnaga.TERADebí saber que ir de compras con Caty sería un enorme error.En cuanto llegamos al centro comercial, empezó a arrastrarme de una sección a otra como si nos persiguieran.Yo quería algo de ropa nueva, pero no iba a desfilar en una pasarela; Caty, en cambio, tenía otra idea en mente, porque se lo tomaba muy en serio.—¡Más despacio!—No. Tenemos muy poco tiempo y quiero asegurarme de que consigamos los mejores conjuntos.—¡Caty!—Aceptaste venir de compras conmigo, ¿no?—Sí, acepté. Pero pensé que solo íbamos a comprar unas cuantas cosas y volver.—¿Quién hace eso? Hay que buscar lo bueno. Y no te preocupes por el dinero, esta vez invito yo.—Te lo agradezco mucho, pero de verdad no necesito ropa nueva.—Sí la necesitas. De hecho, necesitas cambiar todo tu guardarropa.—Tengo ropa.—Sí, aburrida.—Pues me gusta mi ropa aburrida.—Claro. Solo usas blanco, negro o, en los días buenos, beige.—Son buenos colores.—Son colores aburridos y deprimentes. ¿Has imaginado cómo te quedaría un
TERA.Lo primero que noté al despertar fue la habitación desconocida. Bostecé con pereza y me froté los ojos para asegurarme de que no soñaba.Miré el techo desconocido unos segundos antes de que todo me volviera de golpe.Caty.La pijamada.Y lo mucho que nos habíamos divertido anoche. De verdad no quería que terminara. Ni siquiera sabía que fuera capaz de divertirme tanto.Comimos hasta que apenas pudimos movernos, luego vimos una película romántica que eligió Caty y después pusimos canciones y bailamos hasta que a los pies les dolió.Y en esos momentos no podía pensar en nada más. Era como si todos mis problemas hubieran dejado de existir durante ese rato.Y no lo di por sentado, porque lo necesitaba de verdad. Y me alegraba mucho de que Caty lo hubiera sugerido.De verdad había tenido una pijamada. La primera, y probablemente no la última.Sonreí para mí. Caty ya no estaba a mi lado, y habría jurado que nos habíamos dormido juntas en esta cama.No le di muchas vueltas; seguramente
MATTEOPor fin llegó el viernes por la noche y no podía ocultar mi cansancio, pero sentí alivio. Significaba que tendría tiempo para descansar y por fin alejarme del trabajo.Había pasado la semana en reuniones una tras otra y, de algún modo, las cosas parecían complicarse más en lugar de mejorar, aunque lo atribuí al agotamiento.Sabía que estaba avanzando. Solo que todavía no lo veía. En lo financiero, no podía negar que veía cambios, pero aún tenía mucho trabajo por delante.Y sentía que me quedaba muy poco tiempo para revertir la situación. Pero, para lograrlo, necesitaba sobrevivir y darme un respiro cuando hiciera falta, y por eso hoy no me molesté en hacer horas extra.Además, quería pasar más tiempo con Isadora. Odiaba que pareciera que no le había dedicado suficiente tiempo últimamente; solo necesitaba un tiempo para mí, para recomponerme.Tomé el teléfono del escritorio para ver la hora, porque tenía que irme a casa a descansar. Por primera vez en la semana, quería intentar
TERACuando terminó el rodaje del viernes, estaba encantada.Porque, después de una semana agotadora de escenas y pruebas de vestuario, no veía la hora de llegar a casa y descansar.Llevaba varios días sin ver mucho a Caty en la agencia, porque tenía unos mandados que hacer para la agencia fuera de la oficina.Así que esta semana tuve que encargarme yo sola de muchas cosas, y probablemente por eso me sentía más agotada de lo habitual.Después de despedirme de Adrian, salí al exterior cuando sonó mi teléfono.Caty.Contesté de inmediato.—Mira quién por fin decidió preguntar por mí —bromeé. Aunque en realidad sí la había extrañado en la agencia, porque ella me hacía la vida muy fácil.Pero no estar con ella unos días me recordó que, a veces, tenía que arreglármelas sola.—No seas así. Hoy estuve muy ocupada con los mandados, pero la próxima semana ya debería estar de vuelta en la agencia por completo. —Se le notaba el cansancio en la voz.—De verdad te extraño —admití.—Claro que sí.—
Isadora—¿De verdad te vas ya?Matteo miró su reloj mientras se abotonaba la camisa.—Ya te lo expliqué, tengo una reunión muy importante.—Llevas toda la semana con esas supuestas reuniones importantes.—Lo sé.—Y apenas llegas a casa antes de medianoche. ¿Hasta cuándo vas a seguir así, Matteo?Me miró a través del espejo.—Sé que no ha sido nada cómodo, pero ahora tengo muchas cosas entre manos.Suspiré y me apoyé en la puerta del dormitorio. Entendía la situación en la que estaba su empresa y sabía que le exigiría más atención.Pero empezaba a ser demasiado, y no podía negarlo. Siempre estaba ocupado, siempre en el trabajo. Y cuando de verdad estaba en casa, siempre andaba distraído con el trabajo.¿Y yo qué? Yo también quería pasar tiempo con él, pero su trabajo siempre se interponía.—No sé cuánto más voy a aguantar esto. Ya está resultando muy molesto. Tienes que sacar tiempo para mí también, para nosotros.Exhaló despacio y caminó hacia mí.—Isa, odio que te sientas así. Per
TERAEl lunes llegó más rápido de lo que esperaba. Después de pasar el fin de semana sola, pensé que despertaría con pereza.Pero en realidad desperté sintiéndome muy productiva. Y estaba totalmente lista para volver al trabajo. Tener días libres era divertido, sin duda, pero me gustaba tener algo que hacer.Me vestí y llegué a la agencia bastante temprano, ya que no tenía escenas que grabar hasta más tarde ese día.Pero tenía unos guiones que ensayar y una prueba de vestuario antes del rodaje de hoy, así que debía pasar temprano.Caty ya me había escrito que llegaría tarde al trabajo porque tenía un mandado que hacer, y Adrian no pasaría hasta la tarde.Así que estaba sola. Pero no me importó, porque estuve ocupada todo el tiempo. La diseñadora de vestuario y yo tuvimos muchas idas y venidas hasta que por fin dimos con algo.Se fue unos minutos y volvió con una fila de trajes para que eligiera. Saqué el primero de la percha y me lo puse delante del cuerpo mientras me miraba en el esp







