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Capítulo 4

Penulis: Crystal K
No me dijo nada ni me hizo una sola pregunta. No le cambió la cara para nada. Siguió caminando con paso firme por el campo de flores lunares, y ese silencio suyo me dio una paz extraña.

Esas flores solo se abrían en la Luna de Sangre; decían que anunciaban un cambio en el destino. Qué ironía. Vaya que mi vida había dado un vuelco, pero directo al suelo, no a donde tanto le había rezado a la Diosa.

Para mi mala suerte, nos topamos de frente con Joric y los suyos en el siguiente cruce.

Se me paró el corazón.

Bajo la luz de la luna reconocí su silueta alta. Llevaba a Giselle en la espalda mientras les señalaba el camino a sus lobos. Ella iba bien agarrada, haciéndose la desvalida, con esa cara de niña buena que no rompe un plato. Parecía la damisela en apuros que acababan de rescatar de un castillo.

Joric no tardó en darse cuenta de que estábamos ahí. Se le quedó mirando al Alfa que me cargaba y no pudo disimular la cara de susto.

—¿Alfa Torin? —preguntó, sin poder ocultar la sorpresa—. ¿Qué hace usted por aquí?

¿Torin? ¿El líder de la manada de Silvermoon? ¿El tipo que nunca se metía en los asuntos de la Alianza?

Torin ni siquiera bajó el paso.

—Vengo por mi compañera —le contestó, seco y serio.

—¿Su compañera? —Joric arrugó las cejas. Se me quedó mirando con desconfianza a través de la espalda de Torin—. Como que está un poco tímida para dar la cara, ¿no?

Se me subió el corazón a la boca. El olfato de un Alfa no perdona nada. Un paso más y me iba a oler.

Al sentir que me puse rígida, Torin reaccionó. Me tapó con su enorme capa negra, escondiéndome por completo de Joric. Su olor dominante, esa mezcla a madera de cedro, fuerte y peligrosa, inundó todo el lugar. Fue como un escudo que me borró del mapa. Con el aroma dulce de las flores lunares, el ambiente se puso rarísimo.

Joric frunció el ceño. La tremenda energía de Torin lo obligó a dar un paso atrás, pero se le notaba la duda en los ojos. Mi silueta le parecía conocida.

—Nos vamos —dijo Torin, avanzando.

Pero Joric habló desde atrás.

—Espere...

El tiempo se congeló. Esa orden llena de desconfianza se quedó flotando en el aire. El corazón me latía tan fuerte que sentía que me iba a romper las costillas. Justo cuando él se iba a mover para mirar mejor...

—¡Ah! —Giselle dio un grito de dolor de la nada, agarrándose el pecho—. Joric... no... no puedo respirar... —Empezó a jadear—. Las energías de esos Alfas de hace rato... fueron muy fuertes. Mi loba se siente mal...

Se escuchaba débil, sin fuerzas. Qué actuación tan perfecta, hasta la respiración se le cortaba.

Joric se asustó por completo y se olvidó de nosotros. La bajó de la espalda rápido y la agarró en brazos.

—¡Traigan el carro! Nos regresamos a la manada. ¡Ya! —ordenó.

Miró a Torin y asintió rápido.

—Me tengo que ir. Nos vemos en la fogata de la Alianza.

El sonido de sus pasos se perdió en la oscuridad. Todo el teatro duró menos de un minuto y él ni siquiera me miró dos veces.

Cuando Torin se aseguró de que Joric ya se había ido, rompió el silencio. Su voz profunda me caló hasta los huesos.

—No te reconoció —dijo. Pasó un segundo—. O prefirió no hacerlo.

Me quedé apoyada en su espalda ancha, sintiendo que los ojos me quemaban. Pero me aguanté con todas mis fuerzas; me negaba a soltar una sola lágrima. No iba a llorar por un hombre que no valía la pena.

Torin sintió la tensión en mi cuerpo y caminó un poco más despacio. Cruzamos al siguiente territorio.

En medio de ese paisaje irreal, volví a sentirlo: una corriente calientita se me extendió por dentro, justo donde mi piel tocaba la suya. La Diosa de la Luna nos estaba llamando... El vínculo... Ahí fue donde lo entendí todo.

En mi tiempo con Joric sentí pasión, amor y cariño. Pero jamás algo tan hermoso. Nunca una atracción tan fuerte, que te arrastra por completo. Nunca la seguridad de que una parte perdida de mi alma por fin encontraba su lugar.

Las lágrimas terminaron por salir, calientes y en silencio contra su espalda.

Torin siguió caminando. Yo no tenía idea de a dónde íbamos ni qué me esperaba. Pero en ese momento me dio exactamente lo mismo. Mi loba me empujaba hacia adelante, y cualquier lugar era mejor que mirar atrás.

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