Me quedé ahí sentada, en la orilla de la cama, oyendo cómo se armaba el caos allá afuera. La voz empalagosa de Mia, mi madrastra, me había estado dando vueltas en la cabeza desde la tarde.—Faelan, mi amor... deberías dormir en el cuarto de Giselle esta noche —me había dicho.—¿Por qué? —le pregunté sin malicia.—Por Giselle, ya sabes cómo son estas cosas —se justificó—. Tu habitación queda muy apartada. ¿Qué pasa si algún Beta bruto se equivoca de puerta y le hace daño? Además, tú eres fuerte, casi una guerrera. Te sabes defender. Pero mi Giselle es demasiado delicada para la violencia de la ceremonia.Luego bajó la voz, fingiendo un cariño que nunca sintió:—Míralo como una prueba para Joric. Una prueba de su vínculo. Si de verdad eres su compañera, va a saber dónde encontrarte, ¿no crees?Nuestro vínculo. Qué broma tan pesada.En ese momento me creí el cuento entero. Hasta me pareció un detalle romántico.—Está bien, no pasa nada. Yo me quedo en su cuarto —acepté, creyendo q
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