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Capítulo 14: Los dioses de la génesis

Author: Betty06
last update publish date: 2026-09-14 19:35:19

Tomé la caja con ambas manos y salí del camarote a zancadas firmes, sintiendo una mezcla de rabia y vértigo quemándome las entrañas. La daga pesaba sobre la madera como una amenaza velada.

Caminé por el corredor hasta la zona del comedor principal, un salón amplio con ventanales panorámicos hacia el espacio profundo. Allí estaban los dos. Noah y Adrian conversaban en voz baja frente a una mesa de acero pulido, compartiendo una postura relajada que me confirmó lo que ya sospechaba: se conocían desde hacía mucho tiempo, mucho antes de que yo pusiera un pie en La Rosa de los Vientos.

Al verme entrar, Noah interrumpió su frase de inmediato y tiró de una silla contigua para hacerme espacio. Me senté con brusquedad, quedando justo frente a Miller. Dejé la caja sobre la mesa con un golpe seco que resonó en el salón, pero Adrian ni siquiera pestañeó; se limitó a observarme con esa calma exasperante.

—Hay algo más allá del Consejo Supremo de la Flota, Corine —comenzó Adrian, rompiendo el silencio con una gravedad que heló el aire entre los dos—. Existe un poder mucho mayor en la jerarquía del universo, fuerzas arcanas que han permanecido en las sombras y que están buscando algo. Algo que se perdió hace casi veinte años a bordo de la nave Austreliam en la que viajabas cuando eras una bebé.

—¿Y qué demonios es ese "algo"? —espeté, clavando mis ojos en los suyos.

—Tú —respondió él sin vacilar.

Dejé escapar una risa corta, seca, cargada de una frustración absoluta.

—¡Eso es absurdo! —increpé, apoyando las palmas sobre la mesa y inclinándome hacia él—. Genéticamente soy humana. Mis análisis de ingreso a la academia pasaron por los tres filtros de la Flota. Si tuviera el menor rastro de ADN alienígena o mutante, jamás me habrían permitido enlistarme, ni siquiera como cadete de tercera.

—Nuestra ciencia es una vela encendida en medio de un océano en calma, Corine —dijo Adrian en un murmullo profundo, manteniendo su mirada fija en la mía. Por primera vez, sus ojos no me miraban con el desprecio del Comandante; había un matiz distinto en su expresión, una intensidad seria, densa y extrañamente atenta—. Hay demasiadas cosas que superan la comprensión de la tecnología humana.

Inclinó el torso apenas unos centímetros, acortando la distancia.

—Entiendo que te sea difícil confiar en mí o creer lo que digo después de todo lo que ha pasado —continuó en voz baja—. Pero la casa de mi familia ha custodiado durante siglos los archivos más antiguos de la historia humana. Documentos, crónicas y mapas milenarios que sitúan la presencia de deidades inmortales conviviendo entre las sociedades humanas primigenias.

Noah se mantuvo en silencio a mi lado, mirando la mesa como quien escucha una lección amarga que ya conoce.

—La genética humana básica es casi idéntica a la de ciertas deidades ancestrales —añadió Miller, señalando con la mirada la cicatriz oculta bajo mi buzo—. De hecho, existen registros que sugieren que nuestra especie no evolucionó por simple selección natural, sino que fuimos creados a su imagen y semejanza. Si un receptáculo dormido lleva una chispa de esa sangre original, la tecnología de la Flota solo verá a una humana común... hasta que el tejido sea puesto a prueba.

Escuchar sus palabras me produjo un escalofrío de alienación puro. Intenté hilar las piezas, procesar la masacre de la nave, la recuperación milagrosa de mi corazón, los sueños con mundos extintos y la sombra de Cassian. Nada encajaba. Todo sonaba a una pesadilla surrealista, una película de terror y ciencia ficción barata que no me pertenecía y en la que me habían forzado a actuar sin mi consentimiento.

¿Qué demonios se supone que soy?, pensé, sintiendo un vacío helado en el estómago mientras la sombra de Adrian Miller me devolvía la mirada desde el otro lado de la mesa.

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