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Capítulo 4

작가: Carol Soler
POV: Alessia

Me quedé en blanco, como si me hubieran echado un balde de agua fría.

Camilla, en cambio, soltó una carcajada satisfecha.

—¿Qué se siente al ver cómo tu hija muere frente a tus propios ojos, Alessia? —se burló con crueldad—. Si quieres culpar a alguien, cúlpate a ti misma por no haber entendido cuál era tu lugar. Me quitaste mi posición como esposa de Giulio y me obligaste a casarme con un hombre que nunca fue para mí.

Alzó el mentón y me contempló como si por fin hubiera ganado.

—Ya es demasiado tarde —continuó con una sonrisa triunfal—. Nada de lo que digas cambiará las cosas. Así que disfruta lentamente de la sensación de perderlo todo.

Después se dio la vuelta y se marchó con la cabeza en alto. Para entonces, los guardaespaldas ya habían desaparecido al final del pasillo junto con el doctor Bruno.

Intenté correr tras ellos, pero la joven enfermera me sujetó del brazo. Estaba tan asustada que apenas lograba hablar.

—Señora Panzeri, Don Giulio ordenó que todos los médicos del hospital fueran a urgencias —me informó al borde del llanto—. ¡Tiene que pensar en algo! La paciente no resistirá mucho más.

Saqué el teléfono con las manos temblorosas y llamé a Giulio una y otra vez, pero no respondió. Dentro del quirófano, la situación empeoraba con cada minuto y la enfermera ya no podía ocultar el pánico.

—¡Señora Panzeri, la paciente no puede aguantar más! —me advirtió desesperada—. Si un médico no viene a atenderla pronto, morirá.

No conseguía ordenar mis pensamientos. Giulio ignoraba mis llamadas, el doctor Marino se negaba a recibirme y todos los médicos del edificio habían sido enviados a urgencias. Parecía que nadie estaba dispuesto a ayudarnos.

Al final, no tuve más opción que contactar a Camilla. Presioné el botón para grabar un mensaje de voz y traté de controlar el llanto.

—Por favor, Camilla… Te lo suplico —rogué—. Mi hija está en el quirófano y su estado es crítico. Deja que envíen a un médico. Solo uno, por favor…

Tuve que detenerme unos segundos antes de poder continuar.

—En cuanto mi hija esté a salvo, me marcharé de Montelupo con ella —prometí con la voz quebrada—. Nunca volveremos a aparecer frente a ustedes.

Enviar aquel mensaje consumió las pocas fuerzas que me quedaban. Me desplomé sobre el suelo frío del pasillo y apreté el teléfono contra mi pecho.

Unos segundos después, comenzó a vibrar. No era Camilla, sino Giulio.

Respondí de inmediato, aferrándome a la esperanza de que por fin hubiera entendido la gravedad de la situación. Sin embargo, su voz furiosa me golpeó apenas acepté la llamada.

—¡Alessia! ¿No te cansas de joderme la vida? —rugió Giulio al otro lado de la línea.

Me quedé paralizada.

—Giulio, Romina está… —intenté explicarle.

—¡Solo ordené que llevaran al doctor Bruno! —me interrumpió con dureza—. Hay muchos otros médicos en el hospital. ¿Pretendes decirme que ninguno puede realizar la cirugía? ¿De verdad vas a inventar una mentira tan absurda solo para culpar a Camilla?

Sentí que el rostro se me congelaba.

—¡No te estoy mintiendo! —insistí desesperada—. Romina de verdad se encuentra en estado crítico…

Entonces la voz llorosa de Camilla se escuchó a través del teléfono.

—No te enfades con Alessia, Giulio… —suplicó con aparente tristeza—. Todo es culpa mía. Ella no me odiaría tanto si Nico no hubiera sufrido esa reacción alérgica…

Hablaba como si estuviera soportando una injusticia terrible, como si la víctima fuera ella.

La voz de Giulio se volvió todavía más fría.

—¿Cómo no me di cuenta antes de lo cruel que eres, Alessia? —me reprochó con desprecio—. Nico sigue recibiendo tratamiento de emergencia y tú haces esto a propósito para asustar a Camilla. ¿Acaso no sabes que hace un momento casi se desmayó de tanto llorar?

Separé los labios, pero no conseguí responder. Dentro del quirófano, los equipos comenzaron a emitir alarmas y la enfermera perdió el poco control que le quedaba.

—¡Señora Panzeri! —gritó con pánico—. ¡La presión arterial de la paciente está peligrosamente baja! Si no viene un médico ahora mismo, no sobrevivirá.

Aquello terminó de romperme.

—¡Giulio, tu hija está acostada en ese quirófano! —le grité entre sollozos—. ¡De verdad va a morir!

Al otro lado de la línea se hizo un silencio repentino.

Entonces Camilla volvió a intervenir.

—Tengo miedo, Giulio… —sollozó con voz temblorosa—. Nico casi dejó de respirar otra vez.

Giulio terminó la llamada sin decir una sola palabra.

***

POV: Tercera persona

La habitación VIP del último piso estaba en completo silencio. El aroma de un perfume costoso impregnaba el ambiente mientras Giulio permanecía sentado junto a la cama, con el ceño fruncido. La desesperación que había escuchado en la voz de Alessia seguía resonando en su cabeza y, por primera vez, comenzó a preguntarse si de verdad estaba ocurriendo algo grave.

Nico se encontraba sentado sobre la cama, comiendo un trozo de manzana. Salvo por la palidez de su rostro, parecía estar perfectamente bien.

Giulio se puso de pie con la intención de marcharse, pero Camilla lo sujetó del brazo.

—Si vas con ellas ahora, solo le demostrarás a Alessia que sus berrinches funcionan —le advirtió con suavidad—. Romy tiene a muchos médicos y enfermeras cuidándola. Estará bien. Alessia siempre exagera todo.

Giulio vaciló. Durante un instante, recordó los gritos de Alessia y la voz desesperada de la enfermera anunciando que la presión de Romina estaba bajando.

Pero la molestia terminó imponiéndose.

—Cada día se comporta de manera más irracional —sentenció con dureza—. No puedo creer que esté utilizando la cirugía de su propia hija para llamar mi atención. Ya es hora de que aprenda una lección.

***

POV: Alessia

Cuando la llamada terminó, seguí arrodillada frente al quirófano mientras las alarmas retumbaban detrás de las puertas. Las enfermeras y varios internos entraban y salían a toda prisa, intentando contener una situación que ya se les escapaba de las manos.

—¡La saturación de oxígeno de la paciente está descendiendo! —gritó una enfermera mientras revisaba los monitores—. ¡Necesitamos al anestesiólogo aquí!

—¡La paciente está entrando en fibrilación ventricular! —alertó otro miembro del personal mientras corría hacia el quirófano.

Pero en todo el edificio no quedaba un solo cirujano ni un médico autorizado para hacerse cargo de la operación.

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