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Capítulo 7

Author: Sardina Rebelde
La luz de la luna iluminó el rostro de Camila, cuya expresión se volvió cada vez más decidida.

Dejó la copa, se levantó y caminó hasta el escritorio.

Abrió un cajón y sacó un documento confidencial.

Lo había preparado con sumo cuidado para afrontar los problemas que pudieran surgir en el futuro.

Había prometido ayudar a Ignacio y tenía que asegurarse de que todo estuviera bien organizado.

En su vida anterior, solo después de la muerte de Ignacio había descubierto que gran parte del éxito del Grupo Delgado se debía al apoyo que él le había brindado en secreto.

Ignacio había ocultado su talento y permanecido discretamente a su lado.

Había cuidado de la madre y del hermano menor de Camila, además de superar innumerables obstáculos en los negocios para que ella pudiera concentrarse en hacer crecer al Grupo Delgado.

Pero Camila había confiado en la persona equivocada.

Se había dejado engañar por Tadeo y ella misma había condenado a Ignacio.

Por suerte, tenía otra oportunidad. Podía volver a encontrarse con él.

Esta vez le daría lo mejor que estuviera a su alcance.

Pero había una condición indispensable: ¡Ignacio tenía que permanecer a su lado!

Ahora él planeaba irse al extranjero.

Aquel cambio inesperado la había puesto nerviosa.

Tenía que hacer algo para asegurarse de que no se alejara de ella.

***

Después de regresar a su habitación, Ignacio tampoco había logrado tranquilizarse.

Acostado en la cama, miraba el techo mientras repasaba una y otra vez lo que Camila le había dicho al despedirse.

La conocía lo suficiente para saber que no eran palabras vacías.

Sonrió con amargura.

En su vida anterior, Camila había sido fría y distante.

Ahora que él intentaba alejarse, no dejaba de buscarlo.

No había manera de quitársela de encima.

Aquel cambio lo tenía tan frustrado que no sabía qué hacer con ella.

Pasó la noche dando vueltas en la cama.

En cuanto comenzó a amanecer, salió de casa casi huyendo y se dirigió a la biblioteca de la universidad.

Tomó algunos libros de diseño de videojuegos y buscó un rincón tranquilo para sentarse.

Estaba absorto en la lectura cuando alguien le tocó suavemente el hombro.

Al volverse, vio a Irene Ruiz.

Habían sido compañeros en la preparatoria y ahora estudiaban en la misma universidad, aunque en carreras distintas.

Su sonrisa seguía siendo igual de luminosa, como si pudiera disipar cualquier tristeza.

Irene señaló el asiento frente a él y le preguntó con la mirada si podía ocuparlo.

Ignacio se sorprendió por un instante y luego asintió.

Mientras Irene se acomodaba y el silencio se prolongaba entre ambos, Ignacio no pudo evitar recordar su vida anterior.

En aquella época solo tenía ojos para Camila.

Cuando Irene le había confesado sus sentimientos, él la había rechazado de manera tajante, sin darle ninguna esperanza.

Aun así, ella había sido comprensiva y le había deseado felicidad con una sonrisa.

Después había desaparecido de su vida.

Nunca más se habían vuelto a ver.

Al recordarlo, Ignacio sintió una punzada de culpa.

La miró de reojo y descubrió que Irene también lo observaba, con una expresión difícil de descifrar.

Apartó la vista de inmediato y preguntó para romper el silencio:

—Irene, ¿cómo has estado?

Ella sonrió, aunque Ignacio no supo interpretar del todo su gesto.

—Muy bien. ¿Y tú? Parece que algo te preocupa.

Ignacio sonrió con amargura.

Tenía demasiadas preocupaciones, pero en ese momento solo quería cambiar de tema.

—Nada en particular. He estado algo ocupado. Por cierto, ¿qué te trajo a la biblioteca?

Irene entrelazó los dedos, un poco nerviosa.

—En realidad, vine porque te vi aquí. Quería platicar contigo, pero me daba miedo interrumpirte.

Las palabras lo estremecieron.

Recordó que, en su vida anterior, Irene se había armado de valor para confesarle lo que sentía precisamente por esas fechas.

Él la había rechazado sin miramientos.

Buscaba la manera de desviar la conversación cuando ella habló con una seriedad poco habitual.

—Ignacio, hay algo que quiero decirte. ¿Salimos a caminar?

Él lo pensó un momento y finalmente asintió, como si acabara de tomar una decisión.

—Sí. Aquí no es el mejor lugar para platicar.

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