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Capítulo 26: Visita inesperada

Author: Joana Guzman
last update publish date: 2022-03-06 11:46:48

Skylar no tenía idea de que hora era, probablemente era alrededor de las nueve de la noche. Quizás deberían comenzar a vestirse y salir de allí, pero estaba tan cómoda. No le importaba demasiado que estuviera desnuda de cintura para arriba y que su falda estuviera enrollada en su cintura. Quería quedarse allí por siempre. Los brazos de Dan en torno a su cintura era como una cobija que la mantenía separada del mundo.

No había esperado que las cosas resultaran así cuando hace menos de una hora atrás estaba tan furiosa. De no ser porque él la había obligado a escucharlo, ella estaría ahora en casa de Lily comiéndose un pote de helado. Esperaba no estarse comportando como la típica tonta al creer en la palabra de Dan, pero había visto la sinceridad en sus ojos cuando le dijo que nada había pasado con Jenna y le creía.

Sonrió cuando recordó las palabras de Dan. No podía creer que el hombre que huía de los compromisos, le había dicho que quería algo más. No había sido una confesión de amor, ni de cerca; lo cual era bueno porque no habría sabido que decir en ese caso.  

Era consciente del riesgo que estaba tomando al permitir que su relación avanzara y tenía miedo que las cosas no llegaran a funcionar; pero tampoco estaba dispuesta a renunciar sin haberlo intentado. No esa no era ella.

Deseaba con tanta fuerza que todo resultara bien.

Un bostezó se le escapó.

—Vamos, tigresa. Es hora de irnos. —dijo Dan su voz la sacó del letargo en el que se encontraba—. Te llevaré a mi departamento y tomaremos un largo y relajante baño.

—Eso suena bastante tentador.

 Con su ayuda se puso de pie. Él fue hasta el escritorio para tomar su blusa y su corpiño, luego la ayudo a vestirse.

—Lista —dijo él depositando un beso en su frente y después fue por su propia ropa.

No pudo quitar la vista de él mientras se inclinaba a recogerla. No parecía ser capaz de mirar hacia otro lado y no lo intentó. ¿Quién en su sano juicio se perdería el espectáculo?

Su mirada se posó en su espalda. Sus músculos estaban tonificados y lo había comprobado con sus propias manos; pero no fue eso lo que llamó su atención o al menos no toda. Dan tenía rasguños en la espalda bastante recientes y no se necesitaba pensar demasiado para saber que había sido ella la que los había provocado.

Se acercó a él y envolvió los brazos en su cintura. Depositó un beso en cada una de las marcas hechas por sus uñas.

—Lo siento.

Él la miró sobre su hombro y habló.

—Yo no, me gusta ser capaz de hacerte perder el control. Soy el único que ha visto una faceta tuya que nadie más tiene el placer de conocer.

Su mano acaricio sus abdominales inconscientemente y él soltó un gemido torturado.

—Será mejor que te detengas. No responderé si sigues haciendo eso y preferiría que la próxima vez que te tome estemos en mi departamento sobre una cama.

—Suenas muy confiado —dijo ocultando una sonrisa. Dio un paso hacia atrás para permitirle cambiarse.

Dan se subió la camisa por los brazos mientras ella se esforzaba por no babear viendo a sus músculos tensarse con el movimiento. Él la hacía actuar como una tonta, pero también la hacía sentirse capaz de explorar su sexualidad sin vergüenza.

Abrochándose la camisa él se dio la vuelta y le dio una sonrisa presumida cuando la atrapó mirando.

—Debe ser un logro que aún no me hayas saltado encima. —Él le dio un guiño—. Aunque no me verías resistirme si eso llegara a suceder.

—Idiota —musitó antes de darse la vuelta—. Si no me alcanzas me iré por mi cuenta.

Su risa la persiguió hasta el pasillo y aunque intentó mantenerse seria, una sonrisa se coló en su rostro.

Dan la llevó a su departamento y cumplió su palabra. Después de dejar sus cosas en la sala, fueron directo al baño de su habitación. Él encendió la bañera y, mientras esperaba que llenara, la ayudó a desvestirse. Luego ambos entraron y se sentaron frente a frente. Pasaron el tiempo acariciándose y robándose besos, pero sin llegar a nada más. Era como estar atrapado en una burbuja de tranquilidad.

Cuando el agua casi se enfriaba, la puerta sonó indicando que la comida estaba allí. Él la sacó, la envolvió en un albornoz y también se cubrió, lo cual era una verdadera lástima.

Ambos comieron en medio de algunos juegos. Skylar se sentía como una niña otra vez y por lo que restaba de la noche decidió no pensar más en los “¿Y si?” Tendría la mañana siguiente y los días que le seguían para hacerlo.

Después de la cena, Dan la llevó a la cama y le hizo el amor una vez más. No fue solo sexo, de eso estaba segura. Él la acarició con una lentitud que la tuvo suplicando por él una y otra vez antes de caer rendida en sus brazos y quedarse dormida.

Al día siguiente, cuando abrió los ojos, Dan estaba despierto y la miraba con atención.

—Es perturbador despertarme y encontrarte observándome —fingió un escalofrío.

Él sonrió y se colocó sobre ella sujetando sus manos a los costados.

—Fuiste tú quién me despertó. ¿Sabías que hablas mientras duermes?

Se tensó de inmediato. Lo sabía. No era la primera vez que le sucedía. Su papá solía decirle que sería tan fácil saber si mentía, solo debías esperar a que se durmiera y hacerle una pregunta.

—¿Qué fue lo que dije?

—Algunas cosas interesantes. —Dan acercó su rostro—. Como mi nombre un par de veces, aunque sonaba más a un gemido. Me preguntó que estabas soñando.

Antes de que pudiera decirle algo, él cerró la distancia y la besó. Sus pensamientos se volvieron dispersos al sentir sus labios sobre los suyos.

—Buenos días —dijo él con una sonrisa ladina cuando dejaron de besarse.

—Buenos días. —Sonrió de regreso—. ¿Qué hora es?

—De hecho, algo más tarde de la hora en la que solemos despertarnos. Quizás deberíamos darnos prisa.

—¿Por qué no me despertaste antes?

—Te veías tan linda durmiendo y gimiendo mi nombre —dijo él haciendo a un lado su cabello y acariciando su mejilla.

—Eres un completo idiota.

—Eso me han dicho, tú con más frecuencia que el resto.

Sin poder evitarlo se rio. La misma sensación de la noche anterior de no querer romper la magia, la invadió.

Después de alistarse, prepararon el desayuno entre en los dos moviéndose por la cocina en sincronía como si lo llevaran haciendo lo mismo por un tiempo. Era difícil no imaginarse el mismo escenario cada día.

Mientras desayunaban Dan la tocó constantemente, si no era una caricia en la mejilla, sujetaba su mano por encima de la mesa. Esos gestos mantuvieron a su corazón latiendo a toda prisa incluso cuando él se encerró en su oficina y ella comenzó a trabajar.

Era cerca del mediodía cuando una mujer se detuvo frente a su escritorio. Skylar no tardó en reconocerla en cuanto la miró. La había visto antes, aunque había sido en una foto. El señor John tenía una foto con ella sobre su escritorio y asumió que era su esposa y la madre de Dan.

De repente comenzó a sentirse nerviosa. Apenas se había acostumbrado a ver al padre de Dan con frecuencia. Siempre tenía miedo de que él se enterara y sacara conclusiones precipitadas.

—Señora Harris, buenos días —dijo poniéndose de pie arreglándoselas para que su voz no sonara tan aguda.

Ella la observó en silencio y luego le sonrió. Dan había sacado sus rasgos afilados de su padre, pero la sonrisa de su madre.

—Veo que sabes quién soy. ¿Tú debes ser Skylar?

—Así es, Señora Harris.

—Solo Caroline, por favor. Es un gusto conocerte por fin. He escuchado buenas cosas de ti.

Su halago sonó sincero y le agradeció.

El intercomunicador sonó en ese momento y le dio una sonrisa de disculpa a Caroline antes de contestar.

—Dígame, señor Harris.  

La mujer se llevó un dedo a los labios y entendió el mensaje.

—Puedes traer los documentos que revisamos ayer por la noche —pidió él.

—Ya se los llevó.

Dejó el teléfono de regreso en su lugar y buscó lo que él le pidió.

—Se lo llevaré yo —dijo Caroline extendiendo la mano.

No estaba segura, después de todo era la esposa del dueño y por lo tanto la dueña.

—Yo…

—Tranquila solo son unos documentos.

Asintió y se los entregó. Caroline tocó la puerta de la oficina y entró cerrando tras de ella. Por la siguiente media hora se encontró preguntándose de que estaban hablando.

«¿Y si él le decía sobre lo suyo?»

Cuando la puerta se volvió a abrir casi dio un salto. Caroline salió primero seguida por su hijo quien la miró con los ojos entrecerrados.

—Muchas gracias por el aviso —le dijo él divertido.

En cuanto lo vio sonreír la mayoría de sus preocupaciones pasaron a segundo plano.

—Técnicamente ella también es mi jefa y por rango está por encima de ti. No pensaras que me iba a arriesgar a quedar mal —respondió

—Fui yo quién te contrató. ¿No merezco algo de lealtad por eso?

—No cuando del otro lado está tu madre.

Dan sacudió la cabeza y ella sonrió.

—Es bueno saberlo.

Un carraspeó llamó su atención y Skylar recordó que no estaban solos. Evitando sonrojarse miró hacia Caroline. Ella los miraba entre divertida y curiosa.

Recuperó la compostura y actuó como si nada hubiera pasado.

—Mi madre vino a invitarme a almorzar por lo que tendré que posponer nuestra reunión de hoy —informó Dan.

Se suponía que ese día iban a almorzar juntos en su oficina. Aunque el resto pensaba que era por trabajo.

Asintió.

—De hecho, a mí me gustaría que nos acompañaras. Estoy interesada en saber más de la mujer que ha logrado que mi hijo esté más relajado y mi sobrino se comporte como un adulto.

—Yo…

Otra voz la interrumpió.

—¿Tía? —James se acercó y abrazó a la mujer—. ¿Qué te trae por aquí?

—Vine a ver cómo están las cosas ya que mi familia no se digna a visitarme con frecuencia. Estábamos yendo a almorzar, Skylar también irá. Vienes ¿verdad?

—Por supuesto que sí, en especial si ella va con nosotros.

Fulminó a James con la mirada. Ya no había manera de escapar. 

—Nos vemos frente al ascensor iré a traer a mi esposo.

Los tres caminaron en silencio hacia el ascensor. Dan parecía más serio de los usual, probablemente no se sentía cómodo con ella yendo con ellos. Bueno, no había sido su idea.

La madre de Dan no tardó en regresar acompañada. Cuando la vio junto a su esposo, pensó en que hacían una pareja hermosa. Él la miraba con amor y atento a cada uno de sus movimientos.

Fueron hasta un restaurante cerca de la empresa y después de ordenar empezaron a hablar.

— ¿Cómo te trata mi hijo? —preguntó Caroline.

Le tomó unos segundos entender que la pregunta era para ella. Se había mantenido en segundo plano esperando que se olvidaran de su presencia. Era claro que no iba a suceder.

—Él es un gran jefe. —¿Qué más podía decir, sin ser demasiado evidente?

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Comments (1)
goodnovel comment avatar
Beltre Elizabeth
más enamorada cada día de esta hermosa historia lástima k solo sea un capítulo......️...
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