FAZER LOGIN—¿Eso es todo? —preguntó mirando la maleta de Skylar y el par de cajas acomodadas en un rincón de la habitación. Era la primera vez que entraba a su habitación e, incluso si nadie le hubiera dicho que le pertenecía, lo habría deducido.
Su olor estaba en todo el lugar, al igual que su estilo. Las paredes eran de un color amarillo suave y las cortinas de la ventana eran de color oscuro, algún tono entre verde y celeste. Había pocos muebles, dentro de ellos un escritorio acomodado muy cerca de la cama. En la pared sobre ella había algunos papeles pegados, parecían apuntes de sus clases.
—Sí, estoy llevando todo lo necesario. Si más adelante necesito algo más, vendré por ello.
—¿Por qué no llevarlo todo ahora?
Ella se cruzó de brazos y lo miró desafiante.
—Sé lo que hago.
Asintió antes de cargar la primera caja.
Sí, algo sucedía con ella esa mañana.
Dan había llegado media hora antes de lo planeado porque no había podido aguantar más. Skylar le había cerrado la puerta en la cara cuando lo vio y no entró hasta que David fue a abrirle. Él le había invitado a desayunar con ella y Skylar no había dudado en mostrar su molestia.
Todo en su actitud le decía que estaba con ánimos de pelear, pero hasta ese momento se las estaba arreglando para esquivar sus ataques. Sabía que su actitud tenía mucho que ver con los cambios de humor producidos por su embarazo, así que era mejor actuar con prudencia.
—Ni se te ocurra —dijo cuándo Skylar hizo amago de levantar la otra. No había manera de que la dejara cargar eso.
Ella lo miró como si le hubiera salido dos cabezas.
—Es solo una caja creo que puedo con ella. No sería la primera vez que lo hago.
—¿Has estado embarazada antes? —preguntó arqueando una ceja—. No, creo que no. Así que déjala donde está.
Ella abrió la boca para responder, seguro con una de sus frases mordaces.
—Deja que yo me haga cargo, cariño —intervino David evitando la una guerra épica porque seguro que él no iba a ceder al respecto.
Skylar los miró de uno a otro y luego rodó los ojos antes de hacerse a un lado para que su padre levantara la caja.
—Vendrás a visitarnos ¿verdad? —preguntó Hailey y eso fue suficiente para atraer la atención de su hermana que todavía lo miraba como si quisiera decirle algo.
—Por supuesto, cariño. Estaré aquí cada vez que pueda.
—Tú también puedes venir a visitarnos cada vez que quieras —invitó—. Y si deseas puedes quedarte a pasar la noche con nosotros si tu papá está de acuerdo. —Con eso último escapó de la habitación antes de ganarse alguna mirada reprobatoria por parte de Skylar.
Ella no parecía estar de acuerdo con nada de lo que dijera ese día.
—Tus días no serán para nada aburridos —comentó David mientras acomodaban las cosas en la parte de atrás d su automóvil.
—Seguro que no. —Sonrió de lado. No le importaba soportar algunos cambios de humor, siempre y cuando Skylar estuviera con él. Además, por extraño que sonara, se estaba divirtiendo más que nunca; aunque no se atrevería a decírselo.
—Cuando su madre estaba embarazada de ella, solía ignorarme durante horas cuando se molestaba, muchas veces ni siquiera sabía el motivo y no me atrevía a preguntarle por miedo a enfurecerla más. Tienes que tener paciencia.
—¿Qué tanto cuchichean ustedes dos? —preguntó Skylar, debía haber salido detrás de ellos en algún momento.
Los dos se giraron en dirección a donde venía la voz de Skylar. Ella estaba parada cerca de las gradas del porche con la maleta en manos. Caminó apresurado hacia ella y tomó la maleta de sus manos antes de que ella tuviera oportunidad de quejarse.
—Debiste esperar —dijo mirándola con el ceño fruncido.
—Tiene ruedas, creo que puedo arrastrar una maleta con ruedas.
Los dos se enfrentaron en una mirada de batallas que fue rota por la sonora carcajada de Hailey. Se giró hacia ella y sonrió.
—Me prometes que cuidarás de mi hermana —dijo la adolescente cuando su risa paró.
—Por supuesto que lo haré.
Consideró un milagro que Skylar no tuviera nada que decir sobre eso.
Dan llevó la maleta hasta su auto y luego esperó que Skylar se despidiera de su familia.
Los dos se subieron al auto y se alejaron de la casa. Skylar estaba triste y lo hizo sentirse mal por llevársela, pero no lo suficiente para cambiar de opinión.
—Los verás con frecuencia.
—Lo sé, pero no será lo mismo —dijo ella y comenzó a llorar en silencio.
Había pasado de estar furiosa a estar triste en menos de unos minutos. Era un hecho que sus cambios de humor iban a mantenerlo ocupado.
Prendió los faros traseros e hizo el carro a un costado de la autopista. Se desabrochó el cinturón y se inclinó hacia Skylar para abrazarla. Temió que ella rechazara su contacto, pero acomodó la cabeza en su pecho y dejó que la consolara. Tomó esa simple acción como un avance.
Pasaron algunos minutos antes de que ella se sintiera mejor. Solo entonces la dejó ir y se acomodó de regreso en su asiento.
El resto del viaje la mantuvo distraída contándole sobre lo que le había sucedido en el trabajo.
—Pobre, seguro está a nada de renunciar —dijo ella riendo después de que le comentara que su remplazo había confundido algunos papeles y que después de que él le llamara la atención la mujer casi había se había puesto a llorar.
—En este punto creo que sería lo mejor.
—Eres demasiado duro.
—Era igual contigo.
—Sí, bueno yo no te tenía miedo.
Esta vez fue el quién rio. Siempre era refrescante la franqueza de Skylar.
Cuando llegaron a su departamento, llevó las cosas de Skylar directo a la habitación que a partir de ese momento sería de ella.
—Gracias —dijo ella dejando la maleta a un costado.
Dan ni siquiera se había molestado en decirle que no la tocara.
—¿Quieres que te ayude a acomodar tus cosas? —preguntó acercándose a ella.
Skylar no se movió, aunque la notó nerviosa. No importaba cuanto ella intentara fingir que no le afectaba, sus pequeños gestos decían lo contrario.
Su cuerpo reaccionó de inmediato a su cercanía. El embarazo le sentaba bastante bien. Tenía esa aura de dulzura que la volvía más tentadora. Sería tan fácil cargarla hasta la cama detrás de ella y hacerle el amor como llevaba deseando hacer desde que la había vuelto a ver; sin embargo, no lo haría. La tortura valdría la pena el día que ella se entregue a él libremente.
—¿Entonces? —insistió.
Ella parecía confundida.
—¿Quieres que te ayude? —repitió con una sonrisa.
—No será necesario.
Se encogió de hombros y se hizo para atrás.
—Entonces te dejaré para que te acomodes. Estaré en mi oficina, avísame cuando estés listas para que salgamos.
—¿Salir?
—Sí. ¿Recuerdas que quedamos en ir de compras?
—Oh cierto, eso.
Algo en la manera en que lo dijo dejó claro que se había olvidado, lo cual no le sorprendía. El día anterior ella había estado demasiado distraída.
—Sí, eso —dijo divertido.
La dejó a solas y se dirigió a su oficina antes de llevar a cabo sus fantasías. Era más fácil huir de la tentación que luchar contra ella.
—Estoy lista —dijo Skylar, casi una hora más tarde, entrando a su oficina.
No podía decir si ella había tocado porque había estado demasiado concentrado en sus pensamientos. Se suponía que había ido allí para calmarse, pero estaba seguro de que hubiera funcionado.
—Salgamos de aquí antes de que haga alguna idiotez —murmuró lo suficientemente bajo para que ella no lo escuchara.
Pasaron la tarde rodeados de cosas para bebés. Dan no disfrutaba particularmente de comprar, pero había algo emocionante en ello cuando estaban allí para obtener artículos para su hijo. Compraron muebles, ropas, accesorios, juguetes.
Skylar más de una vez le dijo que no era necesario tantas cosas y que ya tenía algunas, pero actuó como si no estuviera escuchando. Además, era claro que ella también lo estaba disfrutando porque en más de una ocasión la vio sonreír.
Cada vez que ella miraba algo con anhelo, Dan lo añadía a la lista.
En cuanto se sintió satisfecho, pagó por todo y pidió que se lo entregaran a domicilio. Luego llevó a Skylar a almorzar, era importante que ella se sentara y comiera antes de continuar.
Después de comer, llevó a Skylar a una tienda de ropas para embarazadas. Ella iba a necesitar más y más ropa que se adaptara a sus cambios conforme su embarazo avanzara.
Skylar se mostró a reticente a probarse las prendas que la dependienta trajo para ella hasta que amenazó con llevárselas de todas formas y que si no le quedaba solo compraría más.
—Asegura tu puerta antes de irte a dormir —amenazó ella.
—No hay manera de que haga eso ahora que sé que existe la posibilidad de que vayas a mi habitación.
Skylar lo miró furiosa antes de darse la vuelta con toda dignidad y marcharse en dirección al vestidor.
—Ninguno me queda —anunció ella al salir con una sonrisa de suficiencia.
Dan no le creyó ni por un momento. Él mismo había escogido la ropa según los gustos de Skylar. Ella debería saber que no iba a ganar esta.
La miró de pies a cabeza, deteniéndose, a propósito, más del tiempo debido en ciertas zonas.
—Conozco muy bien tu cuerpo y, aunque ha sufrido cambios espectaculares con el embarazo, todavía puedo decir que te quedan perfectamente.
—Sabes que no me importa que me compres ropas o joyas.
—¡Joyas! Gracias por recordármelo. Casi las olvidó. Estoy seguro que un collar de diamantes se vería espectacular en ti. —Llevó su mano a su cuello y la acarició con delicadeza—. Totalmente perfecto.
—Dan… —Ella parecía dispuesta a continuar con su negativa.
—Lo sé, tigresa; pero no eso no quiere decir que yo no quiera comprártelas. Vamos a pagar por esto.
—Está bien. Si quieres gastar tu dinero, es tu problema. —Skylar pasó por su costado y se alejó.
Sacudió la cabeza mientras sonreía.
Ella siempre tenía que tener la última palabra.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







