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Capítulo 8: Atrapados

Autor: Joana Guzman
last update Data de publicação: 2022-02-20 14:15:13

—Nos vemos mañana, jefa —se despidió James. No se contuvo de rodar los ojos ante el apodo—. Eso no es lo que haría una señorita.

—Con lo mucho que me importa. Vete de una vez antes de que se me ocurra algo más que de debas hacer. Hablando de eso creo que…

James sacudió la mano y desapareció apresurado. Ese era su segundo día de trabajo y Skylar no le había dado ni un corto respiro. Aunque su jefe no le había dicho la verdad respecto a porque lo estaba poniendo a su cargo —no es que él diera explicaciones alguna vez—, era obvio que era una especie de castigo.

En ese corto tiempo le había bastado para llegar a la conclusión que James no era un mal sujeto, solo demasiado pagado de sí mismo y un algo arrogante. Sonaba a alguien muy conocido, debía ser algo de familia. Como sea, no sabía lo que había hecho para merecer la ira de su primo; debía de haber sido algo grave porque, pese a que Dan solía tener demasiados defectos, no era injusto.

Terminó con su último pendiente antes de apagar computadora. No podía esperar para llegar a su casa y recostarse a descansar. Ese día había sido particularmente largo. Estaba en semana de parciales y había tenido la mala fortuna que ese día se le acumularan tres de ellos. Se había sentido tan tentada a no ir a trabajar, sabía que Dan la habría entendido; pero le gustaba ir a trabajar y quizás, solo quizás, ya se había acostumbrado a ver a su jefe. 

Miró la hora, eran pasada las siete de la noche. A excepción de Dan, ya no debía de haber nadie más en el edificio.

Su vista se dirigió hacia la puerta de su jefe, era probable que él tampoco tardara en marcharse. Había escuchado de boca de Emma que él tenía una cita esa noche, no es que ese fuera su asunto. La mujer parecía haber superado su aversión hacia ella. 

Guardó sus cosas en su bolso y fue a decirle a Dan que se marchaba. Justo cuando estaba por tocar la puerta, esta se abrió y se quedó con la mano levantada.

—¿Ya te vas? —preguntó él.

—Sí, a menos que necesite algo más.

—No. También voy de salida. ¿Cómo te fue en tus parciales? —Su pregunta la tomó por sorpresa, ni siquiera sabía que él estaba al tanto de eso; pero al pensarlo mejor llegó a la conclusión que no había nada que escapara de su conocimiento.

Skylar se pudo en marcha rumbo al ascensor y él se colocó a su lado.

—En su mayoría bastante bien. Tuve algunos problemas con el último.

El ascensor se abrió y él la dejó entrar primero antes de subir. No estaba segura si era debido a la hora o al cansancio, pero se sintió más nerviosa de lo usual en aquel espacio reducido. Era como si todo en ella estuviera enfocado de la presencia de Dan junto a ella.

Desde que había comenzado a trabajar para él cada vez se le había hecho más y más difícil ignorar su atractivo y las reacciones que provocaba en ella. Aun así, siempre se las arreglaba para ser profesional. Pero sabía que en el segundo en el que bajara la guardia, haría alguna una estupidez o, lo que es peor, le dejaría ver que no era del todo indiferente como aparentaba.

Era consciente de que su atracción hacia a Dan no podía pasar solo de eso y no solo porque fuera su jefe. Había hecho sus propias averiguaciones y había descubierto más sobre su gusto por cambiar de mujeres demasiado rápido. Era bueno que no estuviera en busca una relación, ni siquiera una casual.

Estaban bajando en completo silencio cuando un sonido la alertó. El ascensor perdió velocidad y luego se detuvo bruscamente. Skylar se aferró a lo primero que encontró para no irse de cara al suelo. Las luces parpadearon y se aterró ante la idea de que eso también fallara, pero continuaron funcionando con normalidad. No tuvieron la misma suerte con el ascensor, que permaneció inmóvil.

—¡¿Qué demonios?! —maldijo olvidando por un segundo que no estaba sola.

—Seguro que no es nada —dijo Dan con su usual control.

Se giró a verlo y se dio cuenta que le estaba sujetando del brazo con fuerza. Al parecer era eso a lo que se había aferrado. En lugar de soltarlo, se quedó mirando su mano como tonta, solo cuando sus miradas se encontraron, ella lo soltó tan rápido como si el contacto le quemara.

—¿Estás bien?

—Sí.

Él sacó su celular y lo desbloqueó.

—No hay señal —dijo él antes de acercarse al teléfono de emergencia.

Dan se presentó y luego explicó lo sucedido a quién sea que estaba del otro lado de la línea.

—¿Qué dijeron? —preguntó apenas el devolvió el teléfono a su lugar.

—Se pondrán a ello de inmediato.   

No sabía si actuarían con rapidez porque se trataba de él o quizás siempre eran tan serviciales. Como fuera, estaba agradecida. No se sentía cómoda permaneciendo en ese lugar por mucho tiempo.

No tenía nada en contra de los ascensores; de hecho, la mayoría del tiempo le parecían una bendición, pero no cuando se quedaba atrapada en uno. Su imaginación no tardaría en llevarla por escenarios catastróficos. Caídas, explosiones, muerte. Nada de eso era demasiado factible, pero no había manera de que su cerebro lo entendiera una vez que empezó.

Un sudor frío bajo por su columna, su respiración se hizo acelerada y podía escuchar su corazón bombear con fuerza. Su visión se fue oscureciendo y se tuvo que recostar contra la pared para no desplomarse.

—Estás pálida —dijo Dan, su voz se sintió casi como un tranquilizante en medio de su desesperación—. ¿Tienes claustrofobia?

Sacudió la cabeza para negar. Al menos no creía que fuera eso, podía estar en espacios cerrados sin ningún problema; pero si estaba en uno y ese fallaba, entonces el caos se desataba en su mente.  

—Es solo que no puedo dejar de imaginarme que pasaría si en ascensor se cae. —El decirlo en voz alta solo empeoró las cosas.  

—Nada pasará.

—No puedes estar seguro de eso.

Dan se acercó a ella y colocó las manos a ambos lados de ella. Sus ojos se encontraron y se encontró siendo arrastrada hacia la profundidad de ellos.

—¿Qué… qué haces? —preguntó cuándo él apoyo su frente sobre la suya.

Muchos de sus pensamientos se volvieron borrosos y lo único que pudo concentrarse fue en su presencia. Su corazón latía con rapidez, pero ahora era por diferentes motivos.    

—¿Te pongo nerviosa?

Sí, pensó; pero no lo dijo en voz alta.  

—Deberías volver a llamar para saber cuánto tiempo falta.

Él alzó una ceja.

—Eso no responde a mi pregunta.

Tragó saliva, su preocupación pasó a segundo plano con el distrayéndola. Entonces se dio cuenta de que era eso lo que estaba tratando de hacer.  

—Ya sé que intentas —murmuró.

—¿Y está funcionando?

—Creo que sí.

Él bajó una de sus manos hasta su mejilla y la acarició.  Su contacto se sintió como el roce de una pluma.

—Tengo una idea de cómo funcionaría mejor.

Dan pasó su pulgar por sus labios acariciándolos con suavidad. Tomándola del labio inferior abrió su boca ligeramente y luego se inclinó lentamente, como dándole tiempo para detenerlo. Pero alejarse era lo último en su mente. Aunque no lo admitiría nunca en voz alta, había extrañado sus labios. Algunas noches, en la soledad de su habitación, no había podido evitar pensar en el beso que habían compartido en su auto, semanas atrás.

Se rindió con un suave gemido.

Todas las razones de porque aquello era una mala idea y que hasta minutos atrás habían estado en su mente con claridad, se esfumaron tan pronto sus labios entraron en contacto con los suyos.

Sus piernas flaquearon y apenas logró mantenerse de pie. Subió sus manos y las colocó en sus hombros para aferrarse a él. ¿Quién hubiera que un beso podía ser tan arrollador?

Él bajó sus manos hasta sus caderas y con firmeza la acercó a su cuerpo. La evidencia de su excitación quedó entre ellos y otro gemido escapó de sus labios. Su cuerpo ardía de necesidad y clamaba por más.

Dan se las arregló para meter sus manos cálidas debajo de su blusa y cuando sus manos la tocaron directamente sintió que terminaba de perder el control. Sabía que debía detenerse, pero no podía. Su contacto era como droga para ella y solo ansiaba más.

Se separaron después de un rato con la respiración agitada. Los ojos de Dan ardían como dos llamas en la oscuridad. Él comenzó a depositar besos desde su mentón hasta su cuello. Ella inclinó a la cabeza permitiéndole más acceso.

Estaba tan perdida en la nubla de la lujuria que cuando el ascensor comenzó a moverse saltó en su lugar asustada. Esa fue la única llamada de atención que necesito para regresar a la realidad.

Dan se hizo hacia atrás en cuanto ella aplicó un poco de presión en su pecho.

En piloto automático, se acomodó la blusa y se sacó la liga del cabello para volver a asegurarla. En todo momento evitó mirar a Dan a los ojos. No tenía el valor para confrontarlo, así como no se sentía capaz de pensar en lo que acababan de hacer.

En cuanto el ascensor llegó al primer piso y la puerta se abrió, prácticamente huyó de allí esquivando al hombre de seguridad que esperaba por ellos. Dan podía inventar la excusa que prefiriera, ella necesitaba salir de allí cuanto antes.

El aire frío de la calle le golpeó el rostro tan pronto salió del edifico y terminó de aclarar su mente. Tomó un respiro profundo tratando de controlar todo lo que estaba sintiendo.

¿Qué había hecho?

Había permitido que el la besara y acariciara como si fueran amantes de antaño y de haber permanecido encerrada un rato más con él quién sabe hasta qué punto le habría permitido llegar. Era como si hubiera perdido todo el control de sí misma tan pronto él entro en su espacio personal.

Dan era su jefe y, aún más importante, no podía permitirse perder ese trabajo. ¿Cómo había olvidado todo eso con tanta facilidad?  

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