INICIAR SESIÓN—Este lugar es muy hermoso, no había tenido la oportunidad de venir antes.
Dan miró a su cita tratando de procesar sus palabras. Había salido con Sadie un par de veces en el pasado. Era una mujer hermosa y no esperaba nada de él más que un encuentro ocasional. Usualmente disfrutaba de su compañía, pero esa noche sus pensamientos estaban atrapados en otro lado y le estaba costando bastante mantenerse concentrado.
—Lo es —respondió sin saber que más decir. Al parecer su respuesta fue suficiente porque Sadie continuó hablando.
Se preguntó por qué estaba allí en lugar de su departamento. No estaba de humor para una cita, ni para nada en realidad. Debería haberle enviado un mensaje a Sadie para cancelarle tan pronto dejó el ascensor, pero no se sintió bien haciendo eso con poca antelación. En su lugar había decidido continuar con sus planes y ahora no podía esperar el momento para marcharse.
Sadie se llevó un bocado de comida a la boca en un movimiento que le pareció demasiado ensayado. Observó sus labios mientras ella pasaba su legua por ellos y de inmediato se sintió transportado de regreso al ascensor mientras besaba a Skylar. Sus dulces y suaves labios lo habían hecho olvidarse de todo, incluyendo de la situación en la que se encontraban y porque se había acercado a ella en primer lugar.
En cuanto el ascensor se había detenido, Skylar había lucido tan frágil, casi como si fuera a perder la consciencia en cualquier momento y se había preocupado por ella, como cualquier otra persona en su lugar. Sus buenas intenciones habían quedado en el olvido tan pronto estuvo respirando su mismo aire.
La misma fragancia a flores que lo había estado seduciendo durante las últimas semanas y su mirada llena de emociones lo habían capturado. Acariciar sus labios solo había empeorado las cosas. Se había sentido tan necesitado de comprobar si eran tan suaves como se sentía contra su tacto. Entonces la había besado, arriesgándose a que ella volviera a morderlo; pero en su lugar, la mujer que siempre estaba lista para atacar, se había derretido en sus brazos. Cualquier pensamiento lógico había desaparecido de su mente en el acto.
Había sido una mala suerte que el ascensor comenzara a funcionar cuando aún no se había saciado de ella. Nunca había actuado con tanta imprudencia, no era de los que le gustaba dar espectáculos en público; pero estaba seguro que si ella no lo habría alejado cuando lo hizo, no se habría detenido por un largo tiempo.
Ninguna mujer nunca le había hecho perder el control de esa manera y eso le preocupaba.
—¿Dan? —la voz de Sadie lo sacó de sus pensamientos—. ¿Todo está bien? Pareces algo distraído.
—Todo bien. Creo que es hora de irnos.
Sadie le dio una sonrisa seductora, era un hecho que ella creía que irían a su departamento como en las anteriores ocasiones; pero se iba a llevar una decepción en cuanto se diera cuenta de sus intenciones.
Llamó al camarero y pidió la cuenta. Después de pagar salieron del restaurante y el valet le entregó las llaves de su auto.
Condujo hasta el departamento de Sadie. No era la primera vez que iba hasta allí. Dan prefería no llevar a sus citas a su propio departamento.
—Nos vemos —dijo frente a la puerta del edificio de Sadie y se inclinó para depositar un beso en su mejilla.
—¿No entras?
—No esta noche.
—¿Estás seguro? —dijo ella con un puchero en el rostro. Sus dedos jugaron en su pecho y pegó su cuerpo al de él.
En otro momento no habría dudado, pero esta vez ella no produjo ninguna respuesta por parte de su cuerpo.
—Adiós, Sadie. Que descanses. —Se dio la vuelta y regresó a su auto.
Durante el viaje a su departamento estuvo tan perdido en sus pensamientos que apenas se dio cuenta que ya había llegado cuando entraba al garaje de su edificio.
Tan pronto estuvo en su departamento, se retiró la ropa y se dirigió directo a la ducha para tomar un baño. Debajo del agua, se encontró pensando de nuevo en Skylar y el beso. Era como si no pudiera dejar de reproducir la misma escena una y otra vez. Al igual que le sucedió en el ascensor su cuerpo comenzó a responder y cambió la temperatura del agua. Soltó una maldición mientras el agua helada lo golpeaba sin piedad. No se quedó mucho más tiempo en la ducha después de eso
—Eso no debió suceder —le dijo a su reflejo en el espejo limpiando el vapor con una mano. Su mente recién comenzaba a pensar más allá de lo satisfactorio que se había sentido besar a Skylar.
Ella incluso podía denunciarlo con recursos humanos por lo que había hecho. ¡Maldición! La deseaba, pero el tenerla solo podía representar problemas. Había puesto en riesgo su reputación y la de la empresa de su familia por dejarse llevar por sus hormonas como si fuera un joven inexperto.
Tenía que hablar con Skylar y decirle que no volvería a hacerlo. Esperaba que le creyera teniendo en cuenta que había dicho lo mismo a primera vez.
Al día siguiente llegó temprano a la oficina y Skylar todavía no estaba en su puesto cuando pasó frente a su escritorio. Miró su reloj y estuvo seguro que no tardaría en llegar. Ese día ella entraba por la mañana y nunca le gustaba llegar tarde. Era la trabajadora más responsable y eficiente que había conocido.
Dejó la puerta de su oficina abierta para poder escucharla llegar y fue a sentarse detrás de su escritorio. Encendió su computadora y trató de comenzar con su trabajo, siempre había algo que hacer.
—Señorita Rogers, pase a mi oficina por favor. —Tratarla de manera formal, después de la intimidad que habían compartido, se le hizo algo extraño. Pero si ella había recuperado algo de su ímpetu, seguro le sacaría los ojos si se atrevía a llamarla por su nombre.
Aunque no escuchó una respuesta de su parte, ella vino después de unos segundos. No le sorprendió que se estuviera demorando a propósito.
Skylar se paró en el umbral de la puerta, con la cabeza en alto y la postura firme, sino fuera porque evitaba su mirada, habría creído que lo sucedido la noche anterior estaba solo en su cabeza. Pero no había manera de que se hubiera imaginado todo.
Ella lucía igual de profesional que siempre, pero Dan solo recordaba su cuerpo pegado al suyo y su tersa piel bajo sus manos mientras la acariciaba. Le habría gustado averiguar si todo su cuerpo era igual de suave… Se regañó al darse cuenta el rumbo que tomaban sus pensamientos.
—Pasa y cierra la puerta —ordenó.
Creyó ver un ligero estremecimiento recorrer su cuerpo y casi sintió satisfacción de no ser el único afectado.
—¿Qué necesita? —preguntó ella a la defensiva después de obedecerlo.
Se levantó de su asiento y rodeo su escritorio. Ella se tensó, pero sus ojos no mostraron miedo, sino cautela.
—Debemos hablar sobre lo de ayer.
—No hay nada que hablar. —Skylar hablo sin ninguna vacilación—. Yo no supe controlar el estar encerrada y usted intentó ayudarme, luego las cosas se nos salieron de las manos. Esas cosas pasan en situaciones de estrés.
Inclinó la cabeza hacia un lado y la analizó en silencio. Ella parecía segura de lo que había dicho, pero seguía sin poder mantenerle la mirada. Dan podía reconocer a un mentiroso cuando lo veía.
Sonrió de lado antes de comenzar a caminar hacia ella. Skylar dio un paso hacia atrás y luego pareció molesta por haberlo hecho.
—Es bueno ver que estamos de acuerdo.
—¿Si esos es todo…
Inclinó la cabeza hacia adelante.
—No, de hecho no.
Sus ojos se encontraron. Ella lo deseaba, sin importar cuanto tratara de ocultarlo.
—¿El deseo que veo en tus ojos es producto residual del estrés?
No era así como había planeado que sucediera esa conversación. Se supone que la había llamado a su oficina para dejarle en claro que no la volvería a tocar… ¿Entonces por qué sentía que la iba a besar otra vez?
—Debes estar teniendo algún tipo de alucinación. —Su voz apenas fue un murmulló.
—¿Eso quiere decir que, si te beso, no me corresponderás? ¿Qué tus labios no clamaran por más?
—Usted es… —Ella miró a sus labios solo un segundo antes de mirarlo a los ojos con desafío, pero había visto su vacilación—… es un arrogante.
Al diablo, pensó. Luego se acercó para besarla; pero, a solo centímetros de su boca, en un par de golpes sonaron en la puerta. Apenas logró contener una maldición mientras se hacía para atrás.
—Salvada por la campana —musitó antes de darse la vuelta y caminar de regreso a su sillón para ocultar la respuesta física de su cuerpo.
—Dan —saludó su primo, no había nada que hacer ante su falta de irreverencia; pero ahora le caía menos—. Jefa.
A Skylar le tomó unos segundos recomponerse y devolver el saludo. Luego ella se marchó y James se fue detrás de ella.
Giró su sillón y miró más allá del ventanal sin ver a nada específico en realidad. Necesitaba averiguar qué iba a hacer ahora que su primer plan había fallado estrepitosamente. Era como si lo de la noche anterior las cosas hubieran abierto una puerta que no quería cerrarse.
Quizás solo debía ceder a sus instintos. Era mala idea, pero Skylar no iba a salir de su cabeza hasta que hiciera algo al respecto. Solo que ella tenía que estar de acuerdo. Jamás se le ocurriría presionarla o chantajearla. Todavía tenía algo de decencia.
Él había tomado su decisión, ahora debía hacerlo ella.
Durante todo el día se la pasó sumergido en el trabajo y no llamó a Skylar en ningún momento, la dejó esconderse de él y que mandara a James en su lugar cada vez que necesitaba preguntarle o mostrarle algo.
—La jefa, está más exigente hoy —se quejó James cuando entró trayéndole unos documentos para que los firmara—. Se tomó muy en serio su trabajo de ponerme en todo.
—Ella es buena, tienes que admitirlo.
Su primo le dio una mirada nada contenta, pero asintió.
—Fue una buena jugada de tu parte.
Le extendió el folio.
—Puedes irte a casa.
—¿Es en serio?
Asintió.
—¿Y qué sucede con Skylar?
—Quien iba a decir que era tan fácil asustarte.
—Ella no es fácil.
—Yo me encargó de ella.
Su primo asintió y desapareció por la puerta.
Dan apagó su computadora y guardó sus documentos en las gavetas de su escritorio. Luego cogió su abrigo y se lo colocó antes de salir de su oficina.
Encontró a Skylar revisando unos papeles. Estaba seguro que ella percibió su presencia en el momento que se sentó más recta; sin embargo, no lo miró.
—Si ya terminaste de jugar al ratón, que te parece si hablamos.
—Paso —respondió ella aun sin mirarlo—. Eso no resultó bien la última vez.
Era una linda tigresa, aunque tenía razón.
—Coge tus cosas, saldremos.
—¿A dónde?
Alzó una ceja.
—Soy el jefe, no debo darme explicaciones.
—Sí, si estás usando de ese poder para cuestiones personales. —Ella tenía un punto.
—Te invito a cenar.
—No gracias.
—Nunca haces las cosas fáciles ¿verdad?
—Eso me han dicho.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







