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Dos

Autor: Ann
last update Fecha de publicación: 2026-08-23 21:20:30

Tres días después de la noche de esa audición, estaba sentada en una habitación con un fuerte aroma a antiséptico. Frente a mí, un otorrinolaringólogo de mediana edad miraba la pantalla de la computadora con el ceño profundamente fruncido.

Sobre la mesa, las hojas de los resultados de mi prueba de audiometría y mi resonancia magnética estaban claramente visibles. Su gráfico caía drásticamente hacia abajo—una línea roja que indicaba un descenso drástico en mi umbral auditivo.

"Señorita Nada", el Doctor Danu habló, rompiendo el silencio que me oprimía cada vez más el pecho. Se quitó los anteojos y me miró con un brillo de compasión en los ojos.

Odiaba profundamente que me miraran así.

"¿Cómo salieron los resultados de la prueba, Doctor?", pregunté. Mi propia voz sonaba extraña en mis oídos—como una voz que resuena en el fondo de una cueva profunda. "¿Esto es solo por exceso de trabajo o por simple tensión nerviosa, verdad? Necesito una receta de medicamentos o vitaminas para detener este zumbido."

El Doctor Danu dejó escapar un profundo suspiro. Acercó su silla hacia mí. "La pérdida auditiva que está experimentando, Señorita Nada, no se debe a un cansancio común. Los resultados de la resonancia magnética muestran la presencia de un daño degenerativo en los nervios auditivos de ambos oídos."

Mi sangre pareció congelarse en mis venas. "Degenerativo... ¿qué significa eso?"

"Sus nervios auditivos están sufriendo un deterioro gradual de su función", explicó el Doctor Danu tan delicadamente como pudo. "Para decirlo de forma sencilla, esos nervios se están muriendo lentamente. Ese zumbido es una respuesta del cerebro que intenta captar las frecuencias perdidas."

"Pero se puede curar, ¿verdad?", mis manos se agarraron con fuerza al borde de mi falda de tela hasta que se me pusieron blancos los nudillos. "¿Con una operación? ¿O terapia de ondas? Soy violinista, Doctor. La próxima semana es el anuncio de la audición para Europa. ¡No puedo tocar si mi audición está dañada!"

El Doctor Danu sacudió la cabeza lentamente. Su mirada se cayó. "En este momento, no existe ningún procedimiento médico ni medicamento que pueda detener o regenerar un nervio que ya ha muerto, Señorita Nada. Lo único que podemos hacer es monitorear el proceso."

"¿Qué proceso?", mi voz subió de tono, temblando por un pánico incontrolable. "¡¿Proceso hasta cuándo?!"

"Hasta que la Señorita Nada... pierda la audición por completo."

¡PUM!

Me levanté tan rápido que mi silla salió empujada hacia atrás y chocó contra la pared. Mi mundo pareció dar vueltas violentamente. La fría sala de consulta se estrechó de repente, asfixiándome el cuello al punto de dificultarme la respiración.

"¡¿Está bromeando, Doctor?!", grité. "¡Tengo solo veintidós años! ¡Toco el violín desde que era niña! ¡¿Cómo pretende que acepte que me voy a quedar sorda?!"

"Señorita Nada, por favor, cálmese primero..."

"¡No me pida que me calme!"

Sin hacer caso a los llamados del Doctor Danu ni a las miradas de preocupación de las enfermeras en el pasillo, agarré mi bolso junto con el estuche de mi violín y salí corriendo de esa clínica.

--

Me encerré en mi habitación durante el resto del día. Cerré la puerta con llave. Pasé las cortinas de la ventana por completo, dejando que la habitación se hundiera en la oscuridad.

En la esquina de la habitación, el estuche negro de mi violín yacía mudo. El objeto que durante quince años había sido mi mejor amigo, el lugar donde desahogaba todas mis emociones, ahora se sentía de repente como una carga extremadamente pesada.

Me senté apoyando la espalda contra la puerta, doblando las rodillas contra el pecho.

El camino de vida que había construido con tanto esfuerzo—ocho horas de ensayo al día, los dedos ensangrentados y con callos, el sueño de estar en los grandes escenarios de Europa—se había destruido de forma tan banal por el diagnóstico de un médico en cuestión de quince minutos.

¿Por qué yo? Entre millones de personas en este mundo, ¿por qué tenía que ser a una música a quien le arrebataran la audición?

--

Alcancé mi teléfono, que no dejaba de vibrar desde hacía rato. Había más de una docena de llamadas perdidas de Don Hendra y varios mensajes de mis compañeros de la academia preguntando por mí.

Con las manos temblorosas, borré todas esas notificaciones sin leerlas. Apagué el teléfono, cortando todo acceso al mundo exterior.

En la habitación cada vez más oscura, intenté cerrar los ojos. Sin embargo, en lugar de la paz esperada, el zumbido dentro de mi cabeza se volvió aún más agudo, reemplazando el ritmo entrecortado de mi respiración.

Esa noche, me di cuenta de que la mayor pérdida para un músico no es cuando su violino se rompe, sino cuando su mundo se convierte lentamente en un silencio que mata.

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Último capítulo

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