تسجيل الدخولMarino salió enojado, ¿Por qué le causaba tanta molestia a Karina? Se preguntaba. Al parecer sentía un odio no justificable contra él, pero ella no sabía lo que le esperaba, ellos habían creado un reto, pues estaba dispuesto a cumplirlo, le demostraría a la potra Guaraní, que no era ningún hombre frágil y que ese trabajo de campesino, era
Tres meses después Karina aunque tenía personas de servicio que la ayudaban a limpiar tres veces por semana, ese día ella había amanecido afanada limpiando. Tomó un pañito, lo humedeció con un desinfectante y comenzó a limpiar todas las superficies de la cocina, incluyendo los gabinetes. Como no alcanzaba, buscó un banquito, lo rodó y se subió en la encimera y empezó a limpiar, lo hacía con esmero, apretaba sus labios y ejercía un poco de fuerza para sacarle brillos al objeto.Marino había dejado unos documentos, cuando casi iba llegando a la oficina se regresó por ellos, entró a la casa y se dirigió a la habitación pensando que su linda esposa estaría descansando, pero no era así, se había levantado, supuso que estaría en
Quince días despuésKarina estaba lista para asistir a la fiesta que la había invitado su suegra, ya se habían mudado a la hermosa casa y esas semanas se habían ido en escoger decorado, artefactos eléctricos y electrodomésticos, muebles, lámparas y cuanto objeto a su esposo le pareciera necesario y atractivo, sin embargo, ella se sentía feliz porque todo lo escogían juntos, Marino no hacía nada si ella no estaba con él.Se había colocado un hermoso vestido bordado bastante sencillo en color blanco, solo con un pequeño adorno de mangas, que le quedaba a la altura de las rodillas, con unas sandalias beige oscuro y su cabello suelto con una cinta blanca en la cabeza y una cartera del mismo tono de los zapatos, porque ese mismo día, su suegra la había llamado amablemente, diciendo que habí
Amarantha seguía llorando destrozada, se sentía impotente en no poder tener control sobre la muerte, se lamentaba de las cosas sobre las cuales pudo haber tenido control en su vida, pero prefirió dejarlas pasar. El destino a veces se ensañaba cuando piensas que todo está solucionado. Su voz se volvió ronca del esfuerzo que hacía con su garganta.—¡No me dejes! Te lo suplico. Apenas te estaba encontrando, es ahora cuando estoy aprendiendo a anteponer a otro ser humano antes que a mí. No te vayas sin terminarme de enseñar. ¡Por favor Ernesto!—sentía que sus fuerzas mermaban, que su alma en cualquier momento se desprenderá de su cuerpo.Ernesto la observaba en silencio, pero con un nudo en la garganta que lo atoraba y hasta el aire le quitaba, le conmovía profundamente verla así. En esas tres semanas ella había sido su soplo
Cinco días despuésKarina había pasado unos días felices, su apetito había mejorado considerablemente y cada vez que se le antojaba comer algo, Marino movía cielo y tierra para conseguírselo. Mientras estaba en la oficina la llamaba más de cuatro veces al día, pendiente de su alimentación y cuando llegaba en la tarde luego de pasear y jugar con las niñas, se duchaban juntos y terminaban haciendo el amor apasionadamente.En cuanto a Amarantha, aunque tenía más acercamiento con la pequeña Tara, esta se le acercaba solo cuando veía a Katherine junto a ella, aún no permitía que la abrazara mucho. Cuando intentaba besarla, aprovechando que la alzaba le decía «Deja no me beches», sin embargo, cada vez que dormía ella no perdía la oportunidad de abrazarla y besarla, lo que no pod&ia
Karina, sin pensar ni un minuto más, se levantó de su asiento y lo besó, chupando su labio inferior. Hasta que llegó el mesero y los interrumpió, ella se avergonzó porque los encontraron besándose, su rostro era del color de una fresa. Marino la miró y no pudo evitar reírse ante la expresión de su chica. Hizo su pedido y el hombre se retiró.—Karina Amor, te di el anillo pero no conversamos de la fecha de matrimonio. Quiero que nos casemos lo más pronto posible, en dos semanas podemos hacerlo por el civil y el eclesiástico lo haremos después de que des a luz. No quiero esperar más para que seas mi
Marino terminó cediendo a su petición, pero en el fondo tenía la corazonada que no había sido buena idea, conocía bien a su madre y sabía que no se quedaría tranquila hasta conseguir lo que se proponía y ella por todos los medios quería probarle que su Kari no era buena para él, cuando era la mujer perfecta, jamás se iba a arrepentir de haberse enamorado de ella y volverla a tener en su vida, cuando pensó que la había perdido.—Karina amor—llamó tocando la puerta, porque a pesar de haber cedido a su petición, ella aún permanecía encerrada en el baño—¡Sal de allí! Por favor. Te estás portando como...—justo antes de terminar la oración, ella abrió la puerta. Tenía los ojos rojos señal de que había llorado.— ¿Me estoy portando co







