Masuk~ALEXANDER~ Por un instante me quedo paralizado. No sé qué pensar, qué decir o siquiera cómo respirar. Que me diga que buscaron justicia por su propia mano y se mancharon las manos de sangre sin remordimiento alguno es una cosa. Pero saber que tienen pensado hacerlo una vez más es otra distinta. —Mierda —digo finalmente cuando logro hablar. Me aparto unos pasos. Me llevo las manos a la cabeza y respiro profundamente, intentando calmarme y ordenar mis pensamientos. —Anna, debes pensar mejor las cosas —le digo—. No quiero que hagan lo mismo con ella. —Ella no va a detenerse —rebate—. No hasta que alguien la detenga. —Entonces encontraremos otra manera. —La justicia ya tuvo suficientes oportunidades. —No estoy diciendo que debamos sentarnos a esperar que alguien más solucione todo. Estoy diciendo que no quiero verte repetir lo que hicieron con Roddy. —Tú no entiendes. —No puedo entender todo lo que has sufrido, pero sí entiendo algo: Miranda ya te ha quitado demasiado. A Luka
~ALEXANDER~Lo que dice me cae como una piedra en el estómago. Durante unos segundos mi cabeza se llena de imágenes que no quiero tener e imagino lo peor.Aprieto la mandíbula y me obligo a no decir lo primero que me pasa por la cabeza. Ya hice eso una vez. Supuse, acusé y condené sin permitirle terminar una explicación. No pienso volver a hacerlo.—Explícame qué fue eso terrible que hicieron.Anna me observa con atención, casi sorprendida por mi reacción.—Cuando regresé a Múnich para el funeral de mi padre, Roddy vino a buscarme.Todo rastro de celos desaparece.—¿Qué?—Entró a mi casa. Me golpeó y trató de abusar de mí.Siento que la sangre me hierve.—¿Qué mierda?—No lo consiguió. Klaus y Hans llegaron antes, pero Roddy escapó.Me levanto y camino unos pasos intentando controlar la rabia que me invade. De haber tenido a Roddy frente a mí en ese momento, probablemente habría terminado matándolo con mis propias manos.—¿Por qué no me dijiste?—Porque tú llegaste al departamento de
~ALEXANDER~ Despierto lentamente y lo primero que noto es que Anna ya no está entre mis brazos ni en la cama. Abro los ojos y observo el espacio vacío a mi lado. Durante unos segundos me quedo inmóvil, recordando la noche anterior. Su cuerpo acurrucado contra el mío, su respiración volviéndose cada vez más tranquila mientras le acariciaba el cabello y aquellas palabras que todavía consiguen provocarme algo extraño en el pecho. «Todavía te amo.» No significó que me hubiese perdonado. Tampoco que hubiéramos regresado. Lo sé perfectamente. Pero escucharla decirlo fue suficiente para devolverme una esperanza que creía perdida. Me levanto, me pongo un pantalón y salgo de la habitación. No tengo que buscar demasiado para encontrarla. Está en la cocina. De espaldas a mí, concentrada en preparar algo frente a la estufa. Lleva una camiseta amplia y el cabello recogido en un moño desordenado. La observo durante unos segundos sin decir nada. Hay algo casi doloroso en aquella imagen. Dur
~ALEXANDER~ He decidido esperar hasta mañana para hablar con ella. Sé que parezco un descarado por quedarme en su casa sin una invitación formal, pero pienso tomar aquel «puedes quedarte aquí y quizá mañana hablamos» como autorización suficiente. No voy a insistirle esta noche. Después de todo lo ocurrido, lo último que necesita Anna es que vuelva a presionarla para obtener respuestas que ni siquiera ella parece tener todavía. Antes de entrar a la habitación de invitados, observo durante unos segundos la puerta cerrada de su habitación. Una parte de mí quiere acercarse, tocar y esperar que me deje entrar para abrazarla y hacerla mía una vez más. La otra, por una vez, consigue imponerse ante ese deseo. Ella necesita espacio. Así que entro a mi habitación, me cambio de ropa y me meto en la cama con la esperanza de que mañana podamos hablar con más calma. […] Toc, toc. Unos suaves golpes contra la puerta me despiertan. Abro los ojos desorientado y tardo un par de segundos en re
~ANNA~ Me quedo apoyada contra la puerta durante unos segundos, tratando de controlar el corazón que todavía me golpea con fuerza dentro del pecho. ¡Dios! Me llevo los dedos a los labios. Todavía puedo sentir el beso de Alexander, sus manos sobre mi cuerpo y esa maldita sensación que solamente él consigue provocar en mí. Estuve a punto de ceder. No. Estaba cediendo. La voz de Cristhian crepita a través de la línea. —¿Anna? La culpa consigue que se me forme un nudo en el estómago. Camino hasta la cama y me siento en la orilla. —Sí, estoy bien. ¿Y usted? —Bien. Se queda callado unos segundos. —La llamaba para contarle que Alexander estuvo ayer en mi departamento —dice. Me tenso al escuchar el nombre de Alexander proviniendo de su boca. «¿Será que sabe que él está aquí?» —Llegó borracho y preguntando por usted —agrega—. Durmió aquí y hablamos. Quería saber dónde encontrarla y terminé diciéndole que estaba en Múnich. Miro inmediatamente hacia la puerta cerrada. —Él está
~ANNA~ Me río con ironía y me llevo las manos al rostro. Comienzo a negar, moviendo la cabeza de un lado a otro, porque no puedo creer que sea tan cínico. —Alexander, debes dejar de… No termino de hablar. Se abalanza sobre mí y me besa, tomándome por sorpresa. Me acorrala contra la encimera y sus manos me toman con fuerza el rostro, mientras sus labios tratan de devorar los míos. —Suéltame —gruño, tratando de empujarlo con mis manos, pero es tan grande y tan fuerte que mi lucha es inútil. Con una tremenda agilidad, sus manos bajan hasta mis piernas, me levanta y me sienta sobre la encimera, abriendo mis muslos y colocándose en medio de ellos. Eso provoca que mi falda se suba hasta mis muslos. No deja de besarme en ningún momento. Continúo luchando contra él, pero sus brazos me aprisionan contra su cuerpo. —Di que no quieres que te bese —me reta, sin dejar de besarme—. Dilo y no te besaré más. Una de sus manos baja hasta mi trasero y lo aprieta con fuerza, hac







