LOGINValentina miraba fijamente a Natalia. Ambas estaban sentadas en la parte trasera del vehículo, pero todavía no le había indicado al chofer adónde quería ir. Su nueva guardaespaldas parecía bastante cómoda con la situación y, a juzgar por su sonrisa, tenía otros planes además de cumplir con su trabajo.—Señora Hart, me esforzaré mucho en mi trabajo —aseguró Natalia con una gran sonrisa.—Dime Valentina… —respondió ella, devolviéndole la sonrisa.—Okey, Valentina. Entonces, seamos amigas, ¿te parece? —preguntó Natalia sin borrar la sonrisa de su rostro.—¿Amigas? —repitió Valentina, desconcertada.No era que tuviera algo en contra de hacer nuevas amistades, pero después de lo que había pasado con Miranda, la idea de confiar en otra persona no le parecía tan sencilla. Su mejor amiga de tantos años había resultado ser una perra que se revolcaba con su novio, el mismo al que ella había jurado amar antes de terminar casada con Alexander. Y pensar que durante tanto tiempo había confiado cieg
Alexander se acercó por detrás de Valentina, la rodeó con los brazos y le dio un beso tierno en el cuello.—Te ves hermosa —susurró, mirándola a través del espejo.Valentina sonrió. Estaba feliz con su relación con Alexander. Nunca imaginó que podría llegar a sentirse tan bien al lado del hombre que una vez juró odiar.—Esta noche es la cena con los Evans —comentó, intentando mantener la sonrisa—. Le dije a Miranda que llegaría a las siete.Alexander suspiró y asintió. Seguía en desacuerdo con que asistiera a aquella cena, pero no pensaba prohibírselo. No quería imponerle sus decisiones ni demostrarle su posesividad de esa manera.—No le dije que me acompañarías —añadió Valentina.—¿Por qué? —preguntó Alexander, arqueando una ceja.Valentina se giró entre sus brazos y lo miró con expresión inocente.—Porque, si le decía, podría advertirle a Marcos Evans. Es mejor que tu presencia sea una sorpresa —explicó.Alexander asintió y se inclinó para darle un beso corto en los labios, complaci
Anthony Solís se encontraba en su departamento cuando recibió la invitación del Internado Real de Ashbourne. Al leer el nombre de la institución y la fecha de la reunión, una sonrisa se dibujó en sus labios. Dejó el documento sobre la mesa y volvió a leerlo, deteniéndose en el anuncio del reencuentro de la Generación Legado.—¿Doce años después? —murmuró—. ¿Acaso el poder de los Hart ya no es tan influyente?Se recostó en el sofá, sosteniendo la invitación entre los dedos. Le resultaba curioso que el internado decidiera organizar una reunión después de tanto tiempo sin dar señales de vida. Los Hart siempre habían tenido contactos e influencia suficientes para conseguir lo que querían, así que le costaba creer que aquella invitación fuera una simple coincidencia.….Alexander seguía despierto pasada la medianoche. Le resultaba difícil conciliar el sueño después de recibir aquella invitación del Internado Real de Ashbourne. No entendía cómo era posible que, después de tantos años, hubie
Alexander entró en la recámara justo cuando Valentina colocaba el álbum de fotografías en el librero.— ¿No descansaste? — preguntó al acercarse.Valentina se giró para mirarlo e intentó sonreír, pero no podía dejar de pensar en aquella imagen de Alexander cuando era adolescente. Había algo en su rostro que le provocaba una extraña incomodidad, aunque no lograba entender por qué.— Alexander, ¿en qué internado estudiaste? — preguntó Valentina.Alexander entrecerró los ojos, se acercó a ella y la observó durante unos segundos antes de responder.— En el Internado Real de Ashbourne — contestó.Valentina se quedó en silencio. Ese era el nombre que había leído en el álbum de fotografías, pero había algo más. Sentía que conocía aquel lugar, aunque no conseguía recordar de dónde. La imagen de los pasillos oscuros volvió a su mente junto con aquellos gritos que había escuchado, provocándole una sensación de inquietud.¿Por qué estaba recordando esas cosas? ¿Y qué tenían que ver con el intern
Valentina entró en la recámara de Alexander. Se sentía un poco cansada y, como habían decidido quedarse a comer con sus suegros, aprovechó que su esposo estaba platicando con Edward en el estudio para descansar un rato.Recorrió la habitación con la mirada. Aunque era diferente a la que compartía con Alexander en su propia casa, le gustaba descubrir esos pequeños detalles que formaban parte de los gustos de su esposo. Se detuvo frente al librero y sonrió al reconocer los mangas de romance que había visto anteriormente. Tal vez debería leer alguno. Así tendría algo más en común con Alexander y podría compartir ese interés con él.Sus ojos se detuvieron en un álbum de fotografías que descansaba en el librero. En la portada, el nombre Internado Real de Ashbourne y el año de la generación estaban escritos con letras doradas.— ¿Por qué se me hace familiar? — susurró Valentina mientras tomaba el álbum.Se sentó en la cama y comenzó a hojearlo. Había fotografías de los alumnos durante las a
Alexander y Valentina llegaron a la casa de sus padres. Amanda y Edward Hart estaban en el jardín disfrutando de unos aperitivos cuando los vieron acercarse.— ¡Alexander, hijo! — exclamó Amanda, emocionada.Se levantó de su silla y caminó hacia ellos para abrazarlo. Su hijo rara vez los visitaba, pues siempre estaba ocupado con los asuntos del corporativo Hart.— ¿Qué haces aquí? — preguntó al separarse de él.— Vine con mi esposa a visitar a mis padres — respondió Alexander, arqueando una ceja.Amanda se encogió de hombros y dirigió su atención a Valentina.— ¡Qué bueno que llegaste, Valentina! — dijo antes de abrazarla.— Alexander, ¡qué sorpresa! — comentó Edward, acercándose a ellos. Luego miró a Valentina y añadió—: Prepararon las galletas que pediste el otro día. Ven, vamos a comerlasAlexander arqueó las cejas al ver cómo sus padres tomaban a Valentina de las manos y la llevaban hasta la mesa, dejándolo atrás.— Se supone que el hijo soy yo… — murmuró, rascándose la mejilla.U







