MasukCon la contraseña cambiada, Alicia fue al estudio a imprimir dos copias del acuerdo de divorcio que le había mandado su abogado. No entendía por qué la defensa de Leandro era tan ineficiente. Había pasado un mes y el tipo seguía sin dar señales de vida con el documento. Ya que ellos le daban largas al asunto, ella firmaría su propia versión.En cuanto las hojas salieron de la impresora, Alicia tomó un bolígrafo y firmó sin dudarlo un segundo. Su letra clara reflejaba una determinación absoluta. De ahora en adelante, la contraseña estaba cambiada y el corazón blindado... saldría adelante sola.Acomodó los papeles en su lugar y se metió a bañar. Creía estar tranquila, pero en el instante en que el agua caliente le tocó el cuerpo, toda esa paz que tanto le había costado aparentar se desmoronó por completo. Las lágrimas empezaron a rodar en silencio, mezclándose con las gotas que le corrían por la cara.Tenía el alma rota. Le dolía haber sido tan débil, haber caído una y otra vez en s
Ya había oscurecido cuando Alicia salió de la casa de Tamara. En cuanto subió al carro, dejó los brazaletes que acababa de comprar en el asiento del copiloto y, al levantar la vista, se topó con el letrero del estacionamiento: "Avenida Aurora".La mente le viajó de golpe a las palabras de Victoria: Leandro le había puesto una floristería a Daniela en la zona más exclusiva de la avenida Aurora. Así que era ahí.Alicia apretó el volante con fuerza, poseída por un impulso ciego. Encendió el motor y avanzó despacio, barriendo con la mirada cada local de la calle. Y entonces, la vio. Era una floristería de fachada impecable. La entrada estaba inundada de arreglos en tonos rosa y blanco por la reciente inauguración.Estacionó del otro lado de la acera y se quedó mirando a la distancia, viendo el negocio a través del vaivén de la gente. El local estaba muy iluminada y, a través del gran ventanal, distinguió a un hombre de camisa blanca, agachado mientras cargaba una caja de flores.Era Leandr
La noche se le hizo eterna.Alicia permaneció recostada en la cama del hotel, con los ojos fijos en la nada hasta que el alba empezó a teñir la ventana. No era falta de sueño, sino que tenía la mente tan saturada que la calma se le escapaba entre los dedos.Desde que empezó a fijarse en Leandro, un torbellino de dudas e inseguridades que jamás había conocido la asaltó sin tregua, robándole la paz. Extrañaba a la Alicia de antes: esa que vivía ligera, que disfrutaba cada bocado y caía rendida en cuanto tocaba la almohada. Ahora, en cambio, el más mínimo parpadeo del pensamiento la hacía dar vueltas en la cama.En cuanto subió al avión esa mañana, la pesadez en sus sienes la venció. Se sumergió en un sueño tan profundo que cruzó todo el trayecto hasta el aterrizaje sin enterarse, siquiera, del vaivén del servicio a bordo.En cuanto bajó del avión, Alicia corrió a su casa a dejar las maletas. Se dio un baño rápido, se cambió de ropa y se comió un pedazo de pan para engañar al estómago an
A fin de cuentas, el matrimonio es una verdad que solo comprenden quienes la viven en carne propia.A Alicia le tomó un mes de descanso volver a pisar firme.Durante todo ese tiempo, Leandro se encargó de llevarla y traerla casi a diario. Y si le salía algún viaje de negocios, le dejaba un chofer asignado para que nunca tuviera que andar sola.En esos días, Alicia le repitió más de una vez que no hacía falta que se tomara tantas molestias, pero Leandro no dio su brazo a torcer. Él siempre le decía:—No tienes por qué preocuparte.Sin embargo, lo que él no sabía era que a ella no solo le daba pena incomodarlo... le aterraba mucho más la idea de enamorarse, de volverse dependiente y acostumbrarse a sus detalles. Sabía que terminaría haciéndose adicta a sus cuidados, y que cada vez le costaría más trabajo poner distancia.Una semana después de haber recuperado por completo la movilidad, Alicia viajó con las muchachas de la tienda a Costera para asistir a un congreso de certificación de a
A la mañana siguiente, Alicia se despertó muy temprano. Después de arreglarse, se puso una ropa cómoda pero formal, y se esmeró frente al espejo con el maquillaje.Se dio un toque de color en las mejillas y se perfiló las cejas con cuidado. Al ver en el reflejo que recuperaba su aspecto de siempre, una chispa que llevaba tiempo ausente volvió a iluminar sus ojos. Durante los días que estuvo parada por la lesión, solía verse desanimada, atrapada en sus propios pensamientos. Sin embargo, en ese instante, toda la angustia se había desvanecido. Tenía la mente puesta por completo en asegurar las ventas con sus clientes ese mismo día. Después de todo, a veces uno necesita ocuparse y tener metas para volver a sentir el impulso.Una vez lista, Alicia tomó su bastón y abrió la puerta. Al levantar la vista, vio a Leandro en el pasillo. Llevaba un traje gris oscuro de corte impecable y el cabello perfectamente peinado hacia atrás. Había dejado de lado el estilo relajado de los últimos días par
Alicia bajó la vista. Hacía apenas un instante, su bastón estuvo a punto de darle justo entre las piernas. Vaya... no había sido su intención. ¡Pero quién le mandaba a besarla de imprevisto en cualquier lugar! ¡Incluso si le hubiera pegado, se lo tendría bien merecido!Leandro le quitó el bastón de las manos, lo acomodó detrás de la puerta y se giró para decirle:—La próxima vez no seas tan dura. Si me lastimas, la que sale perdiendo eres tú.A Alicia se le encendieron las mejillas por completo.—¡Ya vete de mi casa!***Alicia llevaba poco más de una semana descansando, y varios clientes frecuentes que querían comprar bolsos habían estado esperando por ella. En cuanto se aseguró de que regresaría a trabajar al día siguiente, se comunicó con ellos de inmediato. Pasó la tarde entera hablando de los bolsos con sus clientes hasta que comenzó a oscurecer.Apenas soltó su celular con la idea de prepararse algo de cenar, escuchó desde la entrada el pitido del teclado de la cerradura digi







