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Seis Traiciones, Un Alfa
Seis Traiciones, Un Alfa
Author: September

Capítulo 1

Author: September
—Dentro de siete días retomarás tus funciones como Luna —aclaró con indiferencia.

Silas Blackthorn tomó el documento y me lo entregó para firmar. Todavía él suponía que era el formulario de autorización temporal para ejercer las funciones de Luna de la manada.

Solo faltaba mi firma para sellar nuestro destino, así que firmé sin sentir nada al respecto. Ni siquiera tenía ganas de volver a discutir el tema. Iris Nightingale pasaría a vivir en la casa principal bajo su protección. Nadie la llamaría intrusa.

—Calla.

Silas frunció el ceño. Mi silencio le irritaba, así que repitió mi nombre.

—Está bien —concedí.

Me detuve un segundo a mirarlo. Silas siempre cumplía sus promesas... o bueno, las que le convenían. Cada vez que me tocaba hacerme a un lado, me decía exactamente cuántos días iba a durar el chiste. Y cuando yo creía que ya era la última vez, volvía a pasar lo mismo.

Se acercó, me abrazó por la espalda y me dijo al oído el mismo cuento:

—Esta será la última vez. Pronto serás la única Luna.

Los machos que endulzan sus excusas son, sin excepción, unos mentirosos.

Noté su sorpresa al verme calmada. En el pasado, después de firmar la autorización, yo colapsaba. Lloraba a gritos hasta quedar afónica, dejando que mi loba se consumiera en el dolor.

—En esta ocasión, me mudaré al ala lateral... —empezó a decir.

—No. Me iré de la casa —lo interrumpí.

Asombrado, me observó. No podía creer lo que acababa de decir.

Se me quedó mirando, con los ojos muy abiertos. No se lo esperaba.

La primera vez que me pidió esto, armé un escándalo. Le tiré toda su ropa por la ventana, estrellé la lámpara de piedra lunar contra la pared hasta que se hizo polvo y le destrocé su abrigo favorito contra las espinas del portón. En toda la manada corrió el chisme de que había perdido la cabeza.

Para la tercera vez, terminé de rodillas, rogándole que me dejara aunque fuera una maleta cerca. Le lloré diciendo que el ala lateral era helada y que desde esas ventanas ni siquiera se alcanzaba a ver la luna. Me moría de miedo de que me dejara ahí olvidada y no volviera nunca.

Para la quinta vez, ya había aprendido a doblar sus camisas sin hacer ruido, a acomodarle su cinturón favorito en la maleta y a no estorbar para no ganarme un grito. Mis crisis, mis ruegos, mi obediencia... Siempre juraba que no pasaría de nuevo. Y yo siempre le creía.

Guardé otra blusa mientras me acordaba de lo que pasó hace tres días. Silas me llegó con un regalo: un collar de piedra lunar con plata negra, justo del estilo que a mí me gustaba. Sonreí con amargura. En su mundo, cuando se ponía lindo era porque venía un golpe fuerte. Esa fue la lección que me quedó después de caer cinco veces en sus mentiras.

La noche que me dio el collar no pude pegar el ojo. Le revisé el teléfono a escondidas mientras dormía. El primer mensaje era de Iris Nightingale.

Iris: Regresaré al territorio de Blackthorn el próximo miércoles.

Sus palabras marcaron el inicio de la sexta vez que debía hacerme a un lado.

Después de ver eso, abrí el chat con su hermano Nolan.

Nolan: Calla es muy buena contigo. No la dejes ir en esta ocasión. ¿Por qué le haces esto otra vez?

Y Silas le contestó sin rodeos.

S.B: Atacaron a Iris. Necesita protección. Sin el título de Luna, si se muda a la casa principal, la gente la llamará intrusa.

Nolan: ¿Y qué hay de Calla?

S.B: Es temporal. Ella siempre lo entiende.

Todo el dolor acumulado de tantas noches sin fin se hundió en un silencio profundo. No se había esfumado. Solo estaba muerto.

Me obligué a abandonar el recuerdo y parpadeé, volviendo a la habitación.

Silas me observaba. Bajo su mirada, acomodé la última ropa en la maleta. Tomé mi equipaje y caminé hacia la salida. Llevaba el propósito inquebrantable de dejar el territorio de Blackthorn para siempre.

Como si fuera un chiste del universo, el avión que había elegido para escapar también despegaba en siete días.

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