LOGINEn todo el camino hacia el territorio de la manada Vance, me estuve arrepintiendo de haber ido con él. Ese territorio quedaba al norte de Blackthorn y era tres veces más grande que el de la manada de Hale.Las enredaderas lunares subían por los muros de piedra de la casa principal. Los adornos de plata negra del portón brillaban bajo la luna y en lo alto ondeaba la bandera de la manada, con la insignia de un lobo plateado aullándole a la luna llena.Yo ya había estado en otros territorios de Alfas con Silas, pero, en comparación, la casa de Kael hacía que la de él pareciera un simple puesto de avanzada.—¿Qué pasa? —me preguntó Kael, de lo más relajado.Me llevé una mano al pecho.—Nada. Solo que me asusta tanta riqueza.Él se rio.—Tranquila. Viene muchísima gente de la familia, y la mayoría ni siquiera ha pisado este lugar. Tú solo sígueme. Eres mi compañera y nadie va a decir nada por eso.Le creí. Lo que menos me esperaba era encontrarme a Silas ahí. Kael me había asegurado
Desde ese día, Kael y yo nos volvimos inseparables. Freya me vivía reclamando que había superado a Silas demasiado rápido.—Obvio —le contesté—. ¿Para qué me voy a quedar estancada con alguien del pasado? El vínculo ya se rompió y mi loba por fin es libre.Freya me agarró por el cuello, jugando a la indignada.—¿Y quién está hablando de Silas? —me reclamó en broma.Me eché a reír y me liberé de su agarre.—Más tarde chismeamos un rato —prometí—. Hoy tengo planes con Kael en el lago.Freya se tiró en el sillón con un suspiro dramático.—Este mundo es muy cruel... —se quejó.Pero se despidió de mí con una sonrisa y un adiós con la mano. Ella era la que más quería verme bien. Cuando vio que ya estaba rehaciendo mi vida, me dijo que quería regresar al territorio Blackthorn para cerrar sus propios asuntos. Kael le ofreció trabajo y le consiguió un apartamento para que no tuviera que cruzarse con Iris. En cuanto Freya volviera, no iba a tener que lidiar nunca más con esa loca.A Fre
Freya entregó su apartamento a una agencia sin dudarlo, dejándoles a ellos el acoso de Iris. Empacó sus cosas a toda prisa y compró un pasaje de tren. Una semana después, nos encontramos en la estación del territorio de Hale.Mamá sonrió de oreja a oreja al verla.—Llegas justo a tiempo para sacar a Calla. Lleva tanto tiempo encerrada aquí que está a punto de criar moho —comentó.Freya, con su actitud juguetona de siempre, aceptó.Pero subestimé su rapidez. En menos de tres días conocía el territorio mejor que yo, a pesar de mis dos semanas de estadía. De algún modo, conoció a un montón de lobos jóvenes de la manada y encontró la forma de arrastrarme a reuniones distintas cada día.—¿Alguien que valga la pena para nuestra Calla? —inquirió Freya con entusiasmo al presentarme—. Necesita salir de las sombras.Alguien alzó la voz:—Entonces tiene que ser Kael. Pueden sanarse el uno al otro, ¿verdad, Kael?Todos voltearon a ver a un mismo punto, y un lobo se empezó a abrir paso entr
Apenas aterricé, saqué un número nuevo y cambié todas mis redes sociales. Corté comunicación con todo el mundo, menos con Freya.Volví al territorio de la manada de Hale, la tierra donde crecí y donde todavía estaban mis papás y mi gente.A mi mamá no le gustaba nada verme tirada en el sillón, pasándome las horas viendo videos en el celular y sonriendo como una idiota.—Sal un rato. ¿Qué haces aquí encerrada todos los días?—Ya desperdicié demasiados años con Silas, creo que con eso tengo —le contesté, jugando.Ella apoyó su frente contra la mía mientras me regañaba, pero terminó dejándome un platito con rebanadas de fruta lunar. La abracé por la cintura y le hice un puchero.—Los tengo a papá y a ti para cuidarme. Por eso me siento tan segura de volver, solo porque ustedes están aquí.Mamá puso los ojos en blanco.—Eres demasiado dulce —me dijo con ternura.Llevaba años esperando mi regreso porque conocía la fragilidad de mi vínculo con Silas, ese ciclo interminable de ceder,
El teléfono vibró otra vez. La pantalla se iluminó con su nombre: me estaba llamando. Atendí y permanecí en silencio, pero alerta.—Calla. ¿Dónde estás?Exhalé despacio para sacar la tensión del pecho. Mi loba dio una vuelta y luego se quedó quieta.—¿Se trata de Iris? —inquirí, con una calma que jamás creí posible mantener.—No. No acepté marcarla —se apresuró a aclarar Silas. Estaba al borde del llanto—. Hoy debíamos restaurar el puesto de Luna, ¿verdad? —Su voz vaciló. Sonaba dudoso. Esperaba mi respuesta.En todos mis años con Silas, nunca me había hablado así. Era el Alfa de la manada Blackthorn. El lobo más poderoso del Norte. Siempre fue un lobo orgulloso, recto, imponente. Incluso en nuestros años de relación, él tendía su mano desde arriba. Nunca de igual a igual.Era la primera vez que lo escuchaba suplicar.El infeliz conocía mis debilidades mejor que nadie. Sabía qué era lo que yo quería y cómo dármelo, pero nunca quiso hacerlo.Cuando trajeron a Iris al territorio,
Para evitar que Silas interfiriera, abandoné el apartamento a primera hora y me quedé en un hotel a unas cuadras del Consejo.Lo último que me esperaba era que la primera llamada fuera de Iris Nightingale.Yo ya conocía su voz de escucharla en el celular de Silas. Siempre sonaba suave, dulce, como la hierba lunar con el viento. Pero esta vez era otra cosa.—Calla Hayes —pronunció, con voz fría—. Seis veces, ¿puedes creerlo? ¿Aún no te has enterado de a quién ama en realidad?No respondí.—La primera vez dijiste que él era compasivo. La segunda, que no tenía otra opción. La tercera, que sería la última. —Se echó a reír—. Cinco veces y ahora seis veces. ¿Cuánto tiempo seguirás engañándote?Apreté el teléfono con fuerza.—¿Sabes por qué me elige? —continuó Iris—. Porque yo sí lo necesito. Tú no lo necesitas a él. Tú tienes tu territorio. Tu manada. La manada de Hale te respalda. Yo no tengo nada.—¿Y eso qué? —inquirí.—Por eso jamás te va a elegir —afirmó con tono sereno—. Solo







