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Capítulo 31

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2021-11-19 08:20:09

Maoy, Gabriel y Samuel escucharon atentos cuando Axel dio el último sorbo a su taza de café y la dejó en la mesita de enfrente.

—Los reuní porque necesito de su ayuda —los tres hombres permanecieron en silencio un momento mientras el rubio se aclaraba la garganta —Lo que pasó ayer me hizo comprender que mientras Franco esté en el pueblo nadie va a estar a salvo, ya sabemos que hay un grupo armado que él prácticamente ya exterminó, pero, ¿qué nos asegura que después de eso no llegue otro? ¿o que él comience a inculpar de manera paranoica a cualquiera de haberlos escondido o ayudado?  —Maoy se inclinó hacia adelante.

—Llevo varios años trabajando en el caso de Franco, tengo evidencia que inculpa a todos sus secuaces, pero él no, tiene excelentes coartadas y un historial limpio.

—lo sé —Axel se recostó en el respaldo de su mueble y cruzó las manos tras el cuello —peo yo si sé donde esconde todo lo que lo pueda inculpar —Samuel y Maoy se inclinaron hacia él.

—¿Estás seguro? —preguntó el enfermero, que estaba sentado junto a Gabriel, y el muchacho sintió como el hombre se tensó de inmediato. Axel asintió.

—Tiene una pequeña oficina en una de las veredas, allí guarda todos los datos sobre sus exportaciones, las transacciones de dinero en paraísos fiscales y los contactos que tiene en estados unidos y Europa, si logramos conseguir esos documentos , no solo caerá Franco, si no también toda la red de distribución que tiene desde el canal de panamá hasta España e Inglaterra.

—¿Franco transporta las drogas en barco? —preguntó Gabriel bastante interesado y su primo asintió, luego miró hacia lo cocina para ver que su madre no lo oyera.

—Cuando Ainhoa queda bien satisfecha abre mucho la boca —Maoy sonrió, samuel permaneció imperturbable y Gabriel puso cara de asco —lo cierto es que no va a ser fácil conseguir los papeles, la oficina tiene vigilancia las veinticuatro horas del día y está en un computador, tal vez tenga contraseña.

—Es lo más probable, pero si logro llegar hasta él podría extraer el disco duro —dijo Maoy y Axel frunció el ceño.

—Eso será otro problema, la oficina tiene una puerta de seguridad, Ainhoa me contó que solo tiene una pequeña ventana por la que entra luz, y ninguno de nosotros tres cabe por ella —Samuel meneó la cabeza al ver que Axel señalaba a los tres mayores solamente y luego miraba a Gabriel.

—Entonces yo lo haré —Dijo el muchacho y Samuel negó.

—No, no te arriesgarás de esa manera —le dijo y Gabriel puso una mano en su hombro.

—Puedo con un par de guardias mientras me escabullo por una pequeña ventana —le dijo y el enfermero volteó a mirar a Axel.

—¿Permitirás esto? Debe haber alguien más —Axel le apartó la mirada.

—Pensé en Irán al principio, pero no lo pondré en riesgo de esa manera, Gabriel sabe muy bien como defenderse si algo sale mal, y para que eso no pase es que los necesito a ustedes dos —Samuel agarró la mano de Gabriel con fuerza y él de devolvió el apretón. Gabriel lo entendía, él también tenía miedo, y si hubiera sido al revés también se hubiera preocupado hasta el punto de querer tomar su lugar, y ahí, en ese momento, agachó la cabeza y se preguntó desde cuando el enfermero le importaba tanto.

—Qué tienes en mente —le peguntó Maoy a Axel que se rascó la cabeza.

—Aunque solo haya un guardia, en cualquier momento pueden ver a Gabriel, incluso cualquier persona de la vereda de los que apoyen a franco lo puede delatar, así que necesitamos una distracción. ¿alguna idea? —los demás presentes se quedaron en silencio, pensando.

—Tiene que ser algo grande —dijo Gabriel. Amelia entró en la sala con una bandeja llena de buñuelos y la puso en la mesita de enfrente.

—Tendrás que irte, mamá —le dijo Axel y ella asintió —si las cosas se ponen feas sé que franco es muy capaz de hacerte daño, y a tomás.

—Sé que papá los recibirá por el tiempo que sea necesario —le dijo Gabriel y la mujer le acarició el cabello.

—Si las cosas salen mal, ni allá podremos escondernos de él, pero me iré con Tomy si los hace sentir más tranquilos —se sentó junto a Gabriel y tomó un buñuelo que se llevó a la boca —sé que distracción podría servir —los cuatro hombres se giraron hacia ella y se tomó su tiempo en comerse el buñuelo y contarles su idea —la semana pasada se hicieron las deshierbas en los cultivos de Franco, me lo contó uno de sus trabajadores mientras compraba en la tienda, dijo: el rastrojo estaba tan alto que me llegaba a la cintura. A estas alturas debe de estar muy seco, si siguen haciendo días despejados y soleados.

—Y eso qué —preguntó confundido Maoy.

—Que —Amelia dio un sorbo a la taza de café que había dejado Axel —sería muy triste que todos esos cultivos se perdieran por que el pasto seco se incendie —todos se miraron a la cara con cara de bobos.

—Pues, si esa distracción no funciona —Dijo Samuel — al menos haremos mucho daño a la economía de Franco.

—Amen —soltó Gabriel y todos sonrieron.

—Bien —Axel se puso de pie —los pormenores los aclararemos luego. Gracias, chicos —Maoy se puso de pie y estrechó la mano el rubio.

—Gracias a ti por decidirte a hacer algo —le dijo —este pueblo será nuestro nuevamente.

……………………          ………………..         …………….

Amelia había empacado las maletas, había tomado a Tomás y se había ido entre lágrimas y brazos hacía un par de horas, y Gabriel notaba que Axel aún seguía triste y distraído. Estaban en medio de la sala, la reunión había sido el día anterior y ahora tenían cada detalle perfectamente planeado, pero su primo se veía distraído.

—¿Pasa algo? —preguntó y Axel lo miró.

—¿Y si no logramos enviar a Franco a la cárcel? Nos matará —Gabriel negó con vehemencia.

—Escuchaste a Maoy, él llamará a la policía y al ejército, llegarán al pueblo al tiempo que nosotros con la información, si algo sale mal y no la tenemos, ellos mismos se encargarán de sacarnos ilesos de aquí —su intento por tratar de menguar el nerviosismo de su primo solo consiguió producirle una expresión triste.

—No sé qué es peor —apretó los puños — si morir o huir de mi tierra como si fuera yo el que estuviera haciendo algo malo. Creo que la impotencia y la humillación me mataría.

—Te entiendo —Gabriel apoyó la mano en su hombro —Pero todo va a salir bien, entraré a la oficina, sacaré los documentos los entregaremos a la policía y al final del día de mañana franco va a estar en camino hacia una celda en los estados unidos, lo prometo —Axel iba a contestar algo, pero las campanas de la iglesia comenzaron a sonar estrepitosamente. Gabriel miró el reloj del celular y frunció el seño —son las tres, ¿la misa no comienza a las seis? —cuando vio la cara de terror de Axel se le cortó la respiración.

—Escucha —le dijo. Las campanas seguían sonando con un ritmo particular que Gabriel nunca había escuchado, dos lentas, dos largas. Axel salió corriendo hasta la ventana que daba al parque y Gabriel lo siguió. Las personas comenzaban a caminar hacia el atrio de la iglesia, donde dos camionetas del narcotraficante estaban apostadas frente a él. Gabriel logró ver como varios hombres armados sacaban a las personas de las tiendas y negocios, enviándolos al parque.

—Irán está en la tienda —dijo Axel y salió corriendo escaleras abajo, seguido por los pasos de Gabriel que no entendía nada de nada.

—¿qué pasa? —preguntó al llegar a la tienda. Axel señaló a Irán y le ordenó:

—Vete a casa, ¡Ahora! —El muchacho se metió el celular al bolsillo y salió corriendo de la tienda dirigiéndole una mirada de terror a Gabriel.

—Axel —el mayor miró a Gabriel, tenía la respiración agitada —¿Qué está pasando?

—Cuando Franco comenzó a tomar el poder, esa alarma —señaló a la iglesia que se veía desde ahí —se usa para ejecuciones públicas.

—¡Qué? —Gabriel palideció un par de tonos —¿Cómo han permitido eso? —le dijo y Axel volcó los ojos.

—Como si pudiéramos hacer algo. Mejor ve arriba antes de que…

—¿Acaso no escucharon el llamado? —una voz que venía de la calle los hizo girar, uno de los hombres de franco estaba parado ahí, con un fusil en la mano, era el que tenía la cicatriz en la cara —ambos —añadió y continuó a la siguiente tienda. Gabriel miró a su primo, y este lo envolvió por los hombros.

—Solo lo no mires a la cara —le dijo y lo empujó en dirección al atrio de la iglesia donde ya se habían reunido más de cien personas.

Cuando llegaron Gabriel pudo ver a Franco, y casi no pudo reconocerlo, traía una camisa negra de mangas largas mal acomodado y unos pantalones oscuros de vestir, tría el cabello revuelto y grandes ojeras que hacían lucir en su expresión una oscura calavera. Cuando estuvo más cerca logró ver a dos hombre arrodillados frente a él, uno tenía ropa de campo y el otro estaba vestido como el panadero del pueblo, y cuando levantó la cabeza Gabriel vio que, efectivamente, era el panadero del pueblo; un hombre amable y delgado que parecía siempre estar de buen humor. Cuando miró al público, Gabriel vio en sus ojos la sombra del miedo y la muerte, y pareció perder la fuerza de las piernas. Si no hubiera sido por Axel, que esta muy cerca, hubiera caído al suelo.

—No los mires a la cara —le repitió su primo y Gabriel le quitó la mirada al hombre.

—¿Cómo permiten esto? —le preguntó y Axel le hablo de cerca.

—Cuando franco llegó, hacía esto a menudo, un par de veces al año, lo hacía para generar terror y mataba a obstáculos que no le permitieran avanzar, soplones que lo denunciaban o campesinos que se negaban dejar sus cultivos por sembrar los suyos, y dime, ¿Quién se va a oponer? —le señaló con la mirada los alrededores y Gabriel miró, había unos diez hombres de franco armados hasta los dientes. Siendo así, nadie sería tan tonto como para intentar hacer algo.

Otro pequeño grupo de personas se unió a la multitud. El hombre reunía a la mayor cantidad de personas posibles para difundir con rumores su reinado del terror. Gabriel, en un arrebato de ira, sacó su celular y comenzó a grabar, y con disimulada actitud lo metió en el bolsillo derecho de su camisa, donde solo la cámara quedara expuesta. Trató de buscar a Samuel entre la multitud, pero lo lo halló.

Franco levantó la cabeza con orgullo, se secó el sudor de la frente mientras se peinaba hacia atrás los cabellos entre canosos y todos contuvieron el aliento, avanzó un paso y sin tiempo a que Gabriel pudiera cerrar los ojos o apartar la mirada, le disparó en la cabeza al desconocido con la mirada fría como una hiena. Fue la imagen que atormentó a Gabriel por varios años: el sonido del cráneo al romperse, la niebla rosa que cubrió el ambiente, el olor a sangre y ruido del cuerpo al caer al suelo. El hombre, en su faz, tenía la expresión más absoluta de terror. Y así se quedó. El panadero soltó un sollozó y comenzó a llorar en silencio.

—Este hombre —dijo Franco señalando el cadáver con el arma —o lo que queda de él, era el líder de los Rolos, como se hacía llamar el grupo armado que pensó que tenía al derecho a tomar lo que me ha costado conseguir todos estos años —su acento español estaba más marcado de que nunca, y aunque en su cuerpo se notaba toda la atención de aquella terrible semana, su voz estaba calmada, rasposa, como un susurro que se lleva el viento, a Gabriel se le erizó la piel —Hoy se acaba este patético intento  — continuó — y he de arrancar de raíz el mal que se ha colado entre vosotros —apuntó con el arma al panadero y el pobre hombre dio un respingo —este, que se hace llamar vuestro vecino, vuestro amigo, a albergado en su casa a la escoria que intentó romper la armoniosa vida que llevamos todos —tenía en la cara una sonrisa de arrogancia que a Gabriel le produjo una ira oscura —por eso, he de tomar la justicia en mis manos y liberar al pueblo de este tipo de traidores a su gente —levantó la voz con tanta fuerza que muchas personas dieron un paso atrás — ¡Habrá alguien aquí que atestigüe que este hombre no fue el que escondió a los Rolos en su casa durante toda esta semana? —el silencio de la multitud fue la única respuesta, y con una sonrisa en la cara el hombre volteó y le disparó en la frente al panadero que cayó hacia atrás en una convulsión violenta que se detuvo de inmediato. Ese era como un acto de humillación total, como la cadena invisible que esclavizaba a cada Florentino, la arrogancia con que se movía en el cuerpo de franco les gritaba a todos: Mírenme aquí, todo poderoso, después de matar a estos dos hombres, ¿y qué van a hacer al respecto?

Gabriel guardó su celular después de pausar el video, él sí pensaba hacer mucho al respecto.

DiegoAlmary

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