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Capítulo 30

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2021-11-15 10:51:12

Axel sentía una gota de sudor que le bajaba por la frente, pero si soltaba el brazo del hombre este caería sobre Melissa y complicaría la operación.

—¿Está seguro que no quiere anestesia general? — preguntó la doctora y el hombre le gritó algo inentendible para Axel. La tormenta golpeaba el pueblo con violencia, los truenos hacían vibrar la tierra y había gotas de agua que se colaban por el techo y hacían un charco enorme en el suelo —La bala tiene agujero de salida —dijo Melissa más bien al aire —solo hay que detener la hemorragia y estará bien. Axel miraba alerta todas las entradas, presintiendo el contra ataque en cualquier momento. Hacía una media hora, estaba terminando todo en la farmacia para irse a casa cuando la enfermera, Laura, llegó corriendo hasta él con las mejillas pálidas y sudorosas. Axel comprendió de inmediato que algo andaba mal.

—Llegó un herido de bala en costado, Melissa te necesita por que Samuel no está —la mujer hablaba muy rápido y Axel tubo que tomarla por los hombros.

—¿Quién es el hombre? —le preguntó y ella negó.

—No sé, pero tiene botas y ropa de campo, parece de…

—Vete —le dijo el hombre y ella lo miró extrañado —vete ahora, no importa que esté lloviendo, busca ayuda ¡Ahora! —la enfermera salió corriendo sin dejar rastro. Cuando Axel llegó a urgencias, había un hombre con un arma que apuntaba a la cabeza de Melissa mientras ella trataba, con manos temblorosas, de detener la hemorragia de una herida a un par de centímetros bajo la axila. Cuando el hombre lo vio, le apuntó con el arma y Melissa lanzó un grito.

—Trabaja aquí, trabaja aquí —el hombre, con la cara pálida y ojeroso, regresó el arma a la cien de la doctora y Axel había sentido una rabia mesclada con miedo, como cuando Ainhoa había secuestrado a Tomás. Había terminado sosteniendo en el aire con ambas manos el brazo del sujeto para que Melissa pudiera trabajar, pero con todos los sentidos alerta. Ese hombre pertenecía al grupo armado que franco estaba tratando de eliminar, y terminaría su trabajo fuera donde fuera,  y no lo dudó ni por un instante cuando escuchó la puerta de urgencias ser pateada con violencia. Soltó la mano del hombre mientras levantaba a Melissa por debajo de los brazos y empujar con el pie al hombre que soltó un alarido cuando cayó al suelo. Axel puso de pie a la doctora y ambos vieron con horror como dos hombres de Franco, con armas en mano y totalmente empapados, entraron por la puerta apuntando a su dirección. Los disparos se mesclaron con los truenos, y Axel vio como uno de los hombres recibió un balazo en la frente, cayendo automáticamente al suelo. Tomó de la mano a la mujer que gritó un par de veces, pero que lo siguió sin rechistar, y solo cuando cerró la puerta del consultorio a sus espaldas dejó escapar el aliento que tenía atorado en los pulmones.

—¡Qué haremos? —le gritó ella y Axel la instó a que se callara.

—Nada —la tomó y la atrajo hacia él —esperaremos que el hombre de franco, creo que era Felipe, lo mate y vaya de aquí —la doctora asintió, estaba más pálida de lo normal y el cabello negro se le quedaba pegado a la cara.

—¿Y si lo matan a él primero? —preguntó alterada y otro par de disparos interrumpieron el intento de Axel para que conservara la calma. Se formó un silencio, tan penetrante que la mujer se acercó más a Axel en busca de protección. La lluvia había amainado un poco, y el corazón de ambos se detuvo cuando escucharon unos pasos que se acercaban. Axel le puso los dedos el los labios para que no hiciera ningún ruido y ella sintió con los ojos bien abiertos.

—Si me he de morir, me los llevo a ustedes dos conmigo —dijo la voz del hombre herido y Axel sintió como se le bajó la presión, le temblaron las piernas y tuvo que agarrar a la mujer para no caer al suelo, por suerte pareció que la protegía en lugar de que se sostenía de ella. Los pasos del hombre se escucharon frete a la puerta y se detuvieron y Axel aguantó la respiración. ¿Qué haría Gabriel? Se preguntó. Seguramente abriría la puerta y en un par de segundos tendría al hombre sometido, pero él no era Gabriel, y el enano aún no le había enseñado nada. La perilla de la puerta comenzó a girar y ambos la miraron de golpe. Axel tomó los hombro de Melissa y la zarandeó.

—Correrás detrás de mi —le dijo, en un susurro tan suave que temió que no lo oyera, pero la doctora, pálida y sudorosa asintió con la cabeza. Axel dejó de darle la espalda a la puerta y la encaró, tomó de la mano a la mujer y cuando el hombre tras ella giró el pomo, Axel agradeció que esta abriera hacia afuera. Con sus uno ochenta y dos metros y 93 kilos pateó la madera con toda la fuerza que tenía. La puerta golpeó al hombre que lanzó un grito de dolor y cayó un par de metros más allá. Axel salió corriendo sin mirar atrás, con la mano de Melissa entre la suya y prácticamente la arrastró por el pasillo. Los pues de ambos se resbalaban por el suelo húmedo y cuando doblaron la esquina, un par de disparos rompieron fragmentos de concreto y ladrillos que los golpearon.

Afuera la lluvia comenzaba a caer con violencia nuevamente, y mientras bajaban por las escaleras ya estaban empapados. Junto a la carretera , había materiales de construcción con los que estaban haciendo unas renovaciones, y Axel tomó un palo de madera de un metro de largo y jaló a Melissa calle abajo, pero se detuvo.

—¡Sigue corriendo! —le gritó ella, pero él negó mirando hacia abajo.

—No alcanzaremos a llegar hacia la esquina antes de que estemos en su línea de tiro —le dijo y le temblaba la voz al hablar, miró para ambos lados, y aceptó la idea con desgana a ver el hueco, de unos cincuenta centímetros, que separaba el hospital con el comité de cafeteros. Empujó a Melissa que se dejó introducir en el espacio y avanzaron hasta quedar a un metro de la orilla. El rastrojo le enredaba las piernas, y Axel pensó que había sido una mala idea, si los descubría, no tendrían a donde ir y los acribillaría allí, acorralados. La lluvia no se escuchaba tan fuerte afuera, y la sombra del hombre cuando salió del hospital se mescló con sus pasos. Axel dio un paso a tras y Melissa se apoyó en su espalda, a lo que él la acunó con el brazo. Axel, con el palo en un mano y el cuerpo tembloroso de Melissa en la otra, estaba contando los pasos del hombre que se acercaba con el arma dispuesto a matarlos. Miró a Melissa a la cara, estaba pálida y tenía sangre en la cara, el hombre los quería muertos, seguro al pensar que ellos lo habían delatado. Axel jamás había sentido tanto miedo como cuando el hombre asomó a su campo de visión, se detuvo frente a ellos mirando hacia abajo, el agua le escurría por la espalda y se notaba un ronquido en su respiración, seguro la bala le había perforado un pulmón, y había perdido mucha sangre y estaba mareado, se notaba por el balanceo errante que tenía, así que se quedó ahí, quieto, y luego volteó a mirar hacia ellos, con la mirada perdida y asustada levantó el arma y les apuntó, y Axel instintivamente cubrió a Melissa con su cuerpo, la respiración se le cortó al igual que el palpitar del corazón, podía sentir cada gota que le caía por el cuerpo, cada vibración, y entonces pensó en Tomás, en sus mejillas sonrojadas, su carita redonda y lo tierno que era cuando, en la noche, le acariciaba el cabello a él para poder conciliar el sueño ¿A quien acariciaría para poder dormir si él no iba a estar más? Los ojos se le llenaron de lágrimas, y no pudo ver con claridad la cara de su asesino.

—Mi hijo solo tiene tres —le dijo, en un susurro medio suplica mientras apretaba el palo con fuerza, si iba a morir, moriría peleando. Extendió la mano hacia el hombre para intentar calmarlo. Estaba a unos tres metros de él, si salía corriendo en su dirección el hombre alcanzaría a hacer, por lo menos, dos disparos, solo tenía que proteger su cabeza, si él moría antes de derribarlo, Melissa también. Le dio un apretón a la mujer como única despedida y se preparó para lanzarse con todas sus fuerzas, pero el hombre dio un paso atrás, miró a los ojos Axel y se apuntó en la cabeza jalando el gatillo.

Una niebla rosa cubrió la calle por un segundo, pero el agua y el viento se la llevaron en seguida. Axel cayó de rodillas, los pantalones se le llenaron de barro, pero él logró respirar y su corazón volvió a latir. Melissa lo abrazó por los hombros y enterró su cara la espalda de él.

—Gracias —susurró. Y Axel cerró los ojos.

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