LOGINNo tardó en llegar, lo supe cuando tocaron a la puerta de la habitación, ya sabía que era él. Franco se asomó después de que di la orden de que pasará, y haciendo ver el tipo de lentes con traje, asentí para que nos dejará solos y poder charlar en privado. Aunque Franco era de toda mi absoluta confianza.
— Charlie — me acerqué para saludar con un apretón de manos y un abrazo fuerte al abogado—. Tanto tiempo sin verte.
— ¡Diablo! Me da un gusto volver a verte — responde al igual —. Vine en cuanto me dijeron que me ocupabas de mis servicios. ¿Para qué soy bueno?
Él sabía que cuando yo lo mandaba a llamar era para algo ilegal, algo nada referente a las empresas.
— Necesito que envíes a investigar algo, bueno, más bien a alguien — digo —. Ocupo que recaudes toda la información de una mujer, que trabaja en el club de Julie.
— ¿Una puta? — hace un gesto — Es muy raro en ti, que pidas algo así en una mujer.
Me apoyo en mis brazos para inclinarme en el sofá; ya me encontraba sentado.
— No es cualquier mujer, solo haz lo que te estoy pidiendo — gruño, molesto, saben bien que odio que me cuestionen así.
— Está bien, está bien — pone sus manos en rendición. — Lo que el Diablo pida.
Le doy la poca información que tengo de ella, y la descripción de su físico. No más de recordarlo, ya me había puesto caliente, me hacía falta un polvo para tranquilizarme un poco. Pero no lo iba a hacer hasta que llegara a Italia.
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El lunes por la mañana llegué a Italia, me sentía algo agotado porque no había dormido en toda la noche, estaba planeando por videollamada con mi amigo toda la estrategia que teníamos pensado hacer. Ya que estamos preparando el siguiente cargamento, claro estaba a que les íbamos a poner una trampa. Todo eso lo iba a ver con él en cuanto llegara a Italia y también ir a ver a esos tipos para interrogarlos.
Cuando ya estaba reunido con mi equipo de confianza, nos reunimos en la sala que tenía equipada para nuestras reuniones, era en el sótano de mi casa, era un cuarto enorme, teníamos computadoras, pizarras, una mesa central grande con sillas, aquí planteábamos los ataques, los cargamentos, y todo lo relacionado con la organización.
También teníamos otra habitación ubicada en el mismo lugar, pero esa estaba equipada con armas, y todo lo relacionado con entrenamientos, era un gimnasio al igual grande. Esos dos lugares se encontraban en el subterráneo de mi mansión; eran los más restringidos. Solo tenían permiso de pasar mis hombres de confianza y los demás tenían que pasar con permiso, ya sea de Iván o mía. Ese sitio estaba bien asegurado, no era fácil entrar, había guardias por todos lados, como por fuera y por dentro de todo mi territorio.
Después de llegar a unas ideas y estrategias que planeó mi equipo, me levanté tomando mi arma para salir de ahí e irme a visitar a mis queridas visitas, que se encontraban en los calabozos. Ese lugar lo tenía fuera de la mansión, muy retirado, se encontraba por unos pasillos largos del patio trasero, que te llevan a hasta ese sitió. Iván, León y Enzo me acompañan.
Al llegar, me doy cuenta de que ya los tenían listos, como acostumbraba a pedir que los pusieran. Se encontraban colgados de las muñecas con unas caderas, sus cuerpos estaban colgando, ya estaban golpeados y un poco torturados.
Cuando me encuentro frente a ellos, les habló en ruso para que me puedan entender.
— ¿Para quién trabajan exactamente? — les pregunto y uno de ellos responde que para los Smirnov, niego con la cabeza — respuesta incorrecta — tomo mi navaja y me acerco al que no hablo y le corto un dedo del pie, soltando un bramido de dolor, mientras sale un chorro de sangre donde corte—. ¿Ahora sí me darán una buena respuesta? —El tipo que hablo vuelve a decir lo mismo—. Bueno, sí, así lo quieren — vuelvo a cortarle, pero dos dedos más, al mismo hombre, solo grita y lloriquea, es un grito desgarrador y de sufrimiento—. ¿Ahora sí? No tengo su tiempo. Los siguientes serán de la mano. — digo mientras limpio mi navaja con la ropa que trae el tipo puesta, el hombre no dice nada, así que para animarlo, le corto un dedo de la mano, y uniéndose al otro con sus bramidos — Ya me están cansando, y les advierto que hoy no tengo nada de ánimos de jugar — cuando voy a cortar de nuevo otro de sus dedos de la mano, uno de ellos habla, diciendo que me dirá todo si los dejo ir, les digo que sí para que hablen, y claro como yo no soy un tipo misericordioso, pues ahí muere mi palabra.
Los minutos pasan, y puedo creer que hasta pasó más de una hora. Se me ha hecho eterno. Mi trasero ya se entumeció de tanto estar sentada en un inodoro. Me levanto y salgo de ahí. Mi amiga aún no responde, y eso quiere decir que tal vez no ha visto mi mensaje o aún no termina con su asunto. Tendré que ir a buscarla porque no se detendrá si no la obligo . Lo que quiero es irme ya.Salgo del servicio de damas, pero primero me cercioro de que esos sujetos no andan por ahí cerca. Rezo por ello y avanzo hacia fuera. Cuando voy por los pasillos y llego hasta el mostrador de bebidas, no veo a Mika por ningún lado. ¿En dónde rayos se ha metido? Le pregunto a la chica que nos atendió al principio, pero no logra decirme casi nada, solo que la vio irse hace unos minutos con un tipo por el rumbo contrario de donde venía yo. No me dice exactamente qué lugar es ese y por qué motivo se fue allá. Le doy las gracias y me giro para ir hacia ese lugar. Es un pasillo largo. Más adelante veo unas puertas a
Lillie—Insisto en que debemos irnos —digo cuando entramos al sitio al que mi amiga me arrastró—. No me agrada este lugar.—Deja de quejarte. —Jala mi brazo para que avance—. No nos vamos a quedar, solo comprobaré si me está engañando y después nos iremos.Resoplo molesta.Mi amiga se está obsesionando con ese tipo. Es la primera vez que hace esto. Nunca había llegado hasta el punto de vigilar a uno de sus conquistas o novios o lo que sea que signifiquen para ella.El lugar es muy distinto al que solemos trabajar. Este sí es un table dance, pero de esos de baja . En donde nosotras trabajamos solo bailamos sin quitarnos la ropa y otras chicas ofrecen servicio de compañía. Acostarse con los clientes no está permitido. Aquí, al parecer, es lo contrario. En la pista de baile hay chicas semidesnudas y otras sentadas al lado o sobre sus clientes. Ellos les meten mano. Hay algunos que hasta sexo tienen en los pasillos, lo digo porque ahorita pasamos a una pareja gimiendo mientras se movían pe
Ella está muy furiosa, y parece que saca chispas de sus ojos. En cambio, yo no dejo de sonreír.—¡Imbécil! —sisea entre dientes.Sonrío aún más.—Me encanta cuando te pones así. —Llevo mis manos a los bolsillos del pantalón y me inclino un poco hacía ella, que aún se encuentra frente a mí—. Eso hace que mi falo se prenda más. —Con una media sonrisa, le guiño un ojo.Se queda boquiabierta. Cuando procesa todo lo que dije, bufa y se gira por completo, alejándose. Me carcajeo por su reacción.—¡Largo! —Se gira para verme—. ¡No eres bienvenido aquí!—Tu familia no pensó lo mismo hace unos días.—Cínico, sinvergüenza, engreído. ¡Te odio! —Lanza sus puños a mi pecho, que golpea, mientras me insulta con todos esos apodos que me ha puesto.Mi sonrisa se borra al momento que la veo a punto de llorar. ¿Es por su mamá que llora? ¿O yo lo provoqué? Soy un maldito imbécil, merezco que me odie de por vida. Agarro sus muñecas y la atraigo a mis brazos para abrazarla. Ella comienza a sollozar. Acarici
DantePor fin será mía. Al fin. Solo no entiendo por qué no estoy emocionado como pensé que lo estaría. El propósito siempre fue ese, hacerla mía, tenerla por una noche, satisfacer mis instintos más salvajes, poseer ese exuberante cuerpo y hacerla gritar mientras la follo duro. Pero ¿qué me ha hecho cambiar?Estoy molesto, pero más que nada conmigo, ya que empiezo a sentir algo por esa chiquilla. Ese no soy yo. Quiero hacer eso, tomarla y hacerla mía a la fuerza, pero muy en el fondo algo me dice que no lo haga.Estos días llegué a pensar en qué se sentiría tener a alguien a tu lado, una relación, algo estable, una novia o quizás a una esposa, una mujer a la que consentir, y compartir cosas con ella en vez de tener sexo, hacerle el amor, dormir abrazados y tal vez formar una familia.¿Y por qué no? Será porque soy un maldito asesino, un mafioso que está lleno de enemigos y que podrá correr con el mismo destino que el de sus padres. En vez de que me hagan daño a mí, se lo harán a ellos.
Lloro sin parar en mi habitación. Me encerré para que mi madre y mi hermana no se enteraran de nada. Tengo que hacerlo por ellas, que dieron todo por mí. No puedo dejarlas solas cuando más me necesitan. No tenía muchas opciones. También debía ese dinero, y por esa razón él me acorraló en el baño del hospital. Si le doy lo que tanto me ha pedido desde que lo conocí, tal vez después me deje en paz y se marche para siempre de nuestras vidas. Solo será una noche, solo una noche.¿En realidad quiero eso? ¿Quiero que se vaya? Ya no sé qué es lo que quiere y qué no.Me duermo por un instante, pero tengo sueños extraños. Es una casa enorme y parece ser de las afueras. De repente, un hombre de cabello oscuro, piel bronceada, tatuado, aparece. No veo su rostro. Me recuesta en un escritorio y me agarra de las piernas. Yo solo sollozo. Él desabrocha su pantalón y lo baja para tomarme a la fuerza, sin contemplaciones ni nada, mientras grito con desesperación. Lloro de nuevo cuando me despierto. Sud
LillieMe dejó desconcertada con toda su falsa actuación. Mi familia se creyó toda la amabilidad que les demostró. Además, alucinan con él. Por ese lado, las comprendo. Puedo decir que en alguna otra ocasión también pasó conmigo, pero no tengo que dejar que eso vuelva a ocurrir. No puedo darle gusto en lo que él quiera. Si lo hago, creerá que tiene todas las de ganar conmigo y pensará que ya me tendrá comiendo de su mano. Tengo que pensar con inteligencia y astucia. Necesito hacerlo, ya que todo esto me confunde. No puedo creer que en tan poco tiempo que tiene de haberse ido ya lo comienzo a extrañar. Es algo estúpido y sinsentido, pero algo en mí cambia.Tengo dolor de cabeza por no haber dormido muy bien. Mi mente no dejó de pensar en él, así que no logré conciliar el sueño. Mi hermana me dio algo para el dolor. Me encuentro con ella en la cocina preparando el desayuno. Hoy es domingo, por lo que no trabaja, de modo que le toca cocinar.—¿Todo bien? —le pregunto cuando la noto distra