LOGINEl día más esperado ha llegado. Tuve que faltar a clases para presentarme temprano en el hospital. Mi hermana pidió cambio de turno, así que trabajará hasta la tarde y noche. Yo me quedaré todo el día con mi madre, ya sea en la sala de espera, sino me permitirán quedarme con ella en su habitación. Entraron al quirófano desde las siete de la mañana. Ya será mediodía y aún no nos tienen respuesta de nada. Después de una hora más en espera de alguna noticia, sale el médico encargado de la operación de mi madre, dándonos las buenas noticias de que todo salió bien y de que solo falta que se recupere y tome por un tiempo el tratamiento. Nos informa las indicaciones y todo lo que se tiene que hacer, también nos sugiere que nos vayamos a casa, que por el momento no puede recibir visitas, pues la pasarán a un cuarto porque aún se encuentra en terapia intensiva para tenerla todo el día en chequeo por si responde con algún inconveniente. Dijo que, aunque había reaccionado bien a la operación, aún podía haber alguna irregularidad.
Dejo a mi hermana a solas con el médico para que hablen de algunas cosas más referente al bienestar de mi madre. Me voy en busca del baño, ya que llevaba un buen rato esperando para ir por no despegarme en ningún momento de la sala de espera.
Para mí fortuna, el baño se encuentra vacío, solo hay una señora que limpia los lavabos. Termina y sale en el instante que yo ingreso. Entro en el último cubículo para hacer mis necesidades. Hoy visto una falda suelta de tablones y una blusa corta que deja ver un poco mi ombligo. Me gustan mucho las faldas, y como hoy hace mucho calor, opté por ponerme algo fresco y cómodo porque sabía que estaría aquí horas. Finalizada la tarea, me subo con cuidado mi ropa interior y acomodo bien mi falda. Cuando estoy a punto de salir, la puerta del pequeño cubículo se abre, empujándome y haciendo que quede sentada en el inodoro. Lo bueno es que la tapa está bajada.
Lo más aterrador del mundo sucede en este momento.
El rostro del Diablo se asoma por la abertura de la puerta con una media sonrisa en la cara.
Pero ¿qué hace él aquí?
Intento ponerme en pie para volver a intentar salir de ahí. Cuando estoy por salir de nuevo, pero con más fuerza por el enojo, choco de frente contra el duro y firme pecho del imbécil que se encuentra delante de mí. Él solo se limita a observarme. Me mira a los ojos. Me perturba no poder leer lo que está pensando. Pero cuando estoy a punto de replicar, de un movimiento me atrapa de la cintura y soy introducida a la fuerza al cubículo del baño que acababa de abandonar. Cierra la puerta con el seguro.
—¿Creíste que te librarías de mí? —susurra entre dientes, como si mantuviera una lucha interna.
—¿Qué? ¿De qué hablas? ¡Suéltame, porque esta vez no dudaré en…!
No puedo terminar mi frase.
Se acerca hasta quedar muy pegado a mi cuerpo.
Cuando intento apartarlo con mis manos, toma las mías con brusquedad con solo una de sus grandes manos y las lleva sobre mi cabeza, apoyándolas contra la pared. Cuando voy a volver a protestar, atrapa mi boca con la suya y muerde mi labio para que yo abra la mía. Su respiración es entrecortada, está agitado, y yo no estoy mucho mejor, pero mi dificultad de respirar es porque lucho contra él. Intento quitármelo de encima aunque sea absurdo, ya que él tiene mucha fuerza y no logro moverlo ni un centímetro. Con su otra mano me sujeta muy fuerte de la cintura, haciendo que mi cuerpo se pegue más al suyo. Siento su entrepierna en mi vientre, haciéndome comprobar el motivo de su respiración agitada.
—¡Suéltame ya! —dejo escapar entre dientes.
Eso hace que vuelva más salvaje y profundo el beso. Su mano se desliza hasta mi muslo, hasta llegar a la tela de mi falda, y comienza a subirla; agarra mi trasero con su amplia mano.
Maldigo mentalmente por haberme puesto falda hoy.
Intento empujarlo con mi cuerpo para que me suelte, pero él aprovecha para empalmarse más y restregar su miembro sobre mí. Su mano viaja por el elástico de mis bragas hasta llegar un poco abajo de mi vientre. Suelta mis labios para hundir su cara en mi cuello, que besa con desesperación.
Mi respiración es entrecortada. Intento tomar aire, ya que mi pánico comienza a aumentarse. El miedo vuelve a mí al pensar que otra vez tratará de hacerme daño y que ahora sí logrará su hazaña.
No sé por qué, pero también me está gustando que provoque este cosquilleo en mi vientre bajo mientras recorre con sus dedos mi piel hasta que llega a mi parte íntima, donde se instala una sensación excitante que nunca había sentido, un calor que hace arder por completo todo mi cuerpo.
Los minutos pasan, y puedo creer que hasta pasó más de una hora. Se me ha hecho eterno. Mi trasero ya se entumeció de tanto estar sentada en un inodoro. Me levanto y salgo de ahí. Mi amiga aún no responde, y eso quiere decir que tal vez no ha visto mi mensaje o aún no termina con su asunto. Tendré que ir a buscarla porque no se detendrá si no la obligo . Lo que quiero es irme ya.Salgo del servicio de damas, pero primero me cercioro de que esos sujetos no andan por ahí cerca. Rezo por ello y avanzo hacia fuera. Cuando voy por los pasillos y llego hasta el mostrador de bebidas, no veo a Mika por ningún lado. ¿En dónde rayos se ha metido? Le pregunto a la chica que nos atendió al principio, pero no logra decirme casi nada, solo que la vio irse hace unos minutos con un tipo por el rumbo contrario de donde venía yo. No me dice exactamente qué lugar es ese y por qué motivo se fue allá. Le doy las gracias y me giro para ir hacia ese lugar. Es un pasillo largo. Más adelante veo unas puertas a
Lillie—Insisto en que debemos irnos —digo cuando entramos al sitio al que mi amiga me arrastró—. No me agrada este lugar.—Deja de quejarte. —Jala mi brazo para que avance—. No nos vamos a quedar, solo comprobaré si me está engañando y después nos iremos.Resoplo molesta.Mi amiga se está obsesionando con ese tipo. Es la primera vez que hace esto. Nunca había llegado hasta el punto de vigilar a uno de sus conquistas o novios o lo que sea que signifiquen para ella.El lugar es muy distinto al que solemos trabajar. Este sí es un table dance, pero de esos de baja . En donde nosotras trabajamos solo bailamos sin quitarnos la ropa y otras chicas ofrecen servicio de compañía. Acostarse con los clientes no está permitido. Aquí, al parecer, es lo contrario. En la pista de baile hay chicas semidesnudas y otras sentadas al lado o sobre sus clientes. Ellos les meten mano. Hay algunos que hasta sexo tienen en los pasillos, lo digo porque ahorita pasamos a una pareja gimiendo mientras se movían pe
Ella está muy furiosa, y parece que saca chispas de sus ojos. En cambio, yo no dejo de sonreír.—¡Imbécil! —sisea entre dientes.Sonrío aún más.—Me encanta cuando te pones así. —Llevo mis manos a los bolsillos del pantalón y me inclino un poco hacía ella, que aún se encuentra frente a mí—. Eso hace que mi falo se prenda más. —Con una media sonrisa, le guiño un ojo.Se queda boquiabierta. Cuando procesa todo lo que dije, bufa y se gira por completo, alejándose. Me carcajeo por su reacción.—¡Largo! —Se gira para verme—. ¡No eres bienvenido aquí!—Tu familia no pensó lo mismo hace unos días.—Cínico, sinvergüenza, engreído. ¡Te odio! —Lanza sus puños a mi pecho, que golpea, mientras me insulta con todos esos apodos que me ha puesto.Mi sonrisa se borra al momento que la veo a punto de llorar. ¿Es por su mamá que llora? ¿O yo lo provoqué? Soy un maldito imbécil, merezco que me odie de por vida. Agarro sus muñecas y la atraigo a mis brazos para abrazarla. Ella comienza a sollozar. Acarici
DantePor fin será mía. Al fin. Solo no entiendo por qué no estoy emocionado como pensé que lo estaría. El propósito siempre fue ese, hacerla mía, tenerla por una noche, satisfacer mis instintos más salvajes, poseer ese exuberante cuerpo y hacerla gritar mientras la follo duro. Pero ¿qué me ha hecho cambiar?Estoy molesto, pero más que nada conmigo, ya que empiezo a sentir algo por esa chiquilla. Ese no soy yo. Quiero hacer eso, tomarla y hacerla mía a la fuerza, pero muy en el fondo algo me dice que no lo haga.Estos días llegué a pensar en qué se sentiría tener a alguien a tu lado, una relación, algo estable, una novia o quizás a una esposa, una mujer a la que consentir, y compartir cosas con ella en vez de tener sexo, hacerle el amor, dormir abrazados y tal vez formar una familia.¿Y por qué no? Será porque soy un maldito asesino, un mafioso que está lleno de enemigos y que podrá correr con el mismo destino que el de sus padres. En vez de que me hagan daño a mí, se lo harán a ellos.
Lloro sin parar en mi habitación. Me encerré para que mi madre y mi hermana no se enteraran de nada. Tengo que hacerlo por ellas, que dieron todo por mí. No puedo dejarlas solas cuando más me necesitan. No tenía muchas opciones. También debía ese dinero, y por esa razón él me acorraló en el baño del hospital. Si le doy lo que tanto me ha pedido desde que lo conocí, tal vez después me deje en paz y se marche para siempre de nuestras vidas. Solo será una noche, solo una noche.¿En realidad quiero eso? ¿Quiero que se vaya? Ya no sé qué es lo que quiere y qué no.Me duermo por un instante, pero tengo sueños extraños. Es una casa enorme y parece ser de las afueras. De repente, un hombre de cabello oscuro, piel bronceada, tatuado, aparece. No veo su rostro. Me recuesta en un escritorio y me agarra de las piernas. Yo solo sollozo. Él desabrocha su pantalón y lo baja para tomarme a la fuerza, sin contemplaciones ni nada, mientras grito con desesperación. Lloro de nuevo cuando me despierto. Sud
LillieMe dejó desconcertada con toda su falsa actuación. Mi familia se creyó toda la amabilidad que les demostró. Además, alucinan con él. Por ese lado, las comprendo. Puedo decir que en alguna otra ocasión también pasó conmigo, pero no tengo que dejar que eso vuelva a ocurrir. No puedo darle gusto en lo que él quiera. Si lo hago, creerá que tiene todas las de ganar conmigo y pensará que ya me tendrá comiendo de su mano. Tengo que pensar con inteligencia y astucia. Necesito hacerlo, ya que todo esto me confunde. No puedo creer que en tan poco tiempo que tiene de haberse ido ya lo comienzo a extrañar. Es algo estúpido y sinsentido, pero algo en mí cambia.Tengo dolor de cabeza por no haber dormido muy bien. Mi mente no dejó de pensar en él, así que no logré conciliar el sueño. Mi hermana me dio algo para el dolor. Me encuentro con ella en la cocina preparando el desayuno. Hoy es domingo, por lo que no trabaja, de modo que le toca cocinar.—¿Todo bien? —le pregunto cuando la noto distra