LOGINLillie
Estoy pasmada en el mismo lugar, sin poder articular ninguna palabra. Entretanto, él muerde, besa y acaricia cada parte de mi cuerpo. Besa mi cuello y agarra mis manos con firmeza para que no me escape. En este momento no tengo cabeza para hacerlo. Su aliento ardiente y la calidez de su lengua me provocan un escalofrío por toda mi espalda. Tiemblo, pero ya no sé si sea solo de miedo o una mezcla de una sensación extraña que recorre todo mi ser con sus besos y caricias.
Desliza la boca hasta mi oído:
—Ahora me perteneces completamente. —Subraya todas y cada una de sus palabras—. Serás mía para siempre —susurra en un tono sexual y tremendamente serio. Mientras tanto, se restriega más en mí.
El ritmo de mis latidos aumenta más.
¿Ahora le pertenezco? ¿Suya? ¿A qué se refirió con todo eso?
Justo cuando creo que va a invadir el interior de mi zona íntima con sus dedos, cambia radicalmente de dirección. Aleja su toque de ese íntimo lugar y me acaricia la cadera. Me sobresalto. Su agarre vuelve a mi trasero. Contengo la respiración. Me arden los pulmones. Sonríe de lado, mostrándome el hoyuelo en su mejilla. Su mano empieza a deslizarse de nuevo por mi muslo hasta llegar a mi entrepierna; flexiona y levanta mi pierna. Por obligación le rodeo las caderas. Retira un poco su rostro de mí. Me concentro en sus ojos, que me miran con una mezcla de rabia y desesperación. ¿En verdad estará loco? De tanto decírselo ya me lo creo, y su oscura mirada lo delata.
—¡Ya no escaparás de mí! —ruge.
¿Qué le pasa? ¿Cuál es su problema?
—¿Qué problema tienes? —Intento controlar mi respiración agitada.
—¡Tú! —Levanta su voz. —Tú eres mi jodido problema.
¿Qué? ¿Yo? Si tanto le molesto, ¿por qué no me deja ir? No creo que sea yo la del problema.
«Maldito mafioso engreído».
—Te recuerdo que tú eres el que me retiene a la fuerza. Si me dejaras ir, ya no sería un problema para ti —hablo con dureza—. ¿Por qué mejor no vas y te buscas a otra?
No sé por qué me arrepiento de haber dicho lo último, sería lo mejor para deshacerme de él, y yo de tonta ando arrepintiéndome. ¿Qué me pasa? No tiene por qué importarme.
—Ese es el origen del problema, que no puedo y no quiero dejarte ir —espeta—. Y no, no me interesa ninguna otra mujer, solo te quiero a ti. —Su tono es firme y posesivo.
Sin quitar su mirada de la mía, suelta mi pierna y toma mi rostro con solo una mano, mientras la otra afloja el agarre de mis muñecas, que tiene acorraladas contra la pared. Sus dedos recorren mi barbilla, mejillas y cuello, que acaricia por un largo momento, y hunde los dedos en mi cabello suelto. Toma mi boca en un beso suave y vacilante. Me acaricia la lengua con la suya y después los labios con veneración. Ese acto me hace caer en su red. Estoy completamente perdida si dejo que me siga arrastrando hacia esa sensación que me hace sentir. Con lentitud, libera mi boca. Me deja sin poder protestar ni decir nada. Arqueo las cejas sorprendida. Su rostro pasa de serio a una sonrisa pícara y arrogante, como si supiera lo que provocó en mí.
«Idiota prepotente».
Mi asombro pasa a coraje. Lo fulmino con la mirada. Solo logro que sonría aún más.
—Suéltame —farfullo.
Antes de que lo haga, escuchamos el sonido de la puerta abrirse y cerrarse, y después unos pasos. Suelta mis manos y apoya su mano contra la pared. Aún me tiene acorralada. Con la otra me cubre la boca sin hacer presión en ella.
—Shhh —susurra en mi oído.
Noto cómo su respiración vuelve a acelerarse cuando olfatea con desesperación mi cuello y cabello. Mi corazón late deprisa de nuevo, lo que corta el aire que entra a mis pulmones. Se me dificulta respirar, no sé si me encontraba igual a él o estaba peor.
—Lillie —es la voz de mi hermana—, ¡¿sigues aquí?! —se escucha un poco retirada de donde me encuentro.
Mis nervios comienzan a activarse, así que me inquieto. Tengo que quitarme a este hombre de encima y salir de aquí lo más rápido posible, pero él no hace nada por apartarse, sigue pegado a mi cuerpo. Intento empujarlo con mis manos, pero es inútil. Alza su cabeza de donde la tenía metida y sonríe por mi intento fallido. Niega con la cabeza, dándome a entender que quitará su mano de mi boca, pero que no intente gritar ni nada que se le parezca. La aleja de mi cara para colocarla del otro lado de mi cuerpo, encerrándome entre su firme pecho y la pared del cubículo. Le hago una seña de que responderé.
—¡Sí, aquí sigo! —intento responder con una voz clara y firme—. Ahorita salgo.
—¡Está bien! —dice mi hermana—. ¡Te espero!
Agradezco mentalmente porque mi hermana haya llegado, me he salvado de nuevo. No creo que sea capaz de hacerme algo estando ella aquí.
Se inclina para susurrar en mi oído:
—Vendré por ti. —Su aliento roza mi cuello y oreja. Me provoca escalofríos—. Recuerda que me perteneces.
Cuando voy a protestar por su tonta frase posesiva, deposita un cálido y suave beso en mis labios, que se encontraban entreabiertos. Presiona los suyos contra los míos por unos segundos que parecen minutos. Una corriente eléctrica recorre mi espalda. Esa sensación me gusta. Fue algo tierno, algo diferente. Con lentitud, se separa de mí por completo. No sé por qué comienzo a sentir un gran vacío y un frío en mi cuerpo.
Qué extraño.
Él está recargado en la otra pared del cubículo —solo se limita a mirarme— y está cruzado de brazos. Me quedo sumergida en su mirada. No sé qué hago como tonta viéndole en vez de salir corriendo de ahí, pero quiero apreciar por unos segundos al majestuoso, atractivo y peligroso hombre que tengo frente a mí, a ese hombre que casi me hace suya en un cubículo de baño del hospital. De solo recordarlo me estremezco por completo. Sus ojos me absorben. Soy incapaz de moverme. Mis sentidos son presas de la presencia de ese hombre que se encuentra frente a mí. Al verlo así, serio, y sin quitar su mirada de mí, me viene a la cabeza el recuerdo de hace unos momentos, donde me apretaba contra su cuerpo firme, su olor y su tacto. El poder que provoca en todo mi ser…
Los minutos pasan, y puedo creer que hasta pasó más de una hora. Se me ha hecho eterno. Mi trasero ya se entumeció de tanto estar sentada en un inodoro. Me levanto y salgo de ahí. Mi amiga aún no responde, y eso quiere decir que tal vez no ha visto mi mensaje o aún no termina con su asunto. Tendré que ir a buscarla porque no se detendrá si no la obligo . Lo que quiero es irme ya.Salgo del servicio de damas, pero primero me cercioro de que esos sujetos no andan por ahí cerca. Rezo por ello y avanzo hacia fuera. Cuando voy por los pasillos y llego hasta el mostrador de bebidas, no veo a Mika por ningún lado. ¿En dónde rayos se ha metido? Le pregunto a la chica que nos atendió al principio, pero no logra decirme casi nada, solo que la vio irse hace unos minutos con un tipo por el rumbo contrario de donde venía yo. No me dice exactamente qué lugar es ese y por qué motivo se fue allá. Le doy las gracias y me giro para ir hacia ese lugar. Es un pasillo largo. Más adelante veo unas puertas a
Lillie—Insisto en que debemos irnos —digo cuando entramos al sitio al que mi amiga me arrastró—. No me agrada este lugar.—Deja de quejarte. —Jala mi brazo para que avance—. No nos vamos a quedar, solo comprobaré si me está engañando y después nos iremos.Resoplo molesta.Mi amiga se está obsesionando con ese tipo. Es la primera vez que hace esto. Nunca había llegado hasta el punto de vigilar a uno de sus conquistas o novios o lo que sea que signifiquen para ella.El lugar es muy distinto al que solemos trabajar. Este sí es un table dance, pero de esos de baja . En donde nosotras trabajamos solo bailamos sin quitarnos la ropa y otras chicas ofrecen servicio de compañía. Acostarse con los clientes no está permitido. Aquí, al parecer, es lo contrario. En la pista de baile hay chicas semidesnudas y otras sentadas al lado o sobre sus clientes. Ellos les meten mano. Hay algunos que hasta sexo tienen en los pasillos, lo digo porque ahorita pasamos a una pareja gimiendo mientras se movían pe
Ella está muy furiosa, y parece que saca chispas de sus ojos. En cambio, yo no dejo de sonreír.—¡Imbécil! —sisea entre dientes.Sonrío aún más.—Me encanta cuando te pones así. —Llevo mis manos a los bolsillos del pantalón y me inclino un poco hacía ella, que aún se encuentra frente a mí—. Eso hace que mi falo se prenda más. —Con una media sonrisa, le guiño un ojo.Se queda boquiabierta. Cuando procesa todo lo que dije, bufa y se gira por completo, alejándose. Me carcajeo por su reacción.—¡Largo! —Se gira para verme—. ¡No eres bienvenido aquí!—Tu familia no pensó lo mismo hace unos días.—Cínico, sinvergüenza, engreído. ¡Te odio! —Lanza sus puños a mi pecho, que golpea, mientras me insulta con todos esos apodos que me ha puesto.Mi sonrisa se borra al momento que la veo a punto de llorar. ¿Es por su mamá que llora? ¿O yo lo provoqué? Soy un maldito imbécil, merezco que me odie de por vida. Agarro sus muñecas y la atraigo a mis brazos para abrazarla. Ella comienza a sollozar. Acarici
DantePor fin será mía. Al fin. Solo no entiendo por qué no estoy emocionado como pensé que lo estaría. El propósito siempre fue ese, hacerla mía, tenerla por una noche, satisfacer mis instintos más salvajes, poseer ese exuberante cuerpo y hacerla gritar mientras la follo duro. Pero ¿qué me ha hecho cambiar?Estoy molesto, pero más que nada conmigo, ya que empiezo a sentir algo por esa chiquilla. Ese no soy yo. Quiero hacer eso, tomarla y hacerla mía a la fuerza, pero muy en el fondo algo me dice que no lo haga.Estos días llegué a pensar en qué se sentiría tener a alguien a tu lado, una relación, algo estable, una novia o quizás a una esposa, una mujer a la que consentir, y compartir cosas con ella en vez de tener sexo, hacerle el amor, dormir abrazados y tal vez formar una familia.¿Y por qué no? Será porque soy un maldito asesino, un mafioso que está lleno de enemigos y que podrá correr con el mismo destino que el de sus padres. En vez de que me hagan daño a mí, se lo harán a ellos.
Lloro sin parar en mi habitación. Me encerré para que mi madre y mi hermana no se enteraran de nada. Tengo que hacerlo por ellas, que dieron todo por mí. No puedo dejarlas solas cuando más me necesitan. No tenía muchas opciones. También debía ese dinero, y por esa razón él me acorraló en el baño del hospital. Si le doy lo que tanto me ha pedido desde que lo conocí, tal vez después me deje en paz y se marche para siempre de nuestras vidas. Solo será una noche, solo una noche.¿En realidad quiero eso? ¿Quiero que se vaya? Ya no sé qué es lo que quiere y qué no.Me duermo por un instante, pero tengo sueños extraños. Es una casa enorme y parece ser de las afueras. De repente, un hombre de cabello oscuro, piel bronceada, tatuado, aparece. No veo su rostro. Me recuesta en un escritorio y me agarra de las piernas. Yo solo sollozo. Él desabrocha su pantalón y lo baja para tomarme a la fuerza, sin contemplaciones ni nada, mientras grito con desesperación. Lloro de nuevo cuando me despierto. Sud
LillieMe dejó desconcertada con toda su falsa actuación. Mi familia se creyó toda la amabilidad que les demostró. Además, alucinan con él. Por ese lado, las comprendo. Puedo decir que en alguna otra ocasión también pasó conmigo, pero no tengo que dejar que eso vuelva a ocurrir. No puedo darle gusto en lo que él quiera. Si lo hago, creerá que tiene todas las de ganar conmigo y pensará que ya me tendrá comiendo de su mano. Tengo que pensar con inteligencia y astucia. Necesito hacerlo, ya que todo esto me confunde. No puedo creer que en tan poco tiempo que tiene de haberse ido ya lo comienzo a extrañar. Es algo estúpido y sinsentido, pero algo en mí cambia.Tengo dolor de cabeza por no haber dormido muy bien. Mi mente no dejó de pensar en él, así que no logré conciliar el sueño. Mi hermana me dio algo para el dolor. Me encuentro con ella en la cocina preparando el desayuno. Hoy es domingo, por lo que no trabaja, de modo que le toca cocinar.—¿Todo bien? —le pregunto cuando la noto distra