LOGINMi hermana ya está haciéndose ideas tontas en su cabeza, y lo peor de todo es que se las dice a la niña para que también las diga. Tendré que hablar con ella más tarde de esto.
El imbécil suelta una risa sin que se escuche mucho. Lo fulmino con la mirada. Que ni se haga ideas por las palabras de una pequeña de seis años.
—Claro, él también vendrá a comer con nosotras —contesta mi madre y se pone de pie.
La ayudo para dirigirnos al comedor. Hago a un lado mi molestia por la invitación que le hizo mi familia. Mi mal humor tardará más en esfumarse. Llegamos y tomamos asiento. Él nos sigue. Después se coloca a mi lado, ya que mi hermana le dio ese sitio. Le lanzo una mirada con dagas, que ella ignora. ¿Qué le pasa? Ya solo les falta que me casen con él. No, no, ni loca. Primero muerta que tener que ver con este cretino.
La comida se va en charlas entre mi madre y Alex, también entre preguntas que le hacen al Diablo. “Por tu acento, ¿de dónde eres?”, “¿A qué te dedicas?”, “¿Tienes familia?”, “¿Eres soltero?”. Estas señoras realmente están muy mal. No sé qué piensan o qué creen que hay entre nosotros para atreverse a hacerle todas esas preguntas. Solo me pregunto si sus respuestas son verdaderas o si son parte de su actuación y todas son puras mentiras. Pensando bien las cosas, recuerdo que ese tipo está lleno de mentiras, que es un gran don que tiene. Tal vez es una de sus personalidades. En él no se puede confiar.
Me sobresalto cuando siento que alguien aprieta mi muslo desnudo. Dirijo mi vista hacia el causante; él sigue bien entrado en la plática. Me ignora. En eso siento que acaricia mi piel suavemente con sus nudillos, haciendo que me estremezca. Un calor invade mi cuerpo. Su mano sube hasta mi entrepierna. Aprieto mis músculos y cierro mis piernas para prohibirle el paso. Noto que arruga un poco la frente. Me mira de reojo cuando mi madre se gira hacia mi hermana y aprieta mi pierna para demostrarme que está molesto por lo que hice. ¿Qué creía? ¿Que iba a dejar que me metiera mano enfrente de mi familia? Está completamente loco este tipo. Le doy un manotazo para apartar su mano de mi pierna.
—¿Cuántos años tienes?
La voz de mi sobrina me saca de la burbuja en la que me encontraba.
Él vuelve a ignorarme y se centra en mi pequeña sobrina. Le sonríe con dulzura.
«Falso».
—Veintinueve. En muy poco tiempo cumpliré los treinta —le responde.
¿En verdad tendrá esa edad? No creo que mienta poniéndose muchos años. Me lleva diez. No creo que se suba la edad para intentar quedar conmigo y caerle bien a mi familia. En ese caso, la reduciría.
Pero ¿qué estoy pensando? Él no quiere quedar conmigo, solo quiere llevarme a la cama, divertirse una sola noche y después botarme.
—¿En serio? —ahora pregunta mi madre. Al parecer, ella también lo duda—. Y aun así estás soltero. Eres muy guapo, no creo que te hagan falta candidatas.
Ahora entiendo por qué lo duda.
Resoplo con desesperación por sus interrogatorios y sus atrevidas respuesta también.
Él suelta una risita baja y me ve de reojo.
—Es que no había llegado la indicada. —Me guiña un ojo cuando finaliza su frase.
¿A qué viene eso?
«Idiota».
—¿Y ahora sí? —le cuestiona mi madre.
Finjo que me ahogo con mi bebida e interrumpo su animosa conversación. Todos se giran hacia mí para mirarme. Con brusquedad, me pongo de pie, agarro mi plato y lo llevo al fregadero. No quiero seguir escuchando esas absurda plática.
Después de lavar los cubiertos, me giro para salir de ahí. Mi madre me habla para preguntarme adónde voy, así que le respondo que iré al baño, que en un momento más regreso. La verdad es un pretexto para alejarme de él y no oír más esa charla extraña. Me quedo unos minutos en el baño encerrada después de echarme agua en la cara y un poco en el cuello para bajar el calor que provocó en mí hace unos momentos cuando tocó mi pierna.
Tocan la puerta. Es Alex; me avisa que el Diablo ya se irá. Suspiro con fuerza. Por fin se largará. Quisiera quedarme aquí hasta que lo haga, pero mi hermana insiste en que salga para despedirme. Que se despida ellas, a mí ni me interesa. Lo quiero a mil metros lejos de mí.
Golpea la puerta muchas veces más. Sacudo la cabeza, salgo y la miro. Ella me observa con una expresión de “Esto lo hablaremos más tarde”. Entorno los ojos y me alejo para regresar a la sala. Lo encuentro solo a él. Está de pie recargado en la pared que conduce a la salida. Cruzado de pies y con las manos en los bolsillos, me contempla desde su lugar. Se endereza cuando me detengo algo alejada de él y camina hacia mí con su estúpida sonrisa y su mirada penetrante. Retrocedo. Mi espalda choca contra la pared del pasillo. Él me acorrala. Su rostro está a pocos centímetros del mío.
Mi corazón comienza a latir desenfrenado, mis ojos se abren más y mi cuerpo empieza a temblar.
—No tengas miedo —susurra. Su voz sale más ronca—, aún no te haré nada —dice en un tono sexual. —Pasa su lengua por su labio superior y luego muerde el inferior con lentitud.
Me inquieto por sus palabras y su acto. El calor regresa a mi cuerpo. Mi respiración comienza a agitarse.
—Largo —intento sonar firme y seria.
—Sé que tú también lo quieres —expresa muy seguro—. No sé por qué te sigues resistiendo. Tu mente se niega, pero tu cuerpo lo pide con desesperación. —Pronuncia cada palabra en mi oído mientras me roza con sus labios—. Cuando te toco, noto cómo te estremeces. Eso te delata y te pide a gritos que te folle, que te haga mía completamente.
Con solo sentir su aliento y sus roces ya siento que ardo.
Me estremezco por completo, hasta el punto de sentir calor y humedad en mi parte íntima.
Odio que mi cuerpo empiece a sentir esas sensaciones extrañas, hacerme sentir de esta manera, pero lo que más aborrece es que él tenga toda la razón.
Los minutos pasan, y puedo creer que hasta pasó más de una hora. Se me ha hecho eterno. Mi trasero ya se entumeció de tanto estar sentada en un inodoro. Me levanto y salgo de ahí. Mi amiga aún no responde, y eso quiere decir que tal vez no ha visto mi mensaje o aún no termina con su asunto. Tendré que ir a buscarla porque no se detendrá si no la obligo . Lo que quiero es irme ya.Salgo del servicio de damas, pero primero me cercioro de que esos sujetos no andan por ahí cerca. Rezo por ello y avanzo hacia fuera. Cuando voy por los pasillos y llego hasta el mostrador de bebidas, no veo a Mika por ningún lado. ¿En dónde rayos se ha metido? Le pregunto a la chica que nos atendió al principio, pero no logra decirme casi nada, solo que la vio irse hace unos minutos con un tipo por el rumbo contrario de donde venía yo. No me dice exactamente qué lugar es ese y por qué motivo se fue allá. Le doy las gracias y me giro para ir hacia ese lugar. Es un pasillo largo. Más adelante veo unas puertas a
Lillie—Insisto en que debemos irnos —digo cuando entramos al sitio al que mi amiga me arrastró—. No me agrada este lugar.—Deja de quejarte. —Jala mi brazo para que avance—. No nos vamos a quedar, solo comprobaré si me está engañando y después nos iremos.Resoplo molesta.Mi amiga se está obsesionando con ese tipo. Es la primera vez que hace esto. Nunca había llegado hasta el punto de vigilar a uno de sus conquistas o novios o lo que sea que signifiquen para ella.El lugar es muy distinto al que solemos trabajar. Este sí es un table dance, pero de esos de baja . En donde nosotras trabajamos solo bailamos sin quitarnos la ropa y otras chicas ofrecen servicio de compañía. Acostarse con los clientes no está permitido. Aquí, al parecer, es lo contrario. En la pista de baile hay chicas semidesnudas y otras sentadas al lado o sobre sus clientes. Ellos les meten mano. Hay algunos que hasta sexo tienen en los pasillos, lo digo porque ahorita pasamos a una pareja gimiendo mientras se movían pe
Ella está muy furiosa, y parece que saca chispas de sus ojos. En cambio, yo no dejo de sonreír.—¡Imbécil! —sisea entre dientes.Sonrío aún más.—Me encanta cuando te pones así. —Llevo mis manos a los bolsillos del pantalón y me inclino un poco hacía ella, que aún se encuentra frente a mí—. Eso hace que mi falo se prenda más. —Con una media sonrisa, le guiño un ojo.Se queda boquiabierta. Cuando procesa todo lo que dije, bufa y se gira por completo, alejándose. Me carcajeo por su reacción.—¡Largo! —Se gira para verme—. ¡No eres bienvenido aquí!—Tu familia no pensó lo mismo hace unos días.—Cínico, sinvergüenza, engreído. ¡Te odio! —Lanza sus puños a mi pecho, que golpea, mientras me insulta con todos esos apodos que me ha puesto.Mi sonrisa se borra al momento que la veo a punto de llorar. ¿Es por su mamá que llora? ¿O yo lo provoqué? Soy un maldito imbécil, merezco que me odie de por vida. Agarro sus muñecas y la atraigo a mis brazos para abrazarla. Ella comienza a sollozar. Acarici
DantePor fin será mía. Al fin. Solo no entiendo por qué no estoy emocionado como pensé que lo estaría. El propósito siempre fue ese, hacerla mía, tenerla por una noche, satisfacer mis instintos más salvajes, poseer ese exuberante cuerpo y hacerla gritar mientras la follo duro. Pero ¿qué me ha hecho cambiar?Estoy molesto, pero más que nada conmigo, ya que empiezo a sentir algo por esa chiquilla. Ese no soy yo. Quiero hacer eso, tomarla y hacerla mía a la fuerza, pero muy en el fondo algo me dice que no lo haga.Estos días llegué a pensar en qué se sentiría tener a alguien a tu lado, una relación, algo estable, una novia o quizás a una esposa, una mujer a la que consentir, y compartir cosas con ella en vez de tener sexo, hacerle el amor, dormir abrazados y tal vez formar una familia.¿Y por qué no? Será porque soy un maldito asesino, un mafioso que está lleno de enemigos y que podrá correr con el mismo destino que el de sus padres. En vez de que me hagan daño a mí, se lo harán a ellos.
Lloro sin parar en mi habitación. Me encerré para que mi madre y mi hermana no se enteraran de nada. Tengo que hacerlo por ellas, que dieron todo por mí. No puedo dejarlas solas cuando más me necesitan. No tenía muchas opciones. También debía ese dinero, y por esa razón él me acorraló en el baño del hospital. Si le doy lo que tanto me ha pedido desde que lo conocí, tal vez después me deje en paz y se marche para siempre de nuestras vidas. Solo será una noche, solo una noche.¿En realidad quiero eso? ¿Quiero que se vaya? Ya no sé qué es lo que quiere y qué no.Me duermo por un instante, pero tengo sueños extraños. Es una casa enorme y parece ser de las afueras. De repente, un hombre de cabello oscuro, piel bronceada, tatuado, aparece. No veo su rostro. Me recuesta en un escritorio y me agarra de las piernas. Yo solo sollozo. Él desabrocha su pantalón y lo baja para tomarme a la fuerza, sin contemplaciones ni nada, mientras grito con desesperación. Lloro de nuevo cuando me despierto. Sud
LillieMe dejó desconcertada con toda su falsa actuación. Mi familia se creyó toda la amabilidad que les demostró. Además, alucinan con él. Por ese lado, las comprendo. Puedo decir que en alguna otra ocasión también pasó conmigo, pero no tengo que dejar que eso vuelva a ocurrir. No puedo darle gusto en lo que él quiera. Si lo hago, creerá que tiene todas las de ganar conmigo y pensará que ya me tendrá comiendo de su mano. Tengo que pensar con inteligencia y astucia. Necesito hacerlo, ya que todo esto me confunde. No puedo creer que en tan poco tiempo que tiene de haberse ido ya lo comienzo a extrañar. Es algo estúpido y sinsentido, pero algo en mí cambia.Tengo dolor de cabeza por no haber dormido muy bien. Mi mente no dejó de pensar en él, así que no logré conciliar el sueño. Mi hermana me dio algo para el dolor. Me encuentro con ella en la cocina preparando el desayuno. Hoy es domingo, por lo que no trabaja, de modo que le toca cocinar.—¿Todo bien? —le pregunto cuando la noto distra