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Punto de vista de Anatasia
“¡Felicidades! De entre doscientos mil solicitantes, te han concedido una beca completa y has sido admitida en la Universidad Imperial de Kingston. Esperamos darte la bienvenida al campus pronto.”
Esa era la frase exacta impresa en el grueso papel que llegó a mi buzón anoche. Lo miré incrédula, incapaz de asimilar las palabras. Había corrido por las calles de la ciudad, sin parar hasta llegar a las puertas del Hospital Bendon Memorial, donde mi madre estaba ingresada para que pudiera abrir el sobre sellado en su presencia y compartir la noticia con ella.
—¿Qué dice, Ana?— Los ojos azul pálido de mamá me miraron desde su cama de hospital, llenos de una mezcla de frágil esperanza y agotamiento.
En ese preciso instante, el mundo a mi alrededor se quedó en silencio. Solo oía un zumbido agudo en mis oídos, seguido rápidamente por el latido errático y fuerte de mi propio corazón.
Todas esas noches en vela. El estudio interminable. El ardor en los músculos. Nada había sido en vano.
—¡Lo logré! —grité con todas mis fuerzas, incapaz de contener la explosión de energía que recorría mis venas.
—¡Oh, Diosa! —exclamó mamá, llevándose una mano temblorosa a la boca.
Me lancé hacia ella, abrazándola con fuerza mientras las lágrimas corrían por mis mejillas—. ¡No puedo creer que lo haya logrado, mamá!
—Te lo mereces, Ana… ¡Ay! —exclamó mamá en voz baja.
Me aparté al instante, con el estómago revuelto—. ¡Lo siento mucho, mamá! No quería…
Una leve mueca cruzó su pálido rostro antes de que forzara una dulce sonrisa—. No pasa nada, cariño. Solo… Ojalá estuviera lo suficientemente sana como para cocinar tu plato favorito para celebrarlo. Sabes que lo haría, ¿verdad?
Sollocé, apartándole un mechón de pelo de la cara. —Tenerte aquí conmigo es más que suficiente. Me aseguraré de que recibas todos los tratamientos que necesitas, mamá. Aunque tenga que trabajar en dos empleos más además de estudiar para pagarlo, me aseguraré de ello.
Me hizo una seña para que volviera a sus brazos. —Ven aquí.
—No quiero hacerte daño—murmuré, conteniéndome.
—Estoy bien, hija. Ven—dijo con voz débil.
Me incliné y la abracé de nuevo, con cuidado de no presionar ni un gramo de mi peso sobre su frágil cuerpo.
—¿Ya se lo has dicho a Shawn?—preguntó cuando por fin me separé.
—Le mandé un mensaje para que viniera, pero probablemente esté en medio de una clase— dije, mirando el móvil. —Pasaré por su casa más tarde para darle la noticia en persona.
Mamá asintió, con una sonrisa cálida y orgullosa.
Antes de que pudiéramos decir otra palabra, la pesada puerta de madera se abrió con un clic y el Dr. Vance entró en la habitación con una gruesa historia clínica en la mano.
—Anastasia —me llamó, sorprendido de verme—. Llegaste bastante temprano hoy. ¿Puedo hablar contigo un momento en el pasillo?
Asentí, con un nudo en el estómago, mientras salía de la habitación, dejando que la pesada puerta se cerrara tras de mí.
—¿Está todo bien, Dr. Vance? —pregunté, cruzando los brazos sobre el pecho para que no me temblaran las manos—. ¿Ya llegaron los resultados de sus análisis?
El Dr. Vance se ajustó las gafas; su expresión era seria mientras observaba el historial médico que sostenía en sus manos. —Anastasia... voy a ser totalmente sincero contigo. El estado de tu madre ha empeorado considerablemente en las últimas cuarenta y ocho horas. Su organismo ya no responde a los tratamientos habituales de cuidados a largo plazo.
Me quedé sin aliento de golpe. —¿Qué quiere decir? ¡Dijo que el tratamiento localizado le daría más tiempo!—exclamé, con una mezcla de rabia y desesperación anudándoseme en la garganta.
—Y así ha sido—respondió con suavidad, posando una mano firme sobre mi hombro. —Pero, a este ritmo... estamos hablando de cuatro meses. Seis, como máximo absoluto.
Cuatro meses. De cuatro a seis meses. Las palabras resonaron con violencia en mi cabeza, nublándome la vista. No podía estar pasando, ¿verdad? Después de todos los esfuerzos a los que nos habíamos adaptado... ¿Por qué ahora?
—No— logré decir, negando con la cabeza de forma brusca. —No, tiene que haber otra opción. Otro medicamento, una cirugía... ¡lo que sea! Estoy segura de que pueden encontrar una solución. Puedo hacer más turnos, puedo pagar cualquier fármaco experimental que haga falta....
—Ana, escúchame— me interrumpió el Dr. Vance con delicadeza. —Existe un tratamiento que podría revertir por completo el deterioro de sus órganos. Pero no se trata de un fármaco.
Hice una pausa y me sequé una lágrima que rodaba por mi mejilla. —Entonces, ¿qué es?.
—Una transfusión directa de sangre de su pareja vinculada», reveló, mirándome fijamente a los ojos. —La resonancia biológica de la sangre de una pareja verdadera es lo único capaz de estabilizar el sistema interno de una omega que está fallando en esta etapa. Pero hay un inconveniente.
—¿Qué inconveniente?— insistí.
—No puede extraerse por la fuerza ni bajo coacción. La sangre debe ser ofrecida voluntariamente por la alfa; de lo contrario, el cuerpo de tu madre la rechazará al instante— explicó el Dr. Vance con seriedad. —¿Tienes alguna forma de contactar con su pareja vinculada?—
¿Pareja vinculada?
La palabra me supo a ácido en la lengua. Knox Bradford. El hombre al que llaman mi padre biológico.
El hombre del que solo había leído en el blog de la escuela. El poderoso alfa de la élite que, hace veinte años, nos abandonó a nuestra suerte sin mirar atrás.
—Yo... —se me cerró la garganta—. Ni siquiera reconoce que existo —logré soltar.
—Entonces tienes que hacer que te escuche —insistió el doctor Vance con suavidad—. Porque, sin su donación voluntaria, a ella solo le quedan de cuatro a seis meses de vida.
Clavé la mirada en la puerta cerrada de la habitación de mi madre; mi pecho subía y bajaba con fuerza mientras mi desesperación se transformaba en una determinación ardiente, intensa y feroz. Acababa de conseguir una plaza en la Universidad Kingston Imperial. Knox era profesor titular allí.
Iba a entrar en ese campus, encontrarlo y obligarlo a donar su sangre; costara lo que costara.
Punto de vista de ZenithSu aroma me estaba volviendo completamente loco.La embriagadora y empalagosa oleada de su calor llenaba cada rincón del vestuario, ahogando toda lógica, todo odio y todo sentido común.Acorté la distancia entre nosotros, agachándome para sujetar sus muñecas temblorosas. La guié suavemente para que se pusiera de pie, inmovilizándola con delicadeza, con la espalda apoyada contra el frío casillero metálico.Sus ojos oscuros me miraron fijamente, muy abiertos, con una mezcla de miedo y confusión. —¿Qué estás haciendo?— preguntó en voz baja, casi un susurro.—Shhh— la tranquilicé, inclinándome y apoyando mi frente contra la suya.—Leí algo sobre esto en alguna parte... no recuerdo dónde exactamente— murmuré, con la voz grave temblando por el esfuerzo que me suponía mantener el control. —Hablaba de una técnica en la que un Alfa puede ayudar a aliviar el celo de un Omega sin necesidad de supresores.Mi pulgar acarició suavemente el punto de pulso en su muñeca. Bajo
Punto de vista de AnatatasiaLa pesada puerta del vestuario se abrió de par en par, dejando entrar una corriente de aire fresco que no hizo absolutamente nada por calmar la fiebre ardiente que me consumía.Retrocedí a trompicones, mi espalda golpeando los fríos casilleros metálicos mientras unos pasos pesados y decididos resonaban por el pasillo.—¿Tú?Zenith dobló la esquina, con su bolsa de gimnasio colgada al hombro. La palabra se le escapó justo en el instante en que mi aroma lo alcanzó. Sus ojos oscuros se abrieron de par en par, completamente sorprendido, al sentir la intensa y dulce oleada de mis feromonas Omega, sin suprimir, llenando sus pulmones.—¿Eres... una Omega? —jadeó Zenith, con la voz ronca y áspera.Ni siquiera pude articular palabra. Mis rodillas flaquearon y me deslicé contra el casillero, respirando con dificultad, con jadeos entrecortados.Una mirada oscura y amenazante cruzó el rostro de Zenith al darse cuenta de la verdad. Sacó su teléfono, apretando la mand
Perspectiva de Anastasia—¿Quién está ahí? —la voz de Zenith resonó, áspera y letal, en el silencio húmedo de los vestuarios.Presioné mi espalda contra la fría estantería metálica, a pocos metros de distancia; mi corazón golpeaba con violencia contra mis costillas. Contuve la respiración, aterrorizada de que el latido frenético de mi pecho me delatara.¿Por qué demonios lo había seguido hasta aquí?En el campo, él había estado obsesionado con verme derrumbarme. Me había impuesto un ritmo inhumano, lanzando contra mí todo lo que tenía para obligarme a fracasar en las pruebas de selección. Pero ese odio crudo y evidente solo avivó mi determinación, impulsándome a superar mis propios límites hasta que mis pulmones ardieron.—Anastasia Beverly —la voz grave del entrenador Baron resonó por todo el campo cuando anunciaron los resultados—. Felicidades. Has entrado en el equipo.En cuanto escuché mi nombre, busqué a Zenith con la mirada sobre el césped. Una sonrisa lenta y triunfal se dibujó
Perspectiva de Zenith—¿No es esa la «Barbie de la honda? —preguntó Mateo, apoyándose en el banco de equipamiento a mi lado.Me detuve, levantando la vista mientras me ataba los cordones de las botas de fútbol.Ser aceptada en el equipo no debería haber sido un problema. Esperaba que el antiguo entrenador se encargara de las pruebas, sobre todo después de que se reuniera conmigo la semana pasada y me garantizara un puesto en el equipo. Pero, en el centro del campo, había un entrenador nuevo y un conjunto de reglas totalmente distinto. Baron parecía el tipo de hombre al que le importaban un bledo el legado, los títulos o los favoritos.—¿Barbie de la honda? —dije con desdén, recorriendo el césped con la mirada hasta que esta se posó en la complexión atlética de la chica de ayer.Aquella que olía... diferente. A lluvia fresca y a desafío puro.Volví a soltar una carcajada burlona mientras intercambiaba una mirada cómplice con Mateo. Me levanté del banco, enderecé los hombros y me dirigí
Perspectiva de AnatasiaScarlett intentó tender un puente hacia la reconciliación después de que ambas fuéramos obligadas a rellenar los formularios disciplinarios; en ellos, para mi total incredulidad, fui designada oficialmente como su supervisora, con la tarea de asegurar que no volviera a utilizar su equipo de DJ para causar alboroto en Crescent Hall. Aunque, en realidad, tampoco podría hacerlo, dado que Riley le había confiscado absolutamente todo su equipo.A pesar de sus intentos de hacer las paces, yo seguía visiblemente furiosa. Una sanción disciplinaria en mi primer día no era solo una molestia; era una amenaza. Cualquier mancha en mi expediente académico podría poner en peligro mi beca deportiva, y no estaba dispuesta a permitir que una pelirroja maníaca de las fiestas arruinara todo por lo que tanto había trabajado.La mañana siguiente comenzó muy temprano.Abrí los ojos de golpe a las seis en punto. Al otro lado de la habitación, Scarlett seguía profundamente dormida, des
Perspectiva de AnatasiaZenith me lanzó una mirada afilada, casi como si sus sentidos de Alfa pudieran detectar mi observación desde el otro lado del concurrido vestíbulo.Ignoré la sutil calidez que emanaba de sus ojos y pasé de largo junto a él y al profesor Knox, manteniendo a Shawn a mi lado. Shawn seguía parloteando sin parar sobre la distribución del campus y preguntándome si pensaba asistir a la fiesta de bienvenida oficial de esta noche.Desestimé su entusiasmo con un leve gesto de la mano. Mi mente estaba en otra parte; lo único que deseaba era escapar y volver a mi habitación.La asfixiante realidad de que pronto tendría que enfrentarme cara a cara con mi padre biológico me oprimía el pecho. Por si fuera poco, me di cuenta de que Zenith —ese Alfa arrogante que acababa de amenazar con obligarme a ponerme de rodillas— no solo era una estrella en el equipo de fútbol de élite, sino que, claramente, también tenía una relación cercana con el profesor Knox. Eso significaba que nues







