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CAPITULO 3

Author: Anonymous Lee
last update publish date: 2026-08-27 16:47:38

CAPÍTULO 3

DANTE

POCAS HORAS ANTES

Voy a incendiar esta academia entera.

Ese es el primer pensamiento que me atraviesa la cabeza mientras estoy de pie en la cámara del comité, con el hedor a café quemado todavía aferrado a mi camisa. La tela está rígida, el ribete dorado manchado, y el calor se ha enfriado hace rato contra mi piel.

Lo que no se ha enfriado es mi temperamento.

Lucien está a mi derecha, las manos cruzadas a la espalda como si estuviera en una maldita ópera en lugar de una inspección de seguridad real. Los hombros le tiemblan… apenas, pero tiemblan.

Está intentando no reírse.

Kade está a mi izquierda, pero puedo ver el leve alzamiento en la comisura de su boca.

Lucien se inclina ligeramente hacia él, susurrando algo que no alcanzo a oír del todo, y Kade deja que aparezca el fantasma de una sonrisa.

Les lanzo a ambos una mirada de advertencia.

Lucien aprieta los labios, fingiendo arreglarse el abrigo. Dura apenas tres segundos antes de soltar un resoplido suave y morderse otra risa.

Aprieto la mandíbula.

—No.

—No estoy haciendo nada —susurra él, la voz burbujeando de diversión contenida.

—Te estás riendo —gruño.

Kade tararea en voz baja.

—No se equivoca, Lucien.

Lucien sonríe.

—Trágico.

Inhalo por la nariz y me recuerdo que asesinar a mis hermanos en público está mal visto.

Antes de que pueda disciplinar a ninguno de los dos, las puertas se abren de golpe y todo el consejo administrativo de la escuela entra en tropel: director, decano, administradores, jefes de departamento y el jefe de seguridad del campus. Todos se inclinan a una, las cabezas tan bajas que dudo que puedan respirar.

La sonrisa de Lucien se ensancha.

—Sus Majestades —empieza el director con nerviosismo—, es un honor…

—No lo será si me hacen perder el tiempo —lo interrumpo.

La sala se congela.

Lucien murmura a mi espalda:

—Ahí vamos —y le doy un codazo seco.

Él inhala de forma dramática, ofendido.

—¿Te importa?

—Sí. Quédate quieto.

El director se aclara la garganta.

—E… eh. Sí, Su Majestad. Por supuesto.

Me siento. Ellos se apresuran a seguir el ejemplo.

Kade toma asiento a mi lado, silencioso como el hielo. Lucien se deja caer en su silla como si se preparara para el entretenimiento.

—Empecemos —digo.

El jefe de seguridad se pone rígido.

—Tuvimos… una pequeña vulneración anoche.

—¿Pequeña? —repito.

Él traga saliva.

—Contenida rápidamente, Su Majestad.

—¿Contenida? —Mi voz se vuelve afilada—. Alguien entró en terrenos reales, vulneró una propiedad bajo jurisdicción directa de los Varyn, ¿y tú lo llamas pequeño?

Lucien murmura:

—Están cavando sus propias tumbas.

Los dedos de Kade golpean una sola vez el reposabrazos: su versión de desaprobación.

El decano da un paso adelante, el sudor brillándole en las sienes.

—Le aseguramos, Su Majestad, que fue un incidente menor.

—Curioso —dice Lucien, cruzando las piernas—, a nosotros no nos informaron de este incidente menor.

El subdecano abre su estúpida boca.

—Bueno, si hubieran enviado aviso antes de la visita, habríamos estado más preparados…

Siento a Lucien moverse antes de registrarlo del todo.

En un solo movimiento fluido y horriblemente elegante, se inclina hacia adelante, apoya una mano en el hombro del subdecano, sonríe…

…y le aplasta el corazón entre dos dedos.

No hay grito dramático. No hay lucha.

Solo una suave exhalación.

El subdecano se desploma hacia adelante, muerto antes de tocar el suelo.

La sala estalla en jadeos y temblores.

Lucien se limpia los dedos con una servilleta y dice con suavidad:

—¿Decías?

Nadie se atreve a responder.

Lucien lo ignora.

—La próxima persona que nos eche la culpa perderá más que un latido. Continúen.

El director traga tan fuerte que lo oigo.

—S… Sus Majestades, p… por favor entiendan… si la vulneración hubiera sido alarmante, la habríamos reportado.

—«La habríamos» —repito, recostándome—. Pero no lo hicieron.

—Su Majestad…

—Sabes —interrumpe Lucien con tono agradable—, mi hermano es muy paciente. Mucho más paciente que yo. No lo pongas a prueba.

La sala vuelve a quedarse en silencio.

Dejo que el momento se alargue antes de continuar, el tono plano y frío.

—Si alguien vuelve a irrumpir en esta academia, tendrá acceso a estudiantes leales a la corona. Tendrá acceso a recursos. Tendrá acceso a los archivos reales que se alojan aquí. Si esta escuela se compromete, el reino se compromete.

—Sí, Su Majestad —susurra el director.

—Y por qué —pregunto—, no nos notificaron de inmediato la vulneración de ayer?

—Nosotros… no pensamos…

—Eso —dice Lucien— es su primer error.

Lo ignoro.

—La seguridad se duplicará. Cada entrada quedará sellada hasta que la autorice nuestra guardia personal. Y a partir de este momento, cualquier anomalía… CUALQUIERA… llega directamente a mí.

—Sí, Su Majestad.

—Sí, por supuesto.

—Sí, lo entendemos.

Patéticos.

Lucien bosteza de forma dramática.

—Ahora que eso está resuelto…

—No hemos terminado —digo.

Lucien se anima, al instante interesado.

—Quiero el nombre —digo despacio— del estudiante que provocó un altercado en el patio este esta mañana.

El director parpadea.

—¿Un altercado?

La sonrisa de Lucien se afila.

—Oh. Quiere al chico del café.

Los ojos de Kade se desvían hacia mí.

—El que te contestó.

Lucien se burla:

—¿El que dijo que estabas exagerando?

Lo miro con dureza.

—Basta.

Lucien levanta ambas manos.

—Solo te lo recuerdo.

El director hojea una tableta de datos.

—E… eh. Sí. Hubo reportes de un altercado. ¿Un estudiante Beta le habló con falta de respeto, Su Majestad?

Lucien resopla.

—Falta de respeto es quedarse corto.

Kade dice en voz baja:

—Tenía carácter.

Lucien asiente.

—Y ninguna noción de autoconservación.

La ira arde en mis venas.

No porque me hubiera avergonzado.

No porque me hubiera derramado café encima.

Porque se atrevió a mirarme a los ojos.

Sin miedo.

Sin temblor.

Sin humillarse.

Solo ira.

Desafío.

Fuego.

Y eso… me molesta.

Más de lo que debería.

Me pongo de pie. Toda la sala se pone rígida mientras ya me giro hacia las puertas.

—Encuentren a ese estudiante y envíenme su expediente.

Lucien se ríe.

—Dante. ¿Estás cazando a un Beta?

—No es una cacería —digo con frialdad—. Es una lección.

Kade murmura:

—Estás dejando que se te meta bajo la piel.

—Desrespeó al trono.

Lucien sonríe de oreja a oreja.

—Te desrespeó a ti. Eso es lo que te molesta.

No lo niego.

No lo confirmo.

Pero el rostro del chico destella en mi mente:

esa mirada,

esa voz,

esa boca,

esos ojos ardiendo con todo lo que no tenía derecho a sentir frente a un rey.

Una chispa donde debería haber habido miedo.

Ningún estudiante Beta debería mirarme jamás de esa forma.

Mucho menos hablarme como un igual.

Mucho menos hacerme perder la concentración.

Empujo las puertas, los guardias siguiéndome en perfecta formación.

Lucien tararea, deleitado.

—Oh, esto va a ser divertido.

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