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Capítulo 47: El milagro trágico

last update Fecha de publicación: 2026-10-14 21:32:25

El sonido intermitente del monitor cardíaco marcaba el ritmo de la pequeña oficina del doctor. Las paredes blancas y el olor a antiséptico siempre me habían provocado náuseas, pero hoy el malestar no venía del ambiente. Venía de las entrañas.

—Elena, los resultados del análisis de sangre ya están aquí —dijo el doctor Ramos mientras acomodaba sus lentes y miraba la pantalla de su computadora.

—¿Y bien? —pregunté, apretando la falda de mi vestido
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    —¿Qué haces aquí, Victoria? —preguntó Gabriel apretando los puños—. Ya te dije en la mañana que no tienes nada que hacer en mi oficina. —Tranquilízate, querido —respondió Victoria acomodándose las gafas de sol sobre la cabeza—. No vengo a pelear contigo. Vengo a traerles una pequeña sorpresa que encontré en la clínica central. —Sal de aquí antes de que llame a seguridad —sentenció Gabriel alcanzando el teléfono. —Yo no haría eso si fuera tú —interrumpí Victoria señalando el sobre con un dedo perfectamente manicurado—. Lo que hay ahí dentro les interesa a los dos. Especialmente a tu querida Elena. Me quedé helada en mi silla. Un sudor frío me recorrió la espalda mientras miraba la carpeta de papel sobre la mesa. —¿De qué estás hablando, Victoria? —pregunté tratando de mantener la voz firme. —Hablo de tu

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    La alarma del reloj sonó a las seis de la mañana. Me levanté despacio de la cama, apoyando las manos en la mesa de noche para estabilizar el mareo leve que sentía en la cabeza. Gabriel ya estaba en el baño frente al espejo, abrochándose los botones de la camisa blanca.—¿Qué haces de pie, Elena? —preguntó Gabriel volviéndose al verme—. Vuelve a acostarte. Es muy temprano para ti.—Me voy a vestir —respondí caminando hacia el armario—. Me voy contigo a la oficina.—De ninguna manera —dijo dejando la corbata sobre el lavamanos y acercándose rápido—. El doctor Hoffman fue muy claro ayer. Tienes que guardar reposo absoluto en la casa.—El doctor Hoffman cuida mi salud física, pero no mi cabeza —contesté sacando un vestido holgado de la percha—. No me voy a quedar encerrada en esta habitación mirando el techo a esperar que la enfermedad avance.—Elena, entiéndelo por favor —suplicó Gabriel tomándome de las manos con delicadeza—. Estás embarazada y suspendiste la

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    La noche cayó sobre la ciudad como un manto pesado. Las luces de la calle se reflejaban en la ventana de la habitación, dibujando sombras largas sobre la pared. Yo estaba sentada en el borde de la cama, mirando mis manos temblorosas. El pomo de la puerta giró despacio. Gabriel entró con la chaqueta en la mano y los ojos hinchados de tanto llorar. —Pensé que no volverías hoy —dije en voz baja. —No podía dejarte sola —respondió Gabriel dejando la chaqueta sobre una silla—. Aunque me estés destrozando el alma, no puedo dejarte sola en este cuarto. —Gabriel, por favor... no empecemos a discutir otra vez. —No vine a discutir, Elena —dijo acercándose lentamente a la cama—. Ya no tengo fuerzas para seguir peleando contigo. —¿Entonces a qué viniste? —Hablé con el doctor Hoffman en el pasillo —suspiró dejándose caer de rodillas frente a mí, apoyando los brazos sobre mis muslos—. L

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    El sonido intermitente del monitor cardíaco marcaba el ritmo de la pequeña oficina del doctor. Las paredes blancas y el olor a antiséptico siempre me habían provocado náuseas, pero hoy el malestar no venía del ambiente. Venía de las entrañas. —Elena, los resultados del análisis de sangre ya están aquí —dijo el doctor Ramos mientras acomodaba sus lentes y miraba la pantalla de su computadora. —¿Y bien? —pregunté, apretando la falda de mi vestido con ambas manos—. ¿Sigue bajando mi nivel de plaquetas? ¿El tratamiento no está funcionando? El médico suspiró profundamente. Cerró la carpeta que tenía frente a él, se quitó las gafas y me miró directamente a los ojos. —El tratamiento no está fallando por las razones que pensábamos —declaró en voz baja—. Estás embarazada. El aire se me escapó de los pulmones. Me quedé inmóvil, sintiendo cómo la sangre me quemaba los oídos. —¿Qué?

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