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La Esclava del CEO - Capítulo 2

last update Última actualización: 2026-01-08 06:20:48

Pero el dedo no descendió.

En cambio, se desvió, quedando suspendido por un instante, antes de presionar con decisión el botón en la parte superior del panel. El número 10 se encendió con un rojo solemne.

Un clic casi inaudible, y el ascensor, que ya comenzaba a desacelerar para la parada programada en el séptimo piso, retomó su ascenso suave e implacable. El cambio de dirección fue tan sutil como aterrador. Lara sintió la leve presión en los oídos, la sensación de ser llevada a un lugar para el que no había comprado pasaje.

Miró al hombre, sus ojos ahora muy abiertos, una pregunta silenciosa y alarmada congelada en sus labios.

Él se volvió nuevamente para enfrentarla, y esta vez había un rastro de algo en esa mirada tormentosa, una chispa de interés, o tal vez solo la frialdad de un científico que ha decidido cambiar el curso de su experimento.

— El séptimo piso puede esperar —dijo él, la voz aún baja, pero ahora con un matiz que sonaba casi como un desafío. — Vamos a hacer un recorrido. El décimo piso tiene... una perspectiva única.

El corazón de Lara dio un salto violento contra las costillas. El décimo piso. La administración. Los directores. El sanctasanctórum de la compañía. El lugar al que los becarios y empleados júnior como ella no iban, a menos que fueran convocados para un despido o una reprimenda severa. ¿Un "recorrido"? ¿Por qué? ¿Quién era este hombre para decidir su destino el primer día, en los primeros cinco minutos?

— Señor, yo... debo reportarme con el señor Almeida en el séptimo piso —intentó decir ella, la voz débil, casi un susurro. La profesionalidad era su único ancla en aquella situación surrealista.

— Almeida se reporta a mí, directa o indirectamente —la respuesta fue inmediata y cortante como una cuchilla. — Y yo soy Calleb. Calleb de Assis. Y creo que una visión del conjunto, antes de perderse en los detalles de su departamento, puede ser... instructiva.

Calleb de Assis. El nombre resonó en la mente de Lara como un trueno. El Director de Estrategia e Innovaciones. El brazo derecho del CEO. El wunderkind de treinta y pocos años que, según los rumores que había devorado la noche anterior, era tan genial como despiadado. No era solo un ejecutivo; era una leyenda, una leyenda de la que se decía que podía destruir carreras con un movimiento de cabeza. Y ella estaba atrapada en un ascensor con él, siendo secuestrada hacia el piso de los dioses.

— Comprendo —fue todo lo que pudo decir, las rodillas débiles.

El resto del corto viaje hasta el décimo piso transcurrió en un silencio opresivo. Lara sintió cada segundo como si fuera una hora, consciente de cada movimiento de su respiración, del latido de sus pies dentro de los zapatos nuevos, de la mirada de Calleb que ahora parecía estudiar su perfil, analizando sus reacciones. Él no intentó hacer conversación trivial. No preguntó de dónde venía, ni qué le parecía la empresa. Solo observó, dejando que el peso de su cargo y de aquella situación extraña hicieran el trabajo por él.

Cuando las puertas se abrieron con un suave silbido, fue como si se descorriera un velo.

El séptimo piso, por lo que había visto durante la entrevista, era abierto, colorido, con paredes de cristal, mesas compartidas y el zumbido constante de la colaboración. Era un espacio moderno, diseñado para inspirar creatividad y trabajo en equipo.

El décimo piso era otro mundo.

Fue el silencio lo primero que la golpeó. Un silencio profundo, reverencial, amortiguado por una alfombra gruesa de un azul marino tan oscuro que casi parecía negro. Las luces eran indirectas, proyectando un brillo cálido y dorado sobre paneles de madera oscura que revestían las paredes. No había cubículos abiertos. Solo puertas cerradas de madera maciza, cada una con una placa discreta de latón pulido. El aire olía a terciopelo y a café caro. Era la antítesis del bullicio creativo de abajo. Aquí era donde las ideas se aprobaban o se enterraban, donde se analizaban los números y se decidían los destinos.

Calleb salió del ascensor con una posesión que era evidente en cada movimiento. Él pertenecía a ese lugar. Cada fibra de aquella alfombra, cada veta de aquella madera, lo reconocía como su señor. Dio dos pasos y se detuvo, volviéndose hacia Lara, que vacilaba en la entrada de la cabina, como si el umbral fuera una barrera física.

— Ven —ordenó él, no con aspereza, sino con una expectativa incuestionable.

Ella obedeció, sus pasos silenciados por la generosa alfombra. La sensación era la de pisar suelo sagrado.

— Este es el corazón de Mirage —dijo Calleb, comenzando a caminar con pasos largos y pausados por el amplio corredor. No señalaba nada específico, pero su mano gesticulaba levemente, abarcando el entorno. — Aquí, el ruido de los pisos de abajo se transforma en señal. Aquí, tomamos las decisiones que mantienen el barco navegando en la dirección correcta. O que lo redirigen, cuando es necesario.

Se detuvo frente a una gran obra abstracta en la pared. Era una explosión de colores oscuros, vino, azul marino, negro, con un único hilo dorado cortando la trama caótica.

— ¿Te gusta el arte? —preguntó, sin mirarla.

— Depende del arte —respondió Lara, sorprendida por su propia osadía. La respuesta salió antes de que su filtro de autocensura pudiera actuar.

Un casi sonrisa tocó los labios de Calleb, tan rápido que ella se preguntó si no lo habría imaginado.

— Una respuesta honesta. Raro. La mayoría diría 'sí' o 'no', tratando de adivinar la respuesta que yo quiero oír. Esta —indicó la pintura con un movimiento de mentón— se llama 'Mercado Emergente'. Caótico, impredecible, pero con una línea de ganancia. O de esperanza. Depende de tu humor del día.

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