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La Esclava del CEO - Capítulo 3

last update Last Updated: 2026-01-08 06:22:57

Él continuó caminando. Lara lo seguía, una sombra silenciosa, absorbiendo cada palabra, cada matiz. Él no solo estaba mostrando el piso; estaba dando una lección sobre poder, sobre percepción.

— Los pisos de abajo —continuó él, su voz sonando clara en el silencio— son fundamentales. Son las manos que construyen, las voces que venden, las mentes que crean. Pero es fácil perder la perspectiva cuando se está inmerso en el hacer. Quedarse atrapado en el 'cómo' y olvidar el 'por qué'. El séptimo piso se preocupa por la próxima campaña. El décimo se preocupa por el próximo año. Los próximos cinco.

Se detuvieron frente a una pared de vidrio ahumado que daba a una sala de reuniones vacía. Una larga mesa de cristal, rodeada de sillas de cuero negro. Una pantalla que ocupaba una pared entera.

— Esta es la sala donde soñamos con el futuro. Y donde matamos ideas. —Su mirada era fría al recorrer la sala vacía.— Es más importante saber qué no hacer, que llenarse de entusiasmo por proyectos condenados al fracaso. El sentimiento es un lujo que no podemos permitirnos con frecuencia. Datos. Estrategia. Beneficio. Esa es la trinidad.

Lara sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Era un discurso brutal, pero increíblemente claro. Él le estaba mostrando las reglas del juego, las reglas reales, no las escritas en el manual del empleado.

— ¿Por qué me está mostrando todo esto? —La pregunta escapó de sus labios antes de que pudiera contenerse. Inmediatamente apretó la mandíbula, esperando una reprimenda.

Calleb se volvió lentamente para mirarla. Por primera vez, su mirada pareció realmente enfocarse en ella, no como un espécimen, sino como una persona.

— Porque el potencial, cuando está crudo, es una cosa interesante. Puede ser moldeado. Puede ser dirigido. O puede ser desperdiciado. —Dio un paso hacia ella. La proximidad era abrumadora. Lara podía ver las hebras plateadas en sus sienes, la textura perfecta de su camisa blanca.— Llegaste tarde. Estabas desarreglada. Parecías un cachorro perdido. Pero tus ojos... tus ojos no pedían disculpas. Estaban absorbiendo todo. Evaluando. Tu respuesta sobre el arte no fue ensayada. Fue genuina. En el mundo corporativo, la genuinidad es un bien raro y peligroso. Puede conducir al fracaso. O a la cima.

Hizo una pausa, dejando que las palabras flotaran en el aire cargado.

— Estoy haciendo una inversión. Diez minutos de mi tiempo para, tal vez, ver si vale la pena mantener un ojo en tu desarrollo. Para ver si entiendes que este lugar —hizo un gesto amplio con la mano— no se trata de hacer tu trabajo. Se trata de entender el juego.

Lara se sintió mareada. La situación era absurda. Un ejecutivo de alto nivel, en su primer día, la había llevado a un recorrido privado por el piso ejecutivo para darle una charla sobre poder y potencial. ¿Era una prueba? ¿Una provocación? ¿Una demostración de puro poder?

— Y... ¿qué es lo que usted ve? —se atrevió a preguntar, la voz un hilo de sonido.

Calleb la observó por un largo momento, su rostro una máscara impenetrable.

— Aún no lo he decidido. —La respuesta fue fría, pero honesta.— La semilla está plantada. Ahora, vamos a ver si la riegas con ambición e inteligencia, o si la ahogas en miedo y obediencia ciega.

Se dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso hacia el ascensor. La audiencia había terminado. Lara, aturdida, lo siguió. El paseo por el corredor de regreso pareció mucho más corto.

Presionó el botón para llamar al ascensor. Las puertas se abrieron inmediatamente, como si lo estuvieran esperando.

— El séptimo piso, creo yo —dijo Calleb, haciendo un gesto para que ella entrara.

Lara entró en la cabina, todo su cuerpo vibrando con la intensidad de la experiencia. Las puertas comenzaron a cerrarse. A través de la rendija que se estrechaba, vio a Calleb de Assis, de pie, inmóvil, las manos en los bolsillos de su chaqueta, los ojos tormentosos fijos en ella.

— Buena suerte, Lara —dijo él, un instante antes de que las puertas se sellaran por completo.

Y luego, se dio la vuelta y desapareció de su vista, volviendo a su reino de silencio y poder.

El ascensor descendió en un vacío de sonido. Lara se apoyó en la pared, las piernas temblando incontrolablemente. Miró su reflejo borroso en el acero pulido de la puerta. El vestido seguía arrugado. El cabello, todavía un poco despeinado. Pero algo en sus ojos había cambiado. El pánico inicial había sido reemplazado por una chispa de otra cosa, una comprensión aguda, un frío enfoque. Él tenía razón. Era un juego. Y él, involuntaria o deliberadamente, acababa de mostrarle el tablero.

El ascensor se detuvo suavemente. Un suave ding anunció la llegada al séptimo piso. Las puertas se abrieron, revelando el mundo ruidoso, colorido y familiar del Marketing. Lara enderezó los hombros. Tomó una respiración profunda. El aire aquí era diferente, más ligero, menos cargado.

Dio un paso hacia afuera, sus tacones resonando en el piso de concreto pulido. El retraso, la vergüenza, la ansiedad del primer día, todo parecía pequeño, lejano, casi trivial. Ella había estado en el décimo piso. Había mirado a los ojos del león. Y, por más aterradora que hubiera sido la experiencia, una parte minúscula, pero incipiente, de sí misma se sentía... viva.

Caminó hacia la recepción, una sonrisa profesional, algo frágil pero presente, estampada en su rostro.

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