Tempted by My Brother's Best Friend (Age Gap Romance)

Tempted by My Brother's Best Friend (Age Gap Romance)

last updateLast Updated : 2026-03-29
By:  Mahi Ongoing
Language: English
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He is a 10 but he is a decade older than me, my brother’s best friend, a therapist who wants to counsel me and... he likes to hurt little girls like me. “What were you doing this morning?” “I was meditating.” He is right. I am a terrible liar. Aiden raised his eyebrows. “Is that so?” He waited for my answer, crossing his arms over his chest. I got distracted by the way his biceps bulged. He noticed me staring. I glanced down at my lap, twiddling my thumbs. “Y-yes, Doctor Aiden, I was meditating and I-I focused on my breath like you taught me—” “Why are you lying to me, Ivy?” My head snapped at him. “I-I am not lying.” Aiden tilted his head and my throat went dry when he said, “Then why did I hear your voice moaning my name when you orgasmed with your fingers inside you?" He is her first love. She is his best friend's little sister. Will a chance reunion lead to true love? I was a good girl. An honor student. A dutiful daughter, sister and a sweet girlfriend to my boyfriend until I found him in my best friend’s bed. I didn’t want goody-two-shoe nice boys who gave me empty promises. What I wanted was a man who wouldn’t hurt me. When I found my brother’s best friend, Aiden Stone, with only a towel around his hot Greek body dripping wet from a shower, I decided that what I wanted, what I had been wanting for years, was him. The only problem? He is a decade older than me, my brother’s best friend, a therapist who wants to counsel me and... he likes to hurt little girls like me.

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Chapter 1

1 - Yes, Dad

Lyanna Harrison apretó el cuello raído de su chaqueta. La lluvia fina empapaba su ropa y se le metía hasta los huesos. Para ella el mundo era frío, húmedo y gris.

Llevaba tres días sin comer nada decente. Su maleta, vieja y desgastada, pesaba como una losa. 

Se le había vencido la renta, y el casero no quiso darle oportunidad de pagar después, sobre todo al enterarse de que había quedado desempleada hace unos días.  Así que terminó echándola sin compasión.

Un claxon estridente la sacó de sus pensamientos. Giró la cabeza.

Las luces de un coche negro la cegaron. Un golpe seco. El sonido de un cristal rompiéndose. Luego, nada.

Sensaciones confusas la atravesaron. Voces lejanas. El olor a desinfectante. Una luz blanca y dolorosa.

—Señora Valerián —dijo una voz nítida—. ¿Puede oírme?

Lyanna parpadeó. Una enfermera de sonrisa profesional le tomaba el pulso.

—Hay… un error —logró decir. Su garganta estaba áspera.

—El golpe fue leve, pero la conmoción es seria —continuó la enfermera, ignorándola—. Su esposo está en camino.

—¿Esposo? Yo no tengo esposo  —Lyanna intentó sentarse. Un dolor punzante en la cabeza se lo impidió.

No tuvo tiempo de protestar más. La puerta de la suite hospitalaria se abrió de par en par.

Y el aire se heló.

El hombre que entró no parecía un esposo preocupado. Parecía un verdugo.

Alto, con un traje oscuro que gritaba dinero y poder, avanzó con una calma aterradora. Su mirada, de un gris glacial, escaneó la habitación y se clavó en ella como un dardo.

Lyanna se sintió desnuda. Expuesta.

—Así que este es tu nuevo juego —dijo él. Su voz era baja, plana, y cortaba como cuchillo—. Fingir amnesia. Es original, lo admito.

—No… no sé quién es usted —susurró Lyanna, con un hilo de voz.

Él soltó una risa breve y seca. Un sonido sin alegría.

—Claro que no. Después de desaparecer tres meses sin dar explicaciones, ahora no recuerdas nada. ¡Qué oportuno!

Se acercó a la cama. Lyanna instintivamente retrocedió contra las almohadas. Él despedía un aroma a madera cara y algo peligroso.

—Escúchame bien, Lena —susurró, inclinándose hasta que su aliento rozó su mejilla—. No me importa qué tramas. Pero Harry te ha llorado cada noche. Si piensas usarlo como moneda de cambio, te arrepentirás.

—Harry —repitió Lyanna. El nombre le sonó extraño en la boca, pero despertó algo en su pecho. Una punzada de protección.

—Mi hijo —aclaró él, con un deje de amargura—. El niño al que abandonaste por… ¿Qué fue esta vez? ¿Dinero? ¿Libertad? ¿Un hombre nuevo?

Lyanna negó con la cabeza, abrumada. Todo era demasiado. El lujo, la acusación, el odio en sus ojos.

—No soy Lena —insistió, con más fuerza—. Me llamo Lyanna… —Pero antes de que pudiera terminar, él la calló, mirándola con desprecio puro.

—Lyanna —repitió, saboreando el nombre con sarcasmo—. Bonito toque. Suena casi creíble. Pero tus documentos dicen Lena Valerián. Y yo me casé con documentos, no con cuentos de hadas.

Se irguió, mirándola desde la altura.

—Te dan el alta mañana. Un coche te recogerá. Vendrás a casa, te comportarás como una madre decente frente a Harry y asistirás a la cena benéfica conmigo el viernes. No es una petición.

—No puedo ir con usted —protestó ella, sintiendo cómo el pánico crecía en su garganta—. ¡No la conozco!

Él ya estaba en la puerta. Se volvió por última vez.

—Mañana. A las ocho. No me obligues a enviar a alguien a… persuadirte. No te gustarán mis métodos.

La puerta se cerró con un golpe sordo.

Lyanna se quedó temblando. Miró sus manos vacías. No tenía cartera. No tenía identificación. No tenía un solo peso.

La enfermera entró con un vaso de agua y una pastilla.

—Tómeselo. Le ayudará a descansar.

—Él se equivoca —dijo Lyanna, desesperada—. ¡No soy su esposa!

La enfermera le ofreció una sonrisa compasiva.

—Lo sé, cariño. Es muy duro. La amnesia debe ser aterradora. Pero no se preocupe, con el tiempo todo volverá.

Lyanna cerró los ojos. La frustración era un nudo en el estómago. Nadie la escuchaba. Nadie la creía.

Al día siguiente, un chofer impecable la esperaba. La llevó en silencio hasta un coche tan negro y brillante que parecía un ataúd con ruedas.

El viaje fue un borrón de calles elegantes que se transformaban en avenidas arboladas, hasta llegar a una verja de hierro imponente que se abrió sola.

La casa no era una casa. Era una fortaleza de mármol y cristal. Un monumento a la riqueza y la frialdad.

El chofer abrió su puerta.

—Bienvenida a casa, señora Valerián.

Cada paso que daba sobre el mármol pulido resonaba como un latigazo en el silencio. Una empleada joven le tomó la maleta con una reverencia nerviosa.

—El señor Valerián la espera en el estudio, señora.

—¿Dónde queda? —preguntó.

La mujer rodó los ojos, pero la guio. El estudio olía a cuero viejo y whisky caro. Ares estaba de espaldas, mirando por la ventana.

—Pensé que huirías —dijo sin volverse.

—Lo intenté —mintió Lyanna, con la voz más firme que pudo—. El chofer era muy grande.

Él se dio la vuelta. Una ceja ligeramente arqueada.

—Un atisbo de humor. Interesante evolución.

Cruzó la habitación hasta quedar peligrosamente cerca. Su mirada recorrió su rostro, buscando grietas.

—Aquí tienes las reglas —dijo su voz, un susurro de hielo—. No hables con la prensa. No cuestiones mis órdenes. Y no le hagas daño a mi hijo. Si tocas un pelo de Harry, lo que viene hará que tu "accidente" parezca un paseo por el parque.

—No le haría daño a un niño —replicó ella, con genuina ofensa.

—No confío en ti —él sonrió, un gesto frío y torcido—.  Pero tu hijo sí te quiere, a pesar de no ser buena madre. Por eso estás aquí.

De repente, un ruido. Pequeños pasos corriendo por el pasillo.

La puerta del estudio se abrió de golpe.

Un niño de unos cinco años, con el pelo oscuro despeinado y unos ojos grandes y brillantes, se quedó paralizado en el umbral. Miró a Lyanna. Su pequeña boca se abrió ligeramente.

—¿Mamá?

El corazón de Lyanna se detuvo.

El niño, Harry, no esperó una respuesta. Corrió hacia ella y se aferró a sus piernas con una fuerza sorprendente.

—¡Sabía que volverías! Papá dijo que no, pero yo sabía que volverías por mí.

Lyanna miró por encima de la cabeza del niño hacia Ares. Su rostro era una máscara de piedra, pero sus nudillos, apoyados en la mesa, estaban blancos.

Ella bajó la vista. Harry la miraba con una fe tan absoluta, tan vulnerable, que le partió el alma en dos.

No lo pensó.

Se arrodilló, envolviéndolo en un abrazo. El niño olía a champú para niños y a galletas. Era el olor más honesto que había olido en su vida.

—Sí, cariño —susurró, y su voz sonó ronca—. Ya estoy aquí.

Por encima del hombro del niño, sus ojos se encontraron con los de Ares. No era una súplica. Era un desafío.

Esto es por él, dijo su mirada. No por ti.

Ares sostuvo su mirada por un instante eterno. Algo indescifrable cruzó sus ojos grises. No era suavidad. Era… confusión. Una grieta en su armadura de hielo.

Luego, asintió, una vez, bruscamente.

—Harry, tu madre está cansada —dijo, su voz menos cortante que antes—. Deja que descanse.

El niño se aferró a la mano de Lyanna.

—¿Vendrás a leerme un cuento más tarde? —preguntó, con los ojos llenos de esperanza.

Lyanna sintió una sonrisa genuina, la primera en mucho tiempo, tocando sus labios.

—Claro que sí.

Ares observó cómo su hijo arrastraba a esa mujer, que decía ser extraña, pero que tenía el rostro de su esposa, fuera del estudio. La puerta se cerró.

Quedó solo en el silencio cargado de la habitación. Durante esos meses la ausencia de su esposa lo había atormentado.  Y de pronto aparecía tan distinta. ¿Podía ser posible que la falta de memoria le provocaba eso? Todo era un misterio.

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Sheila
Sheila
Love all the stories! Great read!! Thanks sweetie! So much fun!!
2024-08-15 21:12:36
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cewc
cewc
Great stories! Well written and loved the pairings!
2024-08-02 10:58:33
4
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Shoba Soomarie-Bharath
Shoba Soomarie-Bharath
I loved all 4 short stories ............
2024-07-23 15:14:46
2
0
Brittany Dunn
Brittany Dunn
Absolutely amazing read!
2024-06-21 23:55:57
2
0
Carla Hernandez
Carla Hernandez
What is the Website the author references in the 1st chapter? I would like to check into the story further... ♡♡♡
2024-05-24 03:13:02
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