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Capítulo 6

Author: No Daydreamer
En ese momento se abrió la puerta de la habitación.

María entró apresuradamente, apoyada en Daniela.

—¡Gabriel! Me dijeron que Valeria estaba en el hospital. ¿Qué ocurrió?

Daniela miró hacia la cama y una fugaz satisfacción asomó en su mirada. Sin embargo, enseguida adoptó una expresión preocupada y miró a Gabriel con los ojos enrojecidos.

—¿Valeria está bien? Ya encontraron a Tomás; todo fue un malentendido.

Al oír su voz, Gabriel se puso de pie de golpe y la miró con frialdad. Cerró los puños
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    Volví la cabeza.Era Gabriel.Después de tantos años, había envejecido mucho. Profundas arrugas le marcaban las comisuras de los ojos y gran parte de su cabello se había vuelto blanco.Se apoyaba en una muleta metálica y mantenía rígida la pierna derecha.Permaneció allí sin saber cómo acercarse. Apretaba con tanta fuerza la empuñadura de la muleta que los nudillos se le habían puesto blancos.—Cuánto tiempo sin verte.No aparté la mirada. Solo asentí con calma.—Sí, ha pasado mucho tiempo.Se hizo un silencio incómodo.—Me trasladaron aquí para ocuparme de tareas administrativas y logísticas —dijo con un leve temblor en la voz—. ¿Tú… estás bien?—Muy bien.Sus labios se movieron como si aún quisiera preguntar algo.—¡Mamá!Mi hija salió corriendo de la zona de juegos, se lanzó a mis brazos y alzó la cara hacia mí. Sostenía un osito que había sacado de una máquina de peluches y sus ojos brillaban de emoción.—¡Mamá, mira! ¡Lo conseguí!Sonreí, le acaricié el cabello y limpié con una to

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    Era Daniela.Llevaba un abrigo viejo y desteñido. Tenía el cabello enmarañado y la piel amarillenta; no quedaba nada de la mujer elegante y ostentosa que había visto la última vez.En cuanto me vio, cayó de rodillas frente a mí en plena calle.Mis compañeros que salían del trabajo y los peatones de los alrededores se detuvieron para observar con curiosidad.—¡Valeria! ¡Te lo ruego, sálvame!Entre sollozos, intentó sujetarme del pantalón, pero retrocedí para evitarla.—Gabriel rompió toda relación conmigo. Solo deposita la pensión alimenticia de Tomás y cubre una parte del tratamiento de su madre, pero lo que aporta no alcanza para cubrir los gastos de cuidados intensivos.Tenía el rostro bañado en lágrimas, el maquillaje corrido y apenas conseguía articular las palabras.—Tomás también está enfermo. Sé que tienes todo ese dinero. Eres una buena persona. Por todo lo que María hizo por ti en el pasado, aunque sea dame algo para salir de esta situación. Si no, de verdad no podremos sobrev

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    Se detuvo a tres pasos de mí, sin atreverse a acercarse más.—¿Leíste el convenio? —pregunté—. Si estás de acuerdo, fírmalo. Si tienes alguna exigencia, habla con mi abogado.—¡No voy a firmar!Me miró como si se aferrara a su última esperanza.—No me abandones. Sé que durante cuatro años te oculté mi relación con Daniela y que, después, también te oculté el nacimiento de Tomás. No tengo ninguna excusa para eso. Pero nunca dije las cosas que Daniela te contó. Revisé las grabaciones de seguridad que se conservaban en la base: aquella noche, hace seis meses, puso algo en mi bebida.Me sostuvo la mirada; su voz era casi una súplica.—No pretendo justificar todo lo demás que te hice. Solo quería que supieras que aquella noche las cosas no ocurrieron como ella te las contó.Escuché en silencio toda su confesión y solo me pareció absurdo.—¿Terminaste?Gabriel abrió la boca, pero no encontró ninguna respuesta. Al final, asintió.—Gabriel —dije, con la voz casi perdida en el aire frío—, ¿cree

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    Cuando la puerta se cerró, Gabriel regresó junto a mi cama.—Valeria, perdóname. No sabía que mi madre diría algo así. No volveré a permitir que ninguna de las dos te moleste. Empecemos de nuevo. De ahora en adelante haré todo lo que me pidas, ¿sí?Su tono era casi una súplica.Bajé la mirada sin volver a verlo.—Firma el convenio de divorcio.Oí cómo contenía la respiración a mi lado.—No voy a firmarlo —respondió con la voz quebrada—. No acepto el divorcio. Lo que le hice a nuestro bebé no tiene perdón y pasaré el resto de mi vida intentando reparar el daño que te hice. Estás muy débil y necesitas que alguien te cuide.—No te necesito.Saqué el celular de debajo de la almohada, llamé a una agencia y contraté una cuidadora disponible las veinticuatro horas.Gabriel permaneció de pie observándome durante toda la llamada. Solo cuando colgué se atrevió a hablar con voz ronca.—Está bien. No volveré a hacerte enojar. Me quedaré afuera; llámame si necesitas algo.Después salió de la habita

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    En ese momento se abrió la puerta de la habitación.María entró apresuradamente, apoyada en Daniela.—¡Gabriel! Me dijeron que Valeria estaba en el hospital. ¿Qué ocurrió?Daniela miró hacia la cama y una fugaz satisfacción asomó en su mirada. Sin embargo, enseguida adoptó una expresión preocupada y miró a Gabriel con los ojos enrojecidos.—¿Valeria está bien? Ya encontraron a Tomás; todo fue un malentendido.Al oír su voz, Gabriel se puso de pie de golpe y la miró con frialdad. Cerró los puños con tanta fuerza que le crujieron los nudillos.—Mamá, Valeria perdió al bebé —dijo entrecortadamente, como si cada palabra le desgarrara la garganta.María abrió la boca, pero no logró emitir ningún sonido. Luego bajó lentamente la mirada hacia mi vientre.—¿Lo… lo perdió? ¿Estaba embarazada? ¿Desde cuándo?Daniela retrocedió un paso y su expresión triunfal se desmoronó al instante.Gabriel se volvió hacia ella y la observó como si estuviera viendo a una desconocida.—¿No dijiste que Valeria te

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    Solo al ver que el agua de la bañera se teñía cada vez más de rojo, Gabriel pareció despertar de una pesadilla.—Valeria… ¿Por qué hay tanta sangre?Se abalanzó hacia la bañera a trompicones, pero el pánico volvía torpes sus dedos. Intentó desatar el cinturón de mis muñecas, pero la hebilla metálica estaba atascada. Lo intentó varias veces sin conseguirlo. Cuando volvió a hablar, la desesperación le cortaba la voz.Mientras contemplaba su pánico y su impotencia, el dolor de mi vientre se extendió por todo el cuerpo.—Aléjate…Apenas conseguí pronunciar aquella palabra. Hasta respirar me desgarraba por dentro.Mi conciencia empezó a desvanecerse. Solo alcancé a sentir que Gabriel por fin conseguía liberarme, me sacaba del agua helada y me estrechaba contra su pecho.Cuando su mano tocó la sangre caliente entre mis piernas, todo su cuerpo comenzó a temblar de forma incontrolable.—No me asustes. ¡Te llevaré al hospital ahora mismo!Me envolvió en una toalla y salió corriendo de la casa c

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