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Capítulo 4

Author: Mencía Zavala
La mañana anterior a mi partida, Ethan no se fue de inmediato al estudio, algo poco habitual en él. Yo estaba comprobando el peso del equipaje y él se quedó un rato en la puerta del dormitorio, observándome.

—¿Tienes tiempo esta noche?

—¿Para qué?

Me tendió una entrada para el estreno del documental con un gesto algo torpe.

—¿No llevas tiempo queriendo que toque "La persona que más amo"?

No la acepté. Frunció el ceño y volvió a acercármela.

—Voy a tocarla esta noche.

Cuando Ethan me hacía enojar, no sabía qué decir para contentarme. Se limitaba a traerme un postre que me gustara o a dejarme una entrada para alguno de sus conciertos. Después daba por hecho que ya se me había pasado.

—Ya te reservé un lugar —dijo—. Cuando termine la presentación, vamos a cenar.

Cuando mis dedos rozaron la entrada, volví a sentir una esperanza que creía perdida. Tal vez era porque justo ese día cumplíamos ocho años de casados, o porque "La persona que más amo" nunca había sido solo una melodía para mí.

De pronto quise creerle una última vez.

A las siete de la noche, dejé el equipaje en el servicio de guardaequipaje del aeropuerto y fui al estreno. Una empleada revisó mi entrada y me condujo hacia el fondo, hasta detenerse junto a un asiento pegado a la pared, en la última fila.

Me quedé desconcertada. Justo frente al escenario, en el centro de la primera fila, había un letrero que reservaba un asiento para la familia del artista. Marina, con un vestido largo blanco, se sentó allí rodeada de gente.

Al pasar por un costado del escenario, Ethan la vio. Se detuvo y se inclinó para acomodarle el chal. A su alrededor se oyeron risas cómplices. Nadie reparó en mí, en la última fila.

Comenzó el documental. Marina aparecía como la persona que había acompañado a Ethan en sus momentos más difíciles y contaba cómo había conseguido que volviera a tomar el arco.

Miré aquellos fragmentos del pasado, unidos de otra manera, y de pronto ya no los reconocí. Era como si yo nunca hubiera existido durante esos ocho años.

Terminó la película y las luces iluminaron el centro del escenario. Ethan tomó el arco. Al escuchar las primeras notas, aun así sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.

Era "La persona que más amo", la pieza que había escrito para mí, compás a compás, durante el invierno más difícil. No solo contenía lo que habíamos vivido juntos, sino también todo el amor que yo le había entregado sin reservas.

La interpretación se acercaba al final cuando la cámara empezó a recorrer el público para mostrarlo en la pantalla gigante. Un haz de luz avanzó lentamente desde la primera fila hacia el fondo. Al ver que la cámara se acercaba, el corazón empezó a latirme más rápido, sin que pudiera evitarlo.

Ethan sabía que yo estaba allí. Había dicho que me había reservado un lugar. Tal vez solo se había olvidado del asiento para la familia. Tal vez esta vez de verdad quería devolverme aquella pieza.

Justo cuando parecía que la cámara iba a enfocarme, la pantalla volvió a mostrar a Marina en la primera fila. Tenía los ojos enrojecidos y miraba hacia el escenario.

El auditorio estalló en aplausos. Entre las luces, Ethan la miró con ternura y ella le sostuvo la mirada. Yo seguí sentada en la oscuridad y, poco a poco, dejé de apretar los puños.

Así que ese era el lugar que me había reservado: la última fila. Podía asistir y verlo todo, siempre que nadie me viera a mí.

Hasta me pareció ridícula la ilusión que había sentido unos segundos antes. Después de ocho años, todavía me bastaba con que me diera una entrada para creer que yo seguía siendo la persona que él más amaba.

No esperé a que terminara el evento. Me levanté en silencio y salí por el pasillo lateral. Nadie se fijó en mí.

Cuando llegué al aeropuerto, recogí la maleta. Poco después anunciaron el embarque de mi vuelo. Antes de activar el modo avión, recibí un mensaje de Ethan:

«¿Por qué te fuiste antes?».

Enseguida llegó otro:

«Marina no está muy bien. Voy a llevarla a casa primero. Dejemos la cena para la próxima semana».

No respondí. Activé el modo avión y apagué la pantalla. Una vez cerrada la puerta, el avión comenzó a rodar hacia la pista. Al otro lado de la ventana brillaban las luces de la ciudad. Allí quedaban su auditorio, sus aplausos y la nueva persona a quien había elegido amar.

Yo por fin dejaba de esperar en la última fila a que una cámara me encontrara.

El avión aceleró y despegó. Mientras la ciudad se hacía cada vez más pequeña, saqué el anillo de matrimonio que me había quitado días antes y lo dejé en la bolsa de papel que había en el bolsillo del asiento de enfrente.

Ethan todavía no lo sabía, pero esta vez yo no iba a esperar hasta la próxima semana.

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