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Capítulo 4

Author: Raquel Severiano
El celular seguía sonando una y otra vez.

Miré cómo el nombre de Silvia parpadeaba en la pantalla, pero nunca contesté.

También vi sus mensajes, uno tras otro. En ellos, ella me preguntaba, presa del pánico, dónde estaba mi madre, a dónde había ido yo y por qué no contestaba el teléfono.

Al leerlos, los dedos me temblaron ligeramente. Sentí demasiadas cosas al mismo tiempo.

Por fin se acordaba de preocuparse por mi mamá y por mí. Pero para mí, todo eso ya había perdido sentido.

Miré el nombre qu
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    Al fin y al cabo, cuando me fui, lo hice con demasiada prisa. Muchas personas tardaron mucho tiempo en enterarse de que yo ya me había ido del país.Volví a aquella ciudad que alguna vez me resultó tan familiar, aquella ciudad llena de recuerdos. Todo seguía casi igual, pero yo ya no era el mismo.Llegué al cementerio donde estaba la tumba de mi madre.Le conté los lugares que había visitado, las personas que había conocido y todo lo que me había pasado.Le dije que estaba viviendo bien, que no se preocupara por mí.También le conté algunas historias del viaje, como si así ella pudiera compartir conmigo esa alegría.De pronto, escuché una voz familiar detrás de mí.—Lorenzo.Me giré y vi a Silvia.Estaba de pie no muy lejos, con un ramo de flores en la mano.Se veía mucho más delgada que antes. El cabello empezaba a encanecerle, y en la frente tenía arrugas que antes no estaban ahí.Era evidente que estos años tampoco habían sido fáciles para ella.—Viniste —dije con una calma que ni y

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    Durante todos esos años, sentí que me había convertido en otra persona.Dejé atrás todo lo conocido, dejé atrás esa tierra marcada por el dolor y llegué a un lugar completamente nuevo.Emprendí un largo viaje. Fui a los lugares que mi madre siempre había soñado conocer y caminé por tierras que ella solo había visto en fotografías.Sentí la brisa del mar acariciándome el rostro en las playas de Bali; probé café por las románticas calles de París; presencié la Gran Migración de animales en la sabana africana.Y también aprendí a detenerme y sentir de verdad cada paisaje que tenía delante.En el camino, conocí a todo tipo de personas y escuché toda clase de historias.Poco a poco comprendí que el mundo era enorme y que la vida tenía muchas posibilidades.Así que dejé de aferrarme al dolor del pasado y empecé a abrirme a una nueva vida.Tiempo después, me detuve en un hermoso pueblo del sur de Francia y abrí una pequeña tienda. Vendía algunos tesoros que había encontrado durante mis viajes

  • Tu Prueba Mató a Mi Madre   Capítulo 6

    —Por dinero, hasta se olvidó de su propia madre. ¡Ya se largó!La voz de Ángel era estridente. Cada palabra se le clavaba a Silvia en el corazón como una cuchillada.—¡Eso es mentira! —respondió Silvia, furiosa.—Entonces, ¿qué es? Deja de engañarte a ti misma.Ángel la presionó paso a paso, con la mirada llena de soberbia y provocación.—Lorenzo es un interesado. Se acercó a ti por tu dinero. Ahora que consiguió lo que quería, claro que se fue. Te lo digo: no sigas cayendo en sus mentiras. Él no te ama. Nunca te amó.La voz de Ángel se volvió cada vez más alta, cada vez más hiriente, hasta sacar a Silvia por completo de sus casillas.—¡Cállate!Silvia gritó y le dio una bofetada con todas sus fuerzas.Ángel se cubrió la cara y la miró sin poder creerlo, con los ojos llenos de incredulidad y rabia.—¡Lárgate! ¡Lárgate de aquí!La voz de Silvia era helada, y su mirada destilaba repulsión y furia.Ángel vio aquella mirada encendida de rabia y el miedo le llenó el pecho. En ese instante,

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    —Hace tres días, Lorenzo presentó su renuncia de golpe. Dijo que quería regresar a su pueblo. Creí que usted se lo había indicado.En la empresa, todos creían que Silvia y yo éramos pareja. Por eso, a mí, el hombre que estaba a punto de convertirse en el esposo de la presidenta, todos me trataban con especial cuidado. Nadie se habría atrevido a ponerme trabas.Silvia aún no alcanzaba a responder cuando una voz se oyó a un lado.—¿Volver a su pueblo? Vaya, sí que se largó rápido.La voz de Ángel irrumpió de pronto en la conversación, cargada de burla y desprecio.—¿Qué haces aquí?Silvia frunció el ceño, como si no quisiera que Ángel supiera demasiado.—¿Qué pasa? ¿Te molesta que interrumpa tu reencuentro con tu querido Lorenzo?El tono de Ángel era cortante, lleno de celos.—No digas tonterías. ¿Vienes por algo? Si no, vete de una vez. No me distraigas de lo importante.Al escucharla, Ángel estaba a punto de estallar.Pero justo entonces, Silvia recibió una llamada de su asistente, con

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    El celular seguía sonando una y otra vez.Miré cómo el nombre de Silvia parpadeaba en la pantalla, pero nunca contesté.También vi sus mensajes, uno tras otro. En ellos, ella me preguntaba, presa del pánico, dónde estaba mi madre, a dónde había ido yo y por qué no contestaba el teléfono.Al leerlos, los dedos me temblaron ligeramente. Sentí demasiadas cosas al mismo tiempo.Por fin se acordaba de preocuparse por mi mamá y por mí. Pero para mí, todo eso ya había perdido sentido.Miré el nombre que seguía iluminándose en la pantalla y, al final, apagué el celular.Ya habían pasado unos días desde que renuncié.Durante esos días, me aislé de todo y de todos. Me aparté de cualquier ruido del exterior y me escondí en un rincón desconocido de la ciudad.Desde que mi mamá murió, hacía mucho que no descansaba de verdad.Me sentía agotado, tan cansado que apenas podía abrir los ojos. Solo quería dormir.Intenté ordenar mis pensamientos y encontrar una salida para empezar de nuevo, pero la reali

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    A mi mamá le bastaba con recibir cualquier cosa de Silvia para ponerse feliz.Pero eso era antes.Cerré la caja y se la devolví.—Cuando puedas, entrégasela tú misma.Silvia frunció ligeramente el ceño. Antes, yo siempre hacía lo que ella quería. Pero mi actitud distante en ese momento le pareció extraña.Una inquietud silenciosa se le instaló en el pecho. Me tomó la mano y la apretó ligeramente.—¿Ella está bien?Justo entonces, apareció Ángel y se colgó del brazo de Silvia.—Quiero quedarme en esta habitación.Lo dijo señalando mi habitación.—Ya está ocupada —dijo Silvia. Enseguida se volvió hacia mí para explicarme—: Por trabajo, se quedará aquí unos días.Después de decirlo, Silvia me miró fijamente, como si esperara que yo me opusiera.Pero asentí sin dudar.—Que se quede. Yo voy a acompañar a mi madre.Silvia se quedó inmóvil un instante. Ángel no me dio oportunidad de arrepentirme y entró directo a la habitación.Fue entonces cuando ella notó la maleta que llevaba en la mano.A

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