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Tu Prueba Mató a Mi Madre
Tu Prueba Mató a Mi Madre
Author: Raquel Severiano

Capítulo 1

Author: Raquel Severiano
Salí de la empresa.

Con la urna de mi mamá entre los brazos, me senté en la acera. Ella me había pedido que guardara sus cenizas en la urna más sencilla, solo para ahorrar quinientos dólares y usar ese dinero para pagar las deudas de Silvia.

En la pantalla gigante de la plaza apareció el rostro de Silvia.

La noticia decía:

"Hace apenas unos minutos, Silvia Martínez, presidenta del Grupo Martínez, quien se había mantenido alejada de la vida pública durante tres años, asistió a una ceremonia junto a Ángel Baeza, su amigo de la infancia".

Miré en la pantalla a Silvia, tan segura, tan brillante, y las lágrimas me cayeron sin que pudiera contenerlas.

Resulta que todo el dinero que mi mamá y yo habíamos ganado a costa de nuestra salud para pagar sus deudas no había servido más que para sostener una mentira.

Me quedé sentado ahí durante mucho tiempo, hasta que anocheció y Silvia me llamó.

Su voz al teléfono seguía siendo tan dulce como siempre:

—Ya es tarde. ¿Por qué no has vuelto a casa? ¿Dónde estás? Voy a buscarte.

Abrí la boca por instinto, pero no dije nada.

Antes, seguramente habría protestado en broma, diciéndole que otra vez me interrumpía en el trabajo.

Pero ahora, ya no podía responderle con ese tono íntimo de antes.

La voz de Silvia se volvió un poco ansiosa:

—¿Dónde estás?

—Trabajando.

Silvia se quedó callada.

Era como si de pronto hubiera recordado que, para pagar sus deudas, yo siempre trabajaba hasta altas horas de la noche. También había prometido que, cuando la deuda quedara saldada, se casaría conmigo y viviríamos tranquilos, tal como mi mamá esperaba.

Hoy, se suponía que iba a contarme la verdad sobre su identidad.

—Yo… Tengo algo que decirte. En realidad, soy la presidenta del Grupo Martínez. Voy a buscarte ahora mismo…

Corté la llamada, tomé un taxi y me fui.

Ya no esperaba nada de Silvia.

En mi celular, sus mensajes empezaron a llegar uno tras otro. No los leí. Tampoco quería leerlos.

Hoy debía ser el día en que empezaríamos una nueva vida. Pero su mentira hizo que el suicidio de mi mamá pareciera una burla cruel.

Cinco años de sacrificio no habían sido más que una mentira absurda.

Silvia, ya no quiero casarme contigo.

***

Esa noche no volví a casa. Me quedé en un hotel.

Silvia también me envió mensajes toda la noche y me llamó incontables veces. No leí nada ni contesté una sola llamada.

Al día siguiente, llegué temprano a la empresa para redactar mi carta de renuncia.

Esta empresa era una filial del Grupo Martínez.

Y yo solo era un contador más.

Cinco años atrás, conocí a Silvia cuando los dos entramos a trabajar aquí.

Después de enamorarnos, la llevé a conocer a mi madre. Mi madre aceptó nuestra relación y empezó a organizar nuestra fiesta de compromiso. Fue entonces cuando Silvia me dijo que tenía una deuda enorme y que la habían despedido de la empresa.

Para pagar sus deudas, acepté muchos trabajos extra. Mi madre también trabajó hasta el cansancio, y su semblante, ya envejecido, se fue volviendo cada vez más cansado.

Nunca imaginé que esta empresa estuviera bajo su control.

Sonreí con amargura.

En ese momento, Silvia entró. Sin prestarle atención, saqué la carta de renuncia que ya había impreso. Silvia se acercó a mí y, frente a ella, firmé con absoluta calma.

Ella me miró y preguntó con voz suave:

—¿Ya terminaste?

—Sí.

Silvia se mordió ligeramente el labio, como si intentara fingir que no notaba mi cambio.
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