LOGIN27. Me elegisteEl pensamiento tuvo que hacer mella en ella, pero estaba a merced de los húmedos besos que Peter iba dejando por su cuerpo hasta encontrar su centro de placer. Los hábiles dedos del magnate rozaron su clítoris, abriendo sus húmedos pliegos.Claire gimió de placer cuando los dedos de Peter se acariciaron su coño; sus caderas se movieron como si tuviesen vida propia, restregándose contra ellos, deseando más de aquel exquisito y tormentoso placer.Peter levantó la mirada para encontrarse con aquellos preciosos ojos, antes claros y ahora nublados por el deseo y el placer. Sin apartar su mirada, descendió la cabeza, colocando la boca sobre el húmedo coño de Claire. Él lamió el lloroso clítoris y el mundo de Claire se rompió.El magnate no se detuvo, se deleitó en aquel delicioso manjar, lamió y bebió como si fuera la más dulce de las fuentes mientras introducía los dedos en su dulce, caliente y resbaladiza cavidad.El tiro en su pene fue doloroso y extrañamente placentero;
26. Por favorClaire sabía que no debía cruzar la línea; la razón se lo gritaba, pero su cuerpo no quería escuchar y vio cómo su mano se deslizó por ese perfecto torso, tocó los fuertes abdominales que tenían el aspecto de una tableta de chocolate. ¿Era igual de deliciosa?Los pensamientos también comenzaron a jugarle en contra; los recuerdos que guardaba de Peter seguían frescos en su memoria, como si hubiese sido ayer. Sabía lo que era capaz de hacer y provocar.Claire se mordió el labio inferior sin darse cuenta; su mirada no se apartaba de esa piel, parecía haber caído bajo un hechizo mortal.Tragó saliva y, sin instinto de supervivencia, se acercó. Peter era como un imán para ella; cerró los ojos y lamió el pecho masculino.El magnate no se movió, su cuerpo se tensó como un arco a punto de disparar y no precisamente era una flecha. Tampoco era rechazo; si fuera otra mujer, Peter estaba seguro de que ya habría escapado, pero Claire le hacía sentir y desear cosas que casi había olv
25. Sin aviso, sin permisoClaire agitó la cabeza negando con discreción. Debía ser el sueño lo que le hacía ver y sentir cosas que no estaban pasando. Peter solo era el padre de Jessi y un hombre que seguía amando a su esposa muerta.No debía confundir las cosas, por su propio bien.—Vamos, papi. Siéntate —insistió Jessi, jalando a Peter suavemente.—De acuerdo, pequeña. No hay prisas —respondió él, sentándose a su lado.Era la primera vez que ellos tres compartían la mesa, solo sin otras personas. Y Claire se puso nerviosa, no pudo evitarlo. Peter no iba a saltarle encima y tampoco lucía como un perro rabioso como antes.—Mami, date prisa, papi tiene que comer o va a desmayarse —apresuró Jessi a Claire.—Cariño, no estoy enfermo, solo un poco cansado —aclaró para que Jessi no metiera presión a Claire.—Lo sé, pero estás tan pálido que pareces un fantasma —dijo la niña con voz baja, como si le compartiera un secreto—. Por eso mami preparó sopita; pensamos que necesitabas una.Peter n
24. Inesperado Claire estaba agotada; aunque había dormido durante la noche, el desgaste mental casi había acabado. No podía imaginar cómo estaba Peter, que vigiló a Jessi sin pegar el ojo en toda la noche.Cuando finalmente llegó a la sala, lo encontró sentado en el sillón, con un vaso de whisky en la mano, los botones de su camisa abiertos.—¿Jessi? —preguntó, ocupando el sillón de enfrente, poniendo una distancia prudente entre ellos.—Se quedó dormida apenas la dejé en la cama —respondió.Peter bebió un sorbo del líquido ambarino; su mirada estaba fija en Claire, como si quisiera decir algo y no supiera cómo decirlo.—Te ves agotada, ¿por qué no aprovechas y descansas mientras Jessi duerme? —sugirió, dejando el vaso de cristal sobre la mesa.—Tú debes estar más cansado, la vigilaste toda la noche. ¿Quieres descansar primero? —preguntó ella, sorprendiendo a Peter.Las ojeras bajo sus ojos se marcaron un poco más cuando los achicó como un gato.—Quiero prepararle algo rico, quizá c
23. Nos vamos a casa«Quizá la próxima vez no tengamos tanta suerte.»Aquellas eran las peores palabras que podía una madre o un padre escuchar. Aun así, Claire no perdió la compostura, ni buscó culpables.—Llama a tu madre, debe estar preocupada por Jessi. Dile que está mucho mejor y que me quedaré con ella esta noche —pidió a Peter cuando la doctora los dejó a solas.Peter asintió.—Iré un momento afuera para no despertar a Jessi —susurró; su hija se acababa de dormir, pero su rostro lucía mucho más tranquilo y sereno.Las manchas de su rostro comenzaron a desaparecer y la hinchazón en sus labios casi había desaparecido.Aunque eso le daba tranquilidad, no quitaba el sentimiento de culpa que le embargaba.Claire no respondió, se limitó a asentir con un movimiento de cabeza. Peter abrió la boca y la cerró sin decir nada, se giró y salió de la habitación para informar a su madre del estado de Jessi y luego llamaría a Michael para que se hiciera cargo de los asuntos de la empresa; no p
22. ¿Podemos verla—¡Arranca! ¡Por favor, arranca de una vez! —gritó Claire mientras se acomodaba en el asiento con Jessi en brazos.La pequeña respiraba con dificultad. Tenía las mejillas cubiertas de ronchas, los labios comenzaban a hincharse y los ojos llorosos. Cada segundo soltaba una tos extraña que hacía que Claire sintiera que el corazón se le detenía.Peter se puso al volante con los nervios a mil, encendió el auto y salió de la mansión. Aquella carrera era la más importante de su vida. Y, aunque prestó atención al camino, no dejaba de mirar a Claire, que sostenía a Jessi entre sus brazos.Su hija apenas respiraba. La culpa y la adrenalina fueron un golpe fuerte; pisó el acelerador a fondo, dejando atrás a los guardaespaldas que lo seguían.Claire no miró ni una sola vez a Peter, no apartó la mirada del rostro de su hija; sus lágrimas inundaron sus ojos, pero se negó a llorar. No podía desbaratarse ahora que Jessi más la necesitaba.—Me duele, mami —susurró Jessi, tocando su







