LOGINHace años, un cruel malentendido lo destruyó todo. Manipulada por otros, Valeria creyó que el hombre al que amaba la había traicionado. Al mismo tiempo, él recibió la misma mentira; de que ella le había sido infiel. Sin pedir explicaciones, con el corazón roto y palabras frías, se separaron para siempre. Poco después, sola y embarazada, sus padres la echaron de casa. Sin otra opción, huyó del país para empezar de cero. Años más tarde, convertida en una mujer fuerte e independiente, vive una vida aparentemente tranquila, con sus dos gemelos; Mateo y Sofía. Todo parece ir bien hasta el día en que el nuevo jefe de la empresa aparece. Cuando levanta la mirada y lo ve frente a ella, el mundo se detiene. Es él... Adrian Montenegro. El mismo hombre que dejó atrás. Ahora, poderoso y más intimidante que nunca, está de pie como su jefe. El pánico la invade. Si él descubre la existencia de los niños, podría quitárselos. Y ella está dispuesta a todo para impedirlo. Lo que no imagina es que ese reencuentro despertará una atracción imposible de ignorar, viejos sentimientos que nunca murieron y un juego peligroso de celos, reproches y deseo, y un acuerdo de por medio. Porque algunos lazos, aunque rotos por mentiras, son imposibles de deshacer
View More–¿Cuál es la razón de la mala relación entre estos dos hermanos? La taza se detuvo a mitad de camino hacia los labios de Valeria. Había esperado una explicación. Aúnque no precisamente esa. Claudia bebió un poco de su té con una tranquilidad sorpresiva después de soltar aquel comentario, como si acabara de comentar algo mucho menos comprometedor.–¿Qué... ?–Eso es lo que querías preguntarme desde hace rato, ¿no?Valeria dejó su propia taza sobre la mesa. –En realidad ... quería saber por qué él y Adrián se llevan tan mal.–Lo sé — Claudia acomodó una mano sobre la otra –Y para entender eso primero tienes que saber el origen de Marco.Valeria guardó silencio.No había sido muy difícil notar que algo no encajaba entre los hermanos. No se trataba simplemente de dos hombres con caracteres incompatibles. Había demasiado filo en algunas palabras, demasiadas cosas que parecían dichas para recordar otras que nadie más conocía.Claudia suspiró con suavidad. –Hace unos años, Alexei y Eleonora
La casa tenía un ritmo diferente por las noches.Mucho más silencioso.Valeria bajaba las escaleras sin demasiada prisa cuando el timbre sonó en la entrada principal. Apenas había llegado al último tramo cuando una de las empleadas cruzó el vestíbulo para abrir.La puerta se abrió. El hombre que entró no parecía alguien que necesitara preguntar si podía hacerlo. Ella lo observó. Alto, impecablemente vestido y con una tranquilidad algo insolente, avanzó un par de pasos mientras se quitaba los guantes. —Buenas noches, señor Marco.Valeria redujo el paso.Había escuchado su nombre suficientes veces durante los últimos días como para reconocerlo sin necesidad de presentación, aunque nunca lo había visto personalmente. Se quedó en el último escalón, observándolo con una curiosidad prudente. Marco, por su parte, parecía más interesado en la casa.Miró alrededor con parsimonia, deteniéndose unos segundos en el vestíbulo, y algunas piezas del mobiliario.—Vaya... —murmuró—Tantos años y esta
Adrián dejó pasar unos segundos antes de responder.No miró inmediatamente a Marco. Su atención recorrió primero a los hombres sentados alrededor de la mesa, con una calma que contrastaba bastante con la tensión que había empezado a instalarse allí.—Si cada fluctuación del mercado fuera motivo suficiente para cambiar a quien dirige una compañía, esta presidencia habría tenido más ocupantes que los años que tiene el grupo.Su tono permaneció sereno.—Hemos atravesado situaciones bastante peores que esta. Mercados inestables, negociaciones que parecían imposibles, pérdidas que exigieron meses de recuperación y decisiones que ninguno de ustedes quería tomar cuando llegó el momento.Hizo una pausa breve.—Y, curiosamente, cuando las cifras dejaban de resultar agradables, nadie preguntaba quién debía ocupar esta silla —apoyó una mano sobre la mesa —. Me buscaban a mí.Algunos de los presentes mantuvieron la mirada sobre él. Otros permanecieron completamente quietos.—Cuando había que dar la
|| ..... ||Las reuniones extraordinarias tenían un defecto bastante curioso: todo el mundo llegaba temprano cuando sospechaba que alguien podía perder la cabeza.Marco, en cambio, parecía ser el único que no tenía prisa.Sentado en la cabecera de la mesa, hacía girar un bolígrafo entre los dedos mientras impulsaba la silla apenas unos centímetros hacia un lado y luego hacia el otro. Nada exagerado. Solo ese movimiento ocioso de alguien que estaba demasiado cómodo en un lugar que, técnicamente, todavía no le pertenecía.Miró su reloj. Después volvió a hacerlo girar —Qué considerado de Adrián hacernos esperar en una reunión convocada precisamente para hablar de él.Uno de los hombres presentes levantó la vista, pero nadie respondió. Marco tampoco parecía necesitarlo. Ladeó la boca con una sonrisa ligera y observó nuevamente la hora. Y, como si hubiera decidido obedecerlo solo para fastidiarlo, las puertas de la sala se abrieron en ese momento.Dejó de mover la silla. Adrián entró prim












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