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POV Evania
Cuando desperté, lo primero que sentí fue dolor.
Me dolía todo el cuerpo.
La cabeza me palpitaba con tanta fuerza que tuve que cerrar los ojos nuevamente. Durante unos segundos permanecí inmóvil, hundida entre aquellas sábanas, intentando recordar dónde estaba.
No reconocía el lugar.
El techo no era el de mi habitación.
Las cortinas tampoco.
Había un olor extraño en el aire, una mezcla de perfume masculino y algo que no conseguía identificar.
Me removí lentamente.
Los rayos de sol atravesaban las cortinas y casi me cegaron.
Entonces sentí algo.
Una mano alrededor de mi cintura y un calor que emanaba de otro cuerpo a mi lado.
Mi cuerpo se quedó completamente rígido.
Abrí los ojos de golpe.
Una sensación helada recorrió mi espalda.
¿Qué diablos había hecho?
Giré ligeramente la cabeza.
No. No podía ser.
Intenté respirar, pero sentí que el aire se quedaba atrapado en mi garganta.
Lo único que recordaba de la noche anterior era mi graduación de preparatoria.
Había celebrado con mis amigos. Había tomado algunas copas.
Bueno… Quizá demasiadas.
Pero después de eso, todo era confuso.
Tenía pequeños recuerdos sueltos, imágenes sin sentido.
Una fiesta. Música. Luces.
Alguien ofreciéndome una bebida.
Una voz masculina. Después, nada.
Me armé de valor y giré lentamente.
Y entonces lo vi.
Sentí que el corazón se me detenía.
Quise gritar. Quise desaparecer. Quise despertar de aquella pesadilla.
Pero no estaba soñando.
El hombre que dormía a mi lado era Lisandro Santillán.
De todos los hombres que existían en el mundo, ¿por qué tenía que ser él?
¿Por qué había terminado en aquella cama con él?
Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
No era cualquier hombre.
Lisandro era el heredero del poderoso Imperio Santillán. Un hombre perteneciente a una de las familias más influyentes del país. Y, peor todavía… Era el prometido de mi prima Constanza.
Mi prima. Mi propia familia.
Sentí que el estómago se me revolvía.
Estaba desnuda y él también.
—No…
Me llevé una mano a la boca.
—No puede ser.
Intenté recordar si realmente había ocurrido algo entre nosotros.
Pero no podía.
Solo sabía que despertarme allí significaba que algo terrible había sucedido.
Quería devolver el tiempo. Quería regresar a la noche anterior y obligarme a detenerme antes de beber.
Quería borrar aquella mañana.
Pero no podía.
Con manos temblorosas, busqué mi ropa.
Estaba tirada por el suelo.
Me cubrí rápidamente y traté de vestirme sin hacer ruido.
Solo quería salir de aquella habitación.
Entonces escuché un movimiento detrás de mí.
Me congelé.
Lisandro abrió lentamente los ojos. Nos miramos.
Su expresión cambió en cuanto me reconoció.
Primero pareció confundido. Después, aterrorizado.
Yo sentí que quería llorar otra vez.
—Evania…
Su voz fue apenas un susurro.
No respondí. No sabía qué decir.
—¿Qué… qué pasó anoche?
Negué con la cabeza.
—No lo sé.
Mi voz temblaba.
—No recuerdo…
Lisandro se incorporó lentamente.
Se pasó una mano por el cabello.
—Yo tampoco.
Aquello no me tranquilizó.
Al contrario.
—Esto es una pesadilla.
Me cubrí el rostro.
—No puede estar pasando.
Lisandro se levantó.
—Tenemos que hablar.
—¡No!
Retrocedí.
—No quiero hablar.
—Evania…
—¡No sé qué pasó!
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Yo estaba borracha.
Él guardó silencio.
—Esto no debió ocurrir.
Pero antes de que pudiera decir algo más, escuchamos un golpe.
La puerta se abrió violentamente.
Me quedé paralizada. Y entonces la vi.
Constanza. Mi prima estaba en la entrada. Pero no estaba sola.
Detrás de ella estaban mi hermano y mi padre.
Sentí que el mundo se detenía.
Constanza tenía los ojos llenos de lágrimas.
Me miró. Después miró a Lisandro.
Su rostro se llenó de dolor.
—¡¿Qué significa esto, Lisandro?!
Él palideció.
—Constanza…
—¡Me traicionaste!
Su voz tembló.
—¡Me traicionaste con mi propia prima!
Sentí que las piernas me temblaban.
—Constanza, por favor…
Ella me miró.
—¿Cómo pudiste, Evania?
No pude responder.
—¿Cómo pudiste hacerme esto?
—¡No fue así!
Mi voz salió desesperada.
—¡Por favor, escúchame!
—¡Te acostaste con mi prometido!
Sus palabras atravesaron mi pecho.
—¡Con el hombre que iba a casarse conmigo!
—Yo estaba ebria… fue un error.
Me cubrí como pude.
Quería que el suelo se abriera y me tragara.
Mi hermano me miraba con una expresión de decepción que me destrozó.
Pero la mirada de mi padre fue todavía peor.
Nunca había visto tanta rabia en sus ojos.
—Papá…
Di un paso hacia él.
—Por favor, déjame explicarlo.
—¿Explicar qué?
Su voz fue fría.
—¿Que destruiste el compromiso de tu prima?
—No quería hacerlo.
—¡Pero lo hiciste!
Me quedé llorando.
—Fue un error.
Mi padre apretó los puños.
—Un error…
Repitió aquellas palabras con desprecio.
—Papá, por favor…
Me acerqué.
Mi padre levantó la mano.
Y el golpe llegó antes de que pudiera reaccionar.
¡PLAF!
Sentí la mejilla arder.
Mi rostro giró hacia un lado.
El silencio que siguió fue insoportable.
Me llevé lentamente una mano al rostro.
Mis lágrimas comenzaron a caer con más fuerza.
—Papá…
Lo miré sin poder creerlo.
Él respiraba agitado.
—¡Maldita seas, Evania!
Su voz retumbó en la habitación.
—¡A partir de este momento, ya no eres mi hija!
POV CinthiaUna semana después, por fin pude respirar sin sentir que el mundo entero se derrumbaba sobre mis hombros.Mi cuerpo se encontraba mucho mejor.Los dolores habían disminuido, ya no pasaba las horas enteras en la cama y había recuperado parte de las fuerzas.Esa mañana, la ginecóloga me examinó con detenimiento, comprobó que todo evolucionaba favorablemente y, después de darme algunas recomendaciones, me permitió salir de casa.—Necesitas descansar, Cinthia. Nada de esfuerzos excesivos, evita las situaciones que te provoquen demasiado estrés y, sobre todo, no olvides que debes cuidar de ti misma y de tu bebé —me advirtió antes de despedirse.Asentí, agradeciéndole sus palabras, aunque sabía que cumplir con la última recomendación sería más difícil de lo que imaginaba.¿Cómo podía mantenerme tranquila cuando mi vida se había convertido en un desastre?Héctor seguía siendo una sombra que me perseguía incluso cuando no estaba cerca.Sus palabras, su mirada llena de desprecio y l
—Lo sé. Y no he olvidado mi promesa. Pero ¿acaso no querías mi felicidad, padre? ¿No era eso lo que siempre me decías?Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.—¿O es que, al igual que todos los demás, también quieres controlar mi vida? ¿Quieres decidir con quién debo casarme, a quién debo amar y qué debo hacer para que tú estés tranquilo? ¡No puedo seguir viviendo así!Mi padre bajó la mirada.Por primera vez desde que había llegado al hospital, su expresión severa se desmoronó.Sus ojos se llenaron de lágrimas y vi cómo apretaba los labios, luchando contra sus propias emociones.—Hija… —murmuró—. Solo quiero que estés protegida. Quiero que estés rodeada de personas que te amen de verdad. No soporto la idea de verte sufrir otra vez.Aquella confesión me atravesó el corazón.Porque conocía a mi padre.Sabía que detrás de sus decisiones equivocadas había un miedo profundo a perderme, a verme destruida por alguien que no supiera valorar mi amor. Pero también sabía que su manera
POV EvaniaSentí que la sangre se me helaba.Dos policías que acompañaban a mi padre avanzaron inmediatamente hacia nosotros.Uno se colocó frente a Lisandro, mientras el otro se acercaba por un costado, dispuesto a sujetarlo si intentaba escapar.Pero Lisandro no intentó huir.Se puso de pie lentamente y mantuvo las manos a la vista, con una serenidad que contrastaba con el caos que se había desatado en la sala de espera.—¡No! —exclamé, levantándome de golpe—. ¡Esperen! ¡No pueden hacer esto!Uno de los policías me miró, pero no se detuvo.—Señor, tendrá que acompañarnos a la comisaría para aclarar la denuncia.—¡Pero él no ha hecho nada! —insistí, sintiendo que la desesperación me cerraba la garganta—. ¡No pueden llevárselo solo porque mi padre lo diga!Lisandro volvió el rostro hacia mí. Nuestros ojos se encontraron y, durante un instante, todo lo demás pareció desaparecer.En su mirada no vi rabia, ni siquiera indignación por la acusación que acababa de recibir. Vi preocupación.E
POV CinthiaAl día siguiente.Cuando desperté, lo primero que vi fue a mi madre sentada junto a la cama del hospital.Tenía los ojos cansados y las manos entrelazadas sobre su regazo.Parecía llevar mucho tiempo allí, esperando a que yo abriera los ojos.Al darme cuenta de su presencia, sentí que algo se encogía dentro de mi pecho.Bajé la mirada de inmediato.No necesitaba preguntarle nada para saberlo.Mamá lo sabía todo.La vergüenza me invadió.No quería que me mirara.No quería tener que explicarle por qué había permitido que las cosas llegaran hasta ese punto, por qué estaba tan asustada y por qué había decidido cargar sola con un problema que, en realidad, era demasiado grande para mí.—Cinthia…Su voz suave me hizo apretar los labios.—Mamá, por favor, no me preguntes nada.Ella no respondió inmediatamente.En cambio, se acercó y tomó mi mano entre las suyas. Sus dedos acariciaron mis nudillos con aquella ternura que yo recordaba desde niña, cuando una pesadilla me despertaba e
POV CinthiaLo miré y, aunque por dentro sentía que el corazón se me estaba desgarrando, solté una risa amarga.Una risa que no tenía nada de alegría, pero que necesitaba para sostener aquella mentira que acababa de decidir contarle.Héctor estaba frente a mí, con los ojos clavados en mi rostro, esperando una explicación.Para él yo era su peor error, entonces, ¿Cómo trataría a mi bebé?Mucho menos podía soportar que Héctor se quedara a mi lado por obligación, por lástima o porque creyera que debía hacerse responsable de una mujer a la que odiaba.Por eso, apreté los dedos contra mis palmas, levanté la barbilla y pronuncié las palabras que sabía que lo destruirían.—No es tu hijo.El silencio cayó entre nosotros.Vi cómo su expresión cambiaba lentamente.Primero fue desconcierto; después, incredulidad. Héctor frunció el ceño y me miró como si acabara de perder la razón.—¿Qué dices, Cinthia?Tragué saliva. Sentía un nudo doloroso en la garganta, pero me obligué a mantener la sonrisa. S
POV Héctor—¿Aún está embarazada?La pregunta salió de mis labios antes de que pudiera contenerla.Había escuchado las palabras del médico, pero necesitaba que las repitiera.El médico asintió mientras revisaba algunos documentos.—Sí. Tuvo suerte de que la trajeran rápidamente al hospital. Ha perdido sangre y está debilitada, por lo que necesita reposo y vigilancia. Sin embargo, por el momento, el bebé continúa bien. Lo más importante es que se mantenga tranquila y evite situaciones que puedan alterarla.Cerré los ojos y solté el aire que había estado conteniendo.El bebé seguía vivo.Una parte de mí, aquella que había intentado silenciar desde que Cinthia me confesó su embarazo, sintió un alivio tan intenso que casi me hizo tambalearme.Todavía podía tener un hijo.Todavía existía la posibilidad de que aquel pequeño fuera mío.Me pasé una mano por el rostro, tratando de ordenar mis pensamientos.La imagen de Cinthia desplomándose, con las manos sobre el vientre y las lágrimas corrién







