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Capítulo 3

Author: coco
—Amelia, ¿qué significa esto? Te estás subiendo al auto equivocado. Ven conmigo. ¡El vehículo de la familia Black está allá! —gritó León.

Dejó a un lado su compostura habitual y corrió hacia mí, ansioso por bajarme del auto.

Sin embargo, la gente que Kane había dispuesto no era ordinaria. Todos eran fuertes guerreros lobo.

Lo hicieron retroceder a la fuerza, ladrándole:

—¿De dónde salió este idiota insolente? ¡Cuida tus modales!

Hice un gesto con la mano.

—Está bien. Los conozco. No se preocupen por ellos. Sigamos nuestro camino.

La camioneta de la familia Black se mantuvo muy cerca de nuestro convoy durante todo el trayecto. Solo se alejaron un poco cuando nos acercamos a la manada.

Durante una parada para descansar, Lucas se quedó junto a mi ventanilla, haciendo preguntas mientras miraba con curiosidad hacia el interior.

—Madre, ya que aceptaste volver a la manada, ¿por qué no vas en nuestro auto? La señorita Mila es muchísimo mejor. Ella jamás actuaría de una forma tan rara y sin motivo como tú.

No tenía ganas de prestarle atención. Después de tantos años, Lucas ya había sido moldeado por completo por otra loba.

Aun así, se subió a mi vehículo. Cuando vio la carne seca que había llevado para Sean, tomó un poco y se la metió en la boca. Hizo una mueca de desagrado.

—¡Esto está durísimo! No me gusta.

Mi expresión se ensombreció.

—Eso no es para ti. ¿Es que en todos estos años no aprendiste ni un poco de modales?

Lucas frunció los labios.

—La señorita Mila dice que soy un guerrero de la manada destinado al campo de batalla. Cosas pequeñas como esta no importan.

Volví a ignorarlo. Saqué la muñequera que estaba bordando para Kane y decidí avanzar con las puntadas mientras todavía tenía tiempo.

Los ojos agudos de Lucas se fijaron en las pequeñas muñequeras de tamaño infantil, y las palabras hirientes que estaba a punto de decir se le atascaron en la garganta. Murmuró:

—Todavía te gusta hacer estas cosas inútiles… Mis muñecas ahora son mucho más grandes…

¿De verdad pensaba que estaba haciendo eso para ellos?

Recordé cómo, en el pasado, cuando les cosía ropa, ambos siempre ponían caras de desprecio.

Lucas llegó a decir una vez:

—Solo sabes usar las manos para coser estas cosas suaves e inútiles. ¡En cambio, la señorita Mila puede usar las manos para despedazar enemigos! ¡No necesito una madre inútil como tú!

Y luego pisoteó la capa que yo había pasado toda la noche cosiendo.

Después de eso, nunca volví a coser nada para ellos.

Lucas regresó dando brincos junto a León, con la cara iluminada mientras le contaba algo emocionado. León miró en mi dirección y me dedicó una sonrisa como si lo entendiera todo.

Subí la ventanilla de inmediato. No quería seguir viendo a ninguno de los dos.

Cuando estábamos a punto de llegar a la manada, vi a alguien vendiendo bayas a un lado del camino. Le pedí al conductor que se detuviera para comprar algunas, porque a Sean le encantaban.

En algún momento, Lucas apareció detrás de mí. Con expresión molesta, dijo:

—Madre, tienes muy mala memoria. A mí solo me gusta la carne. Esta clase de cosas no me gustan para nada…

—No son para ti —le refuté enseguida.

La cara de Lucas se puso roja de golpe, y se fue furioso, resoplando.

Cuando llegamos a la frontera de la manada, León dijo que quería hablar conmigo una vez más.

—Cuando regresemos a la manada, solo tienes que disculparte públicamente con Mila. En aquel entonces, ella salió herida por culpa de tu padre. Es una loba que no tiene a nadie en quien apoyarse, y yo no podía simplemente abandonarla. Por eso la marqué frente al Consejo de Ancianos.

»A lo largo de estos años, Mila se ha entregado por completo a esta familia y ha tratado a Lucas como si fuera su propio hijo.

»Una vez que regreses, los cuatro podremos vivir bien juntos.

Las palabras de León me sonaron como una broma. Si Mila de verdad se preocupaba por Lucas, ¿lo habría criado para que fuera tan irrespetuoso?

Al ver que yo seguía en silencio, Lucas se apresuró a intervenir:

—¡Así es! La señorita Mila es fácil de tratar. Mientras no vuelvas a tus viejas costumbres, no te pondrá las cosas difíciles cuando regreses.

—¿Quién dijo que iba a volver con la familia Black? —Fruncí el ceño—. Yo tengo mi propio hogar al que regresar.

—Amelia, la familia Sutherland cayó hace mucho tiempo —dijo León, con impotencia.

—Voy a volver con mi esposo —repliqué, exasperada.

Antes de que León y Lucas pudieran procesar esas palabras, un cachorro saltó de un auto y corrió directo a mis brazos.

—¡Mamá! ¡Por fin llegaste!

Las expresiones de León y Lucas cambiaron al mismo tiempo.
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