Cuando volví a ver al Alfa León Black, y también a mi hijo, Lucas Black, que ahora ya era un adolescente, sentí un tirón doloroso en el pecho.La apariencia de León casi no había cambiado. Seguía teniendo ese aire arrogante de Alfa altivo e intocable.Me recorrió de arriba abajo con la mirada, antes de decir:—Amelia, han pasado seis años. Supongo que a estas alturas ya entiendes en qué te equivocaste. Si estás dispuesta a disculparte con Mila, te llevaré de vuelta a casa. Incluso puedes seguir siendo mi compañera.Abrí mucho los ojos, pensando que debía de haber escuchado mal.De pronto, resonó una risa ligera, cargada con la despreocupación de la juventud.—Madre, solo admite que te equivocaste. La señorita Mila es generosa. No te lo va a tomar en cuenta —dijo Lucas.»Además, ya que vinimos hasta aquí por ti, te sugiero que regreses con nosotros sin armar un escándalo. Todos estos años no has cumplido con tu deber como mi madre. Por suerte, la señorita Mila cuidó de mí. Cuando vuelva
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