LOGINPUNTO DE VISTA DE ETHAN
Por la noche, el hielo de mi vaso se había derretido y se había convertido en agua, pero llevaba veinte minutos sin dar un solo sorbo.
Estaba sentado solo en el rincón más oscuro del bar, con la música baja difuminándose hasta convertirse en ruido de fondo. Mi mente no estaba en el largo vuelo que había tomado, ni en el lío familiar que me esperaba en casa.
Estaba completamente atrapada en la habitación a oscuras de la noche anterior.
Atrapada con ella.
La chica de talla grande.
Recosté la cabeza contra el asiento de cuero y dejé que mis ojos se cerraran. El recuerdo no solo volvió, sino que me sumió en él. Solo pensar en ella me ponía a tono en cuestión de segundos.
Había tocado a muchas mujeres antes. Modelos con cinturas delgadas y sonrisas artificiales que todas me parecían iguales. ¿Pero Chloe? Chloe fue toda una revelación.
Mis manos aún ardían con el recuerdo de su cuerpo. El peso de sus caderas suaves encajaba a la perfección en mis palmas. La forma en que su piel cedía bajo mis dedos, suave y cálida, como seda calentada al fuego. Nunca había deseado a una mujer con tanta suavidad y plenitud, pero en el instante en que presioné mi pecho contra el suyo, perdí la cabeza.
Recordé cómo sus manos se habían aferrado a mis hombros, con las uñas clavándose en mi piel como si se estuviera ahogando. Recordé el arqueamiento de su espalda, la forma en que se le entrecortaba la respiración justo antes de llegar al clímax, y los gemidos agudos y desesperados que intentaba —sin conseguirlo— ahogar contra mi cuello. Cada suave estremecimiento de su cuerpo bajo el mío me había sumido aún más en una neblina oscura y posesiva. No solo me la había tomado; me la había devorado. E incluso ahora, la sangre me hervía solo de pensar en volver a hacerlo todo de nuevo.
Abrí los ojos, con una sonrisa oscura y pesada dibujándose en mis labios.
¿Lo más dulce de toda aquella noche retorcida?
Ella pertenecía a Julian.
O, al menos, solía pertenecerle.
Una risa silenciosa se me escapó de la garganta, resonando suavemente en la penumbra. Mi arrogante hermanito, el capitán dorado que creía que el mundo se inclinaba ante él, no tenía ni idea. Se había quedado en aquel patio llamándola patética, sin tener ni la más mínima idea de que, apenas unas horas antes, su chica suave y regordeta me estaba montando, temblando ante mi tacto.
La pura emoción de aquello se me clavó en lo más profundo del pecho. Julian era un niño que jugaba con juguetes que no sabía conservar. No sabía qué hacer con una mujer de verdad. Había descartado el oro porque era demasiado estúpido para ver su valor.
Pero yo no era estúpido.
Chloe pensaba que lo de anoche no había sido más que un error de borracha. Creía que podría huir, pedir perdón y volver a esconderse entre las sombras.
No podía estar más equivocada. La había sentido derretirse bajo mi cuerpo y ni por asomo iba a dejarla escapar ahora.
Me llevé el vaso a los labios y di un trago lento y ardiente de bourbon.
Entonces, las pesadas puertas de madera de la entrada del bar se abrieron de par en par.
La campana situada sobre la entrada tintineó suavemente, rompiendo el tranquilo murmullo de la sala. Desvié la mirada con indiferencia hacia la puerta, esperando ver a otro hombre de negocios cansado o a algún cliente habitual del lugar.
Mi mano se quedó paralizada a medio camino de la mesa. El vaso permaneció suspendido en el aire.
La sonrisa se borró por completo de mi rostro.
Mi pulso se aceleró y una oleada de frío me recorrió las venas mientras observaba la figura que salía de las sombras y se adentraba en la tenue luz del bar.
No puede ser.
Apreté la mandíbula y mis dedos se aferraron al vaso con tanta fuerza que el cristal estuvo a punto de romperse.
De todos los sitios. De todas las personas.
¿Qué demonios estaban haciendo aquí?
PUNTO DE VISTA DE CHLOEMe encontraba de pie frente al espejo de cuerpo entero de mi pequeña habitación, bajándome la falda vaquera descolorida y holgada que ya me había puesto un sinfín de veces. Metí la mano en el armario, cogí una sudadera con capucha extragrande de color gris oscuro y me la puse por la cabeza, sintiendo cómo la tela suave y desgastada me envolvía como un escudo. Miré mi reflejo en el espejo. La chica elegante y arreglada de ayer había desaparecido. Me había quitado todo el maquillaje de la cara hasta que mi piel quedó enrojecida y en carne viva, dejando mi rostro pálido y cansado completamente al descubierto. Había vuelto a ser mi yo de siempre, poco atractiva, escondiéndome tras capas de ropa holgada solo para volver a sentirme segura.Cogí mi mochila y salí por la puerta, caminando con la cabeza gacha hacia la esquina de la calle donde el elegante coche negro de Ethan estaba aparcado esperándome.Sentía un peso en el pecho y mi mente daba vueltas sin parar. No h
PUNTO DE VISTA DE VIVIANLa puerta principal se cerró con un chasquido cuando Richard se marchó para su turno de mañana en la oficina. Elena ya había salido corriendo para coger el autobús con sus amigas, y Chloe se había escabullido hacía horas, antes de que nadie más se despertara.Por fin, toda la casa estaba en silencio absoluto.Me quedé de pie en medio del silencioso salón, estirando los brazos y respirando profundamente el aire de la mañana. Me encantaba esta parte del día, el momento en que todos se habían ido y no tenía que fingir ser la madre dulce y desinteresada ni la esposa devota.Unos golpes fuertes y rítmicos resonaron en la puerta principal.Una sonrisa lenta y cómplice se dibujó en mi rostro. Me acerqué a la puerta, descerré el pestillo y la entreabrí apenas una pulgada.En el porche había un hombre alto y de complexión robusta, con hombros anchos, mandíbula marcada y ojos oscuros. No dijo ni una palabra. No hacía falta.Antes incluso de que pudiera cruzar el umbral,
PUNTO DE VISTA DE CHLOELa fresca brisa vespertina soplaba entre los árboles mientras subía por el camino de entrada hacia mi casa. Seguía agarrando con fuerza el contrato oficial que Ethan me había entregado; el papel oscuro pesaba en mis manos. Respiré hondo, intentando grabar en mi mente cada una de las normas que él había enumerado, pero en el momento en que pisé el porche delantero, toda mi confianza se esfumó.Antes incluso de que pudiera poner la mano en el pomo, la puerta principal se abrió de par en par.Elena estaba en el umbral, con la boca prácticamente abierta. Sus ojos muy abiertos me recorrieron de arriba abajo, fijándose en mi peinado, el maquillaje impecable, la camisa blanca entallada y la falda corta plisada que dejaba al descubierto mis piernas. La sorpresa se reflejaba claramente en su rostro.Su reacción no me sorprendió. Sabía que tenía un aspecto completamente diferente al de la chica que solía ir por ahí con sudaderas con capucha enormes y zapatillas gastadas.
PUNTO DE VISTA DE ETHANEl tenue resplandor de la pantalla de mi móvil era la única fuente de luz en un rincón del probador VIP. Me quedé mirando la pantalla, con el pulgar suspendido sobre el perfil de Scarlet. Su última publicación era una foto de ella y Julian, ambos riendo bajo el sol de la hora dorada, con el aspecto de la pareja perfecta.El pie de foto decía: «Llevo tres años conociéndote, me queda toda una vida por delante».Una punzada fría y amarga me oprimió el pecho. Tres años. Hoy habría sido nuestro tercer aniversario si ella no me hubiera dado la espalda y traicionado por mi propio hermano. Tres años de mi vida, mi confianza y mi cariño, tirados a la basura como si no significaran absolutamente nada.Bloqueé el móvil y lo metí en el bolsillo; la pantalla oscura se quedó en negro. Me recosté contra el lujoso sillón de terciopelo y cerré los ojos mientras el pasado volvía a inundarme. Recordaba cada detalle, cada promesa que me había hecho y cada una de las mentiras que m
Punto de vista de CHLOELos delgados dedos de la mujer descansaban sobre el pecho de Ethan, y sus uñas lisas y pintadas reflejaban las brillantes luces de la lujosa boutique. Su suave risa flotaba en la silenciosa estancia, sonando tan natural como seductora.—Hola, guapo, me llamo Catherine —dijo con voz melosa, inclinándose un poco más hacia él—. Encantada de conocerte.Ethan no se apartó. Se quedó allí de pie, alto e imperturbable, mirándola desde arriba con una expresión serena e indescifrable.Sentí un extraño y doloroso nudo en el corazón. Una sensación de pesadez me invadió, paralizándome al instante justo en la entrada del probador. Apreté con fuerza contra mi vientre la pila de ropa de diseño. «Claro», pensé para mis adentros. Un chico como Ethan, rico, increíblemente guapo y poderoso, atraería naturalmente a mujeres que parecían supermodelos y que se le lanzaban encima. Mujeres que realmente pertenecían a un lugar como este. Mujeres que no llevaban una sudadera con capucha e
PUNTO DE VISTA DE CHLOEEthan no respondió de inmediato. La habitación, que ya estaba en silencio, se quedó completamente en silencio; el ambiente era tan denso que casi me asfixiaba.Poco a poco, se dio la vuelta por completo. Sus ojos oscuros, que hacía un momento habían sido sorprendentemente tiernos mientras me ataba los cordones de los zapatos, ahora eran fríos y afilados como el hielo. Dio un paso deliberado hacia mí, luego otro, hasta que se plantó justo encima de mí.—¿Qué me acabas de preguntar? —su voz se convirtió en un gruñido grave y peligroso.Instintivamente, di un paso atrás, apretando con fuerza el borde de la camilla de exploración con la mano. —Yo… solo quería saber…Antes de que pudiera terminar, Ethan se inclinó, y su rostro se detuvo a apenas unas pulgadas del mío. Su presencia era abrumadora, y su sombra airada bloqueaba por completo las luces de la sala de enfermería.—Deja de hacer preguntas estúpidas, Chloe —espetó, con un tono cortante y lleno de advertencia







