Compartilhar

5. LA VERDAD

Autor: S. Dal Santo
last update Data de publicação: 2025-08-11 01:30:22

[SOFIA]

El coche se detiene frente al hotel y el silencio es mí mejor aliado en este momento. La puerta se abre, y Francesco baja primero. Yo lo sigo, ya no hay cámaras, ya no hay luces. Solo la brisa tibia de la madrugada y el sonido lejano del tráfico de una ciudad que nunca termina de dormir.

El trayecto hasta el ascensor es lento, silencioso. Y aún así, la tensión entre nosotros se siente más densa que todo el ruido del mundo.

No hablamos. No hay nada que decir que no suene falso, o peligroso.

El beso sigue latiendo en mi mente. En mis labios. Ese beso que no se supone que se sintiese así.

Entramos al ascensor. Estamos solos. Los espejos reflejan nuestras versiones “perfectas”: la pareja ideal, la imagen que todos querían ver, pero lo que siento dentro no tiene nada de perfecto.

Tengo ganas de hablar. Pero no sé por dónde empezar, porque si abro la boca, tendría que decirle la verdad. Que esta idea, este plan, no fue mío al principio. Que fue la escudería la que se me acercó, semanas atrás, cuando los titulares empezaron a hablar más de escándalos que de tiempos de vuelta.

“Él te escucha, confía en ti. Si alguien puede ayudar a controlar la narrativa, eres tú.” Así me lo dijeron, y yo acepté. Por él. Por su carrera. Por todo lo que ha trabajado. Por lo que significa para mí… aunque me empeñe en negarlo.

Pero nunca se lo dije. Y ahora, él cree que esto fue una decisión mutua. Una estrategia compartida, cree que estamos juntos en esto.

Y yo me estoy hundiendo en una mentira que, con cada día que pasa, se parece más a la verdad.

El ascensor llega a nuestro piso. Caminamos por el pasillo alfombrado hasta las habitaciones. La suya está a la izquierda, la mía, al fondo.

Nos detenemos frente a su puerta.

Se gira hacia mí. Sus ojos verdes buscan los míos. No hay sonrisas esta vez. Solo preguntas sin hacer.

Podría decirle “buenas noches”. Podría fingir una frase ligera. Una broma. Algo que nos salve de este momento, pero me quedo en silencio. Porque si hablo, la voz me va a temblar. Porque si lo miro un segundo más, voy a caer del todo.

Él asiente apenas, como si entendiera que algo está mal, o que algo simplemente está cambiando.

Abre la puerta, entra, y la cierra con suavidad.

Yo me quedo allí, quieta, unos segundos más.

El corazón me late fuerte. No por el beso, no solo por eso. Sino porque sé que esto no fue solo una actuación para salvar su carrera. Fue una línea que yo crucé mucho antes que él.

Y ahora, no sé cómo retroceder sin romperlo todo.

Cierro la puerta de mi habitación con un clic suave. Y me quedo ahí, unos segundos, apoyada contra la madera, respirando como si acabara de correr una carrera que no entrené para correr.

El silencio me golpea más fuerte que los flashes. Más fuerte que su mirada. Más fuerte que ese beso que aún me arde en la boca.

Camino hasta el borde de la cama, me deshago de los tacones y me dejo caer, con el vestido aún puesto, con el maquillaje aún intacto, como si quitármelo todo fuera igual a aceptar que esto se volvió real.

Y no puedo. No todavía.

No fue solo un beso. No para mí. Y aunque no lo quiera admitir, tampoco lo fue para él.

Me cubro el rostro con las manos.

¿Cómo llegamos a esto?

Él cree que esto fue una estrategia compartida. Una decisión que tomamos juntos, un acuerdo limpio, pero la verdad es mucho más sucia. La idea fue de ellos. La escudería. Su equipo. Los hombres que dicen apoyarlo, pero que solo vieron una crisis de imagen y buscaron cómo taparla. Y me usaron a mí.

Porque soy la persona que siempre está ahí. La que él escucha. La que entiende sus silencios. La que conoce cada maldito milímetro de su auto… y también de su forma de ser.

Y la peor parte es que acepté sin poner resistencia.

No por la escudería. Ni por la reputación del equipo. Lo hice por él.

Porque verlo hundirse fue más difícil que cualquier carrera. Porque cuando vi que lo estaban dejando solo, supe que yo no podía hacerlo también.

Pero ahora… ¿qué soy?

¿Su amiga? ¿Su cómplice? ¿Una mentira que se va volviendo verdad?

Lo miro diferente, lo sé. Desde hace tiempo. Mucho antes del escándalo. Mucho antes de que esto empezara.

Desde esa vez en Fórmula 2, cuando se bajó del coche con las manos sangrando por apretar el volante y aun así me sonrió como si todo valiera la pena. Desde entonces, algo en mí se quebró. O despertó. Y yo me pasé años negándolo. Escondiéndome detrás de la ingeniería, los datos, los planos. Fingiendo que él era solo mi piloto. Y no la razón por la que me quedaba hasta tarde en el box, incluso cuando ya no hacía falta.

Ahora, me pregunto si estoy ayudándolo… o traicionándolo.

Porque él no sabe que esto empezó como una orden. Y yo no sé cuánto tiempo más podré mirar a sus ojos sin contarle.

Me siento sucia. Culpable. Enamorada. Y no puedo decir nada de eso en voz alta.

Apago la luz.

Me recuesto boca arriba.

Y me obligo a no pensar en lo que sentiría si Francesco supiera la verdad. Porque lo que más miedo me da no es que me odie. Es que no lo haga porque ese significaría que no existo para él.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • Una Formula Para el Amor   EL FINAL NO ES ESTO

    [FRANCESCO]Veinte años después.Hay un tipo de ruido que nunca se olvida.No es el rugido del motor —aunque ese también se te queda pegado a los huesos—, sino el silencio que lo antecede. Ese segundo exacto antes de que un coche salga del box y el mundo entero contenga el aire. Lo aprendí joven, lo viví mil veces, y aun así hoy me atraviesa distinto.Porque hoy no soy yo el que va a correr.Hoy, por primera vez, es Giuliano.Lo veo desde el muro, con el casco bajo el brazo, el mono impecable, el cuerpo alto y tenso de quien lleva la herencia en la sangre y la presión en la espalda. Tiene mi mandíbula cuando aprieta los dientes. Tiene los ojos de Sofía cuando decide algo y no hay manera de moverlo.Y yo… yo tengo las manos heladas.Me río por dentro, casi con vergüenza. Soy Francesco Mozzi. Gané carreras que parecían imposibles, sobreviví al circo, a la prensa, a la caída, a la resurrección pública. Pero ver a mi hijo ponerse el casco para su primer Gran Premio… eso me deja más vulner

  • Una Formula Para el Amor   RECIEN EMPIEZA

    [FRANCESCO]El 5 de agosto amanece con una calma que no conozco. No es silencio. Es otra cosa. Una quietud que se posa sobre la Toscana como si el mundo hubiese decidido bajar la voz solo para nosotros. La luz entra despacio por las ventanas de la casa antigua donde me preparo, dibujando sombras tibias sobre la piedra, marcando el polvo suspendido como si fueran pequeños latidos en el aire.Respiro hondo. Por primera vez en mi vida, no tengo prisa.Me visto sin apuro. Demasiado despacio para alguien que pasó años persiguiendo décimas, midiendo su valor en segundos. El traje cuelga frente a mí, perfecto, pero no es lo que me pesa. Lo que me pesa —y me sostiene— está a unos metros de distancia, caminando hacia mí sin saberlo todavía.Escucho voces afuera. Risas suaves. Pasos sobre la grava. Reconozco los sonidos de mi familia: mi madre, Alessandra, organizándolo todo con esa autoridad amorosa que siempre tuvo; mi padre, Carlo, más callado que nunca; Tommaso, recorrdandome que tenerlo co

  • Una Formula Para el Amor   EL CAMINO HASTA AQUÍ

    [SOFÍA]Varias semanas después: 4 de agostoEl tiempo, cuando una está enamorada y asustada a la vez, deja de avanzar en línea recta. Se vuelve una sucesión de momentos intensos, de aeropuertos que se confunden, de domingos que pesan más que otros, de noches en hoteles donde el mundo entero parece quedar lejos… y al mismo tiempo demasiado cerca.Desde mayo hasta el parate de verano, la temporada fue un vértigo.Miami llegó envuelta en calor y exceso. Luces, ruido, titulares que ya no hablaban solo de carreras. Francesco estuvo sólido, concentrado, feroz cuando debía serlo. Yo lo miré desde el muro, con una mano siempre cerca del vientre y la otra sobre la tablet, aprendiendo a medir mis fuerzas como nunca antes. El resultado fue bueno. No perfecto. Pero firme. Como nosotros.Luego vino Europa, con su ritmo implacable.Barcelona fue dura. El calor, la degradación, una estrategia que no terminó de cerrarse. Francesco llegó a puntos importantes, pero bajó del coche frustrado. Esa noche n

  • Una Formula Para el Amor   PERFECTO

    [SOFÍA]MonacoMayo llega sin pedir permiso, con esa sensación extraña de calendario apretado y corazón en expansión. El mundo sigue corriendo —siempre corre—, pero yo empiezo a medir el tiempo de otra manera: en semanas, en latidos, en respiraciones que se acomodan.El consultorio es discreto, blanco, silencioso. Demasiado silencioso para alguien que vive entre motores. Francesco está a mi lado, con la mano firme sobre la mía, aunque intenta disimular la ansiedad mirando cualquier cosa menos la camilla. Yo, en cambio, no puedo dejar de observar la pantalla apagada frente a mí, como si supiera que ahí adentro está ocurriendo algo sagrado.—Doce semanas —dice la médica, revisando el informe—. Todo marcha perfecto.Doce.La palabra cae suave y pesada a la vez. Doce semanas de un secreto que dejó de serlo. Doce semanas de un cuerpo que aprendió a adaptarse. Doce semanas de miedo, ilusión, náuseas, risas nerviosas y noches en las que Francesco se despertó antes que yo para preguntarme si

  • Una Formula Para el Amor   A NUESTRO RITMO

    [SOFÍA]El rugido de los motores vuelve a instalarse en mi pecho incluso antes de que el semáforo se apague. Es curioso cómo el cuerpo aprende a reconocer ciertos sonidos como advertencias. Este no es peligro. No es miedo. Es regreso. Regreso al mundo real: a los horarios estrictos, a las miradas curiosas, a los flashes que no preguntan si una está lista.La escapada a la Toscana ya empieza a sentirse como un sueño hermoso, de esos que se recuerdan primero con el cuerpo y recién después con la memoria. Pero hoy estamos aquí. Otra vez en un paddock. Otra vez con la adrenalina vibrando en el aire caliente del desierto.Y, aun así, todo es distinto.Bahréin despierta bajo un cielo limpio, sin nubes, con ese sol que no da tregua ni siquiera temprano. El asfalto ya empieza a irradiar calor, como si el circuito se preparara para la batalla desde antes que nosotros. A lo lejos, las tribunas brillan y el trazado se dibuja entre arena y acero.Camino junto a Francesco por el pit lane. Él avanz

  • Una Formula Para el Amor   PASO A PASO

    [SOFÍA]El amanecer en la Toscana llega sin pedir permiso. La luz se filtra entre las cortinas de lino como un susurro tibio, deslizándose por las paredes de piedra, dibujando sombras suaves sobre la cama. No es una luz que despierte de golpe; es una que invita a quedarse un poco más.Abro los ojos y lo primero que siento es su respiración. Francesco está despierto. Lo sé por la forma en que su cuerpo está tenso, alerta, como si llevara rato mirándome. Su brazo rodea mi cintura con firmeza contenida, y su mano descansa en mi espalda baja, cálida, segura.—Buenos días… —murmura, con la voz todavía áspera de sueño.—Buenos —respondo, apenas.No hace falta más.Me acerco, buscando su boca, y el beso llega lento, profundo, cargado de todo lo que no dijimos anoche porque el cansancio nos ganó. Sus labios recorren los míos con una intención distinta: no hay urgencia, pero sí hambre. Una que arde despacio.Su mano sube, me atrae más cerca, como si necesitara sentir que sigo ahí, que no fue u

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status