LOGINVinorca Jona POV
«Vas a llegar tarde a la universidad», interrumpió mi conciencia mis pensamientos, sacándome de golpe de la cama. Corrí al baño, me di una ducha rápida y me puse ropa vieja y raída, agarré la mochila y salí disparada de mi habitación. Llegar tarde no era una opción, y menos cuando ya era becaria; un solo tropiezo podía significar el desastre. Salí apresurada de la casa, ansiosa por evitar cualquier encuentro, especialmente con Dante y sus burlas. Su sola presencia bastaba para desestabilizarme, un presagio de problemas. Mientras caminaba a paso rápido, tratando de escabullirme sin ser vista, un auto conocido se detuvo a mi lado. Maldición. Justo lo que quería evitar. Dante me había atrapado antes de que pudiera escapar. —Sube —ordenó, bajando la ventanilla. Su voz me recorrió la espalda de escalofríos, una mezcla de miedo y aprensión nublándome la mente. ¿Por qué querría que subiera a su auto? ¿Qué quería de mí ahora? Intenté procesar sus palabras. ¿De verdad me estaba pidiendo que subiera? ¿No era yo la misma a quien antes le prohibía siquiera agarrar un pedazo de pan? —¿No me oíste? ¿O me estás ignorando? —sus palabras me devolvieron de golpe al presente, su fastidio era palpable. Sabía que no debía obedecer. Sentarme en su auto no iba a llevar a nada bueno. Pero ¿podía correr? No, no cuando él tenía todo el poder, no cuando no había dónde esconderse. —No quiero ensuciarte el auto —respondí, con la voz firme a pesar del caos que sentía por dentro. —¿Me estás rechazando? —sus cejas alzadas me negaban esa posibilidad, pero yo me negué a ceder. «Sí, eso hago». Reprimiendo las ganas de decírselo en la cara, guardé silencio. —En solo tres años has cambiado tanto. Ahora hasta has aprendido a llevarme la contraria, ¿eh? —sus palabras cortaron profundo, un recordatorio de la vida en la que estaba atrapada. Pero no estaría atrapada para siempre. Pronto cumpliría dieciocho años y me liberaría de sus garras. —Se me hace tarde —dije, alejándome a toda prisa antes de que pudiera protestar más, el peso de la situación cargado sobre mis hombros. Treinta minutos después, por fin llegué a la universidad, con la respiración entrecortada por el trayecto apresurado. —Vinorca. La voz de Amanda me sacó de mis pensamientos, su preocupación evidente al llamarme por mi nombre. A pesar de todo, su presencia me arrancó una sonrisa. Caminé hacia ella, agradeciendo la distracción mientras posaba una mano reconfortante sobre mi hombro. —Más te vale decirme por qué estás tan pálida —dijo, con una preocupación conmovedora. —No es nada. Solo un susto con un perro de camino aquí —mentí, las palabras saliendo sin esfuerzo. Sentí una felicidad enorme al llamar "perro" a Dante. Él hacía que sintiera que era peor que un perro. —¿Un perro? ¿Perdiste la cabeza? ¿Por qué corriste si un perro te perseguía? Habría sido mejor que te quedaras quieta y no lo provocaras. De verdad tenía ganas de reírme. Si ella se enterara de que las dos estábamos llamando "perro" al alfa de la manada, Dios sabe cómo reaccionaría. Esa reacción sería bastante desquiciada. No sé por qué mis pensamientos se ponen tan disparatados así. —¡Ay! No pensé en eso. Fue una reacción repentina para salvarme —respondí, sonriendo. Ambas llegamos al salón de clases y nos acomodamos en nuestros respectivos asientos. Llegué a tiempo. De eso me alegraba. Pensé que había perdido mucho tiempo y que llegaría tarde por culpa de Dante y del dolor de cabeza que me dio de madrugada. —Y no entiendo por qué siempre usas esta ropa tan delgada. ¿No sientes frío? —Amanda alzó las cejas mientras tocaba mi blusa. Sé que lo pregunta por preocupación, pero en realidad duele. No puedo explicarle que esta es ropa de caridad que tengo desde hace años. Apenas estoy tratando de mantener mis comidas y todo lo demás, deslomándome trabajando. ¿Cómo voy a comprarme ropa? No quiero mostrar lo pobre que soy, y sé que no puedo dejar que nadie se entere de que estoy emparentada con Dante. Eso es algo que jamás quise que supieran. —Es solo que no me gusta usar ropa demasiado abrigada, y la que llevo puesta no es tan delgada —sonreí, haciendo mi mejor esfuerzo por disimular mi tristeza. —Eso no le hace bien a tu salud. ¿Qué tal si vienes de compras conmigo hoy? No puedes pasar todo el invierno con esa ropa. Hace demasiado frío. —Mju. Tengo trabajo, por eso tengo que irme temprano otra vez —esquivé su mirada. Hago un trabajo de medio tiempo en la biblioteca, y ya falté ayer. No puedo seguir faltando a mis turnos. Además, no tengo dinero para gastar en ropa. Cuando ni siquiera puedo pagarme tres comidas al día, comprar ropa es un lujo para mí. Entré a esta universidad gracias a una beca; de lo contrario, jamás habría podido siquiera soñar con poner un pie en un lugar como este. Pero, pasara lo que pasara, prefería vivir así antes que hacer lo que Dante quería de mí. Tuve que elegir entre mi dignidad y ser una cualquiera. «Y elegí lo primero, no lo segundo».Vinorca Jona POV«Vas a llegar tarde a la universidad», interrumpió mi conciencia mis pensamientos, sacándome de golpe de la cama.Corrí al baño, me di una ducha rápida y me puse ropa vieja y raída, agarré la mochila y salí disparada de mi habitación. Llegar tarde no era una opción, y menos cuando ya era becaria; un solo tropiezo podía significar el desastre.Salí apresurada de la casa, ansiosa por evitar cualquier encuentro, especialmente con Dante y sus burlas. Su sola presencia bastaba para desestabilizarme, un presagio de problemas.Mientras caminaba a paso rápido, tratando de escabullirme sin ser vista, un auto conocido se detuvo a mi lado. Maldición. Justo lo que quería evitar. Dante me había atrapado antes de que pudiera escapar.—Sube —ordenó, bajando la ventanilla.Su voz me recorrió la espalda de escalofríos, una mezcla de miedo y aprensión nublándome la mente. ¿Por qué querría que subiera a su auto? ¿Qué quería de mí ahora?Intenté procesar sus palabras. ¿De verdad me estab
Vinorca Jona POVAun después de intentar rechazarlo a él y a su contacto.Las mariposas revolotean dentro de mi pecho cada vez que me toca. Enciende una sensación ardiente, como si todo mi ser estuviera en llamas.Aunque sé lo inmoral que son estos sentimientos, me niego a dejarme ahogar en ellos. Él es mi hermanastro, el que me adoptó.—Ya te perdoné por haberte ido de la habitación antes. Si sigues tentando tu suerte, no puedo garantizar tu seguridad —advirtió Dante con voz dominante.Antes de que pueda decir algo más, lo aparto de un empujón y huyo a toda prisa, sin mirar atrás, consumida por la ansiedad.Llego a mi habitación y cierro la puerta con fuerza. ¿Qué pasará si él sigue ejerciendo ese control sobre mí de esa manera?Parece que no puedo controlarme; mi cuerpo le responde en un idioma propio. Él es la pasión hecha carne, una fuerza abrumadora que me llena de una ansiedad que preferiría no sentir.Me desvisto, dejo caer la ropa al suelo y entro al pequeño baño anexo a mi cu
Vinorca Jona POV—¡Cómo te atreves! —gritó, haciéndome saltar en el sitio.Como si fuera a asesinarme sin pensarlo dos veces.Intenté dar unos pasos más para huir de allí, para llegar a un lugar más seguro, cualquier sitio mejor que quedarme ahí. Pero mis piernas no me llevaron a ninguna parte.Necesitaba correr; eso lo sabía, pero mi cuerpo y mi cabeza habían entrado en un estado en el que no podía hacer nada bien.—¡Maldita sea! Vinorca, ¿olvidaste lo que te dije la última vez? —preguntó.Podía sentir el calor de sus palabras extendiéndose dentro de mi cuerpo entumecido.¿Cómo iba a olvidar lo que había dicho antes? Jamás podría olvidarlo, de eso estaba segura. Cada día, cada noche, recordaba lo que había pasado hace tres años.Ese fue el día en que ese monstruo destrozó mi paz más de lo que ya lo había hecho diez años atrás al adoptarme.Tres años atrás, yo era ingenua pero no tonta.Esa fue la primera vez que rechacé a Dante.—Algún día me suplicarás —su tono gélido brotó de sus l
Vinorca Jona POV—¡Guau! ¿Ya se enteraron? El Alfa Dante está de vuelta. Escuché que hace poco donó un montón de dinero a la escuela. Es tan generoso... y tan guapo —dijo Amy, arrancando risitas a las demás.—¡Maldición! Tienes razón. Es increíblemente atractivo y guapísimo —añadió otra chica.Yo me quedé sentada, escuchando a las estudiantes hablar de él mientras llenaba mi estómago con agua fría y un trozo de pan.«Ha vuelto», me susurré a mí misma. Mi pesadilla regresaba después de tres años. Quién sabía qué pasaría ahora que él estaba de nuevo aquí.El bullicio de voces distintas me inquietó, haciendo que el corazón me latiera con fuerza en el pecho. Las manos empezaron a temblarme peligrosamente en cuanto ese nombre prohibido llegó a mis oídos, encogiéndome los dedos de los pies y cubriéndome el cuerpo de sudor frío.—Vinorca, ¿qué haces? —me llamó Amanda, sacándome de mis pensamientos.—Nada, Amanda. Estoy comiendo —respondí, recuperando la compostura.—Ya lo veo, pero ¿por qué







