Se connecter—Vick, ¿qué quieren hacer? —susurró Amora, con la voz temblorosa.—No lo sé —respondió Vicktor en voz baja, intentando mantener la calma, aunque él mismo respiraba con dificultad.—Quizá… quizá sean ladrones. —Amora tragó saliva—. Mi maleta sigue en la sala. Allí está mi portátil de trabajo. Su tono de preocupación era imposible de disimular.—Quédate aquí. Yo me encargaré de ellos.Vicktor comenzó a levantarse, pero Amora le agarró el brazo de inmediato, sujetándolo con fuerza, aunque sus rostros no se distinguían en la oscuridad.—No te vayas —susurró, presa del pánico—. No sabemos quiénes son.¡BAM!La puerta de la habitación se abrió de golpe con tanta fuerza que las paredes vibraron. Amora y Kelly se sobresaltaron instintivamente, pero Vicktor se apresuró a taparles la boca a ambas, impidiendo que emitieran el menor sonido que pudiera atraer la atención.El sonido de unos pasos bruscos invadió la habitación. El ambiente, que antes era frío, se volvió sofocante, cargado de una ten
—Vicktor… yo…La voz de Amora se interrumpió de inmediato.—Elisha, basta. Deja de poner excusas —dijo Vicktor en voz baja, pero con firmeza. Su aliento rozaba el rostro de Amora—. ¿Por qué tenemos que seguir evitando esta realidad?Vicktor no podía apartar la mirada. A aquella distancia tan corta, la belleza de Amora parecía multiplicarse, haciendo que su corazón latiera de forma caótica e irregular.—Que se vaya todo al diablo —continuó en voz baja—. Disfrutemos de esta noche, cariño.Amora se quedó inmóvil. El tono con el que Vicktor había pronunciado «cariño» hizo que su cuerpo se sintiera ligero y pesado al mismo tiempo.—Te amo, Elisha.Otra vez. Por enésima vez, aquel hombre le confesaba su amor..Amora se quedó paralizada, como si el aire le hubiera robado el aliento. No podía responder. No sabía qué decir. Sus propios sentimientos parecían encontrarse en medio de un torbellino que no lograba comprender.¿Por qué cada vez que aquel hombre le decía que la amaba… su corazón tam
El sonido de los besos comenzó a escucharse cuando Amora ya no pudo permanecer inmóvil. Las manos que al principio solo habían querido rechazarlo terminaron rodeando el cuello de aquel hombre, correspondiendo a cada embate de Vicktor. El beso se prolongó, desdibujando los límites que ambos habían intentado mantener desde el principio. Cada respiración se mezclaba con la del otro en una cercanía demasiado intensa.Cuando sus labios finalmente se separaron, Amora estaba sin aliento. Vicktor también. En los ojos de ambos se reflejaba el rechazo que había llegado demasiado tarde, pero también un deseo demasiado poderoso para negarlo. No querían detenerse. Todavía querían… pero Amora se apartó rápidamente.Vicktor se inclinó hacia ella, dispuesto a recuperar aquel dulce momento. Sin embargo, Amora levantó una mano para detenerlo.—Vick, no puedo seguir con esto… —su voz temblaba, pero era firme.Sin esperar la reacción del hombre, Amora se dio la vuelta y caminó rápidamente hacia la habita
En realidad, Amora nunca había esperado ni por un instante que Vicktor la invitara a pasar unas vacaciones. Sí, unas vacaciones… y lo que más le costaba creer era que no estuviera incluida Lucy, la esposa legítima de aquel hombre. De repente, Vicktor había invitado a Amora y a Kelly a una pequeña villa cerca de la playa, lejos del bullicio de la ciudad, como si quisiera escapar de todo lo que llevaba tanto tiempo agobiándolo.Aquella tarde, una brisa fresca acariciaba suavemente la piel. Desde el balcón de la villa, el espectáculo de las olas rompiendo contra la orilla y el cielo anaranjado que anunciaba el atardecer resultaba de lo más reconfortante. Amora estaba sentada, apoyada en un largo sillón de madera, mientras Vicktor ocupaba el asiento a su lado y abría una botella de vino tinto que había traído del interior. Kelly ya dormía profundamente en su habitación, después de pasar todo el día jugando y correteando por la playa.—Acompáñame, El. Hace mucho que no bebo vino —dijo Vick
A la mañana siguiente, armada con la información que le había proporcionado uno de sus subordinados, Lucy se dirigió rápidamente a uno de los grandes hospitales que años atrás había atendido a numerosas víctimas de un incendio. Desde primera hora de la mañana, un nombre no dejaba de resonar en su cabeza: Amora. La mujer que debía encontrar a toda costa.En cuanto entró en el vestíbulo del hospital, Lucy no perdió tiempo. Se dirigió directamente al mostrador de admisión. La empleada que estaba detrás parecía ocupada, pero Lucy se acercó a ella con determinación.—Quisiera preguntar por una paciente que estuvo ingresada aquí —dijo Lucy sin rodeos—. Se llama Amora Cassidy Shane.La empleada frunció el ceño. —¿Amora Cassidy Shane? ¿Cuándo estuvo ingresada esa paciente?—Hace dos años —respondió Lucy con firmeza.La empleada volvió a mirar a Lucy, esta vez durante más tiempo. —¿Con qué propósito busca información sobre una paciente?Lucy se apresuró a inventar una excusa. —Yo... soy un fam
Eran las doce de la noche. El silencio flotaba en cada rincón de la majestuosa mansión de Vicktor.Amora salió de la habitación de invitados con pasos suaves, como si temiera despertar a alguien que aún pudiera estar despierto. Bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, donde una tenue luz amarilla brillaba en solitario. Allí, comenzó a preparar una taza de té caliente. Sus manos se movían con destreza, como si ya conociera de memoria cada rincón de los armarios y cajones.Era comprensible. Aquella enorme mansión había sido un regalo de bodas de su padre. Una casa que ya no estaba a su nombre, porque Vicktor la había transferido. El recuerdo la atravesó por un instante, pero enseguida lo apartó de su mente.A sus espaldas se escucharon dos carraspeos. Amora se volvió.Vicktor estaba apoyado en el marco de la puerta de la cocina, con una leve sonrisa en los labios. —El, ¿qué estás haciendo? —preguntó en voz baja.—No puedo dormir —murmuró Amora mientras vertía el agua caliente—. Así







