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Capítulo 5. Todo ha terminado.

Author: Kester
last update Petsa ng paglalathala: 2026-09-27 18:37:49

—¡Lucy, realmente has pisoteado mi dignidad! —la voz de Amora temblaba de rabia contenida.

Avanzó a grandes pasos, atravesando la multitud de invitados de la fiesta. Sus zapatos resonaban contra el suelo de mármol, mientras la música que hasta hacía un momento retumbaba con fuerza se detuvo de repente cuando llegó al centro del escenario. Todas las cabezas se giraron al mismo tiempo.

—Oigan, miren. Hay una mujer gorda que quiere unirse a nuestra fiesta —se burló uno de los invitados.

Varias personas comenzaron a murmurar y a hablar de ella a sus espaldas. Sus miradas, llenas de desprecio, recorrieron el cuerpo de Amora como si su presencia fuera una vergüenza.

Lucy, que estaba de pie con elegancia, luciendo un costoso vestido resplandeciente, esbozó una sonrisa sarcástica. Se acercó lentamente a Amora, con una mirada llena de triunfo.

—¿Dónde está Vicktor? —preguntó Amora con frialdad, aunque su voz era clara.

El ambiente quedó en silencio por un instante, hasta que alguien exclamó en voz alta:

—¿Qué? ¿No he oído mal, verdad? ¿Esta mujer está buscando a tu novio, Lucy?

Le siguieron algunas risas y exclamaciones.

—¿No te da vergüenza? ¡Mira tu cuerpo… pareces un cerdo de cien kilos!

—Estoy seguro de que un CEO no estaría tan desesperado como para salir con ella. Comparada con Lucy, la diferencia es como del cielo a la tierra.

Las carcajadas estallaron, llenando la habitación. Algunas personas se taparon la nariz fingiendo sentir repulsión, mientras otras susurraban entre sí y lanzaban miradas llenas de desprecio.

El rostro de Amora se puso rojo, no de vergüenza, sino de ira. Apretó ambas manos con fuerza y rechinó los dientes. Clavó la mirada en Lucy, que estaba de pie a solo unos pasos de ella.

Lucy se acercó y susurró con voz baja, pero cargada de veneno:

—Deberías conocer tu lugar, Amora. Vicktor solo siente lástima por ti… nada más.

—¡Deja de jugar conmigo, Lucy! —la voz de Amora estalló, haciendo que varios invitados guardaran silencio por un instante—. No he venido para que se burlen de mí. He venido a exigirle cuentas a ese maldito bastardo.

Lucy soltó una risita y luego palmeó el hombro de Amora con condescendencia.

—Entonces… demuéstramelo, mujer gorda. ¿De verdad puedes enfrentarte a mí?

El ambiente de la fiesta se tensó de repente. Todas las miradas se centraron en las dos mujeres que permanecían frente a frente.

Poco después, Vicktor llegó y se colocó al lado de Lucy. Ya no parecía tan nervioso como el día anterior, como si su relación con Lucy ya no fuera algo que tuviera que ocultar.

Su mirada era tranquila y sus labios dibujaban una dulce sonrisa que resultaba especialmente dolorosa para Amora.

—Hola, Amora. Finalmente has vuelto a casa —dijo con suavidad, como si nunca hubiera cometido ningún error.

Cuando extendió la mano para tocar la mejilla de Amora, ella la apartó bruscamente.

—¡No me toques! —espetó con profundo odio.

Para Amora, Vicktor se había vuelto repugnante. Desde que había descubierto la infidelidad, ya no estaba dispuesta no solo a servirlo, sino ni siquiera a permitir que la tocara.

—¡No te atrevas a jugar conmigo, Vicktor! —la voz de Amora temblaba de rabia—. ¡Shane Group pertenece a mi familia! ¡No a ti!

Todos los presentes comenzaron a confundirse. La mujer gorda que tenían delante afirmaba ser la dueña de Shane Group, una empresa que, según ellos, pertenecía a Vicktor, el novio de Lucy.

Sin embargo, Vicktor soltó una pequeña carcajada. Su mirada era fría y desafiante.

—Amora, Shane Group sí pertenecía a tu familia… pero eso era antes. Ahora todos los activos de la empresa, incluso la casa de tus padres, son míos.

—¡Maldito seas! —Amora perdió el control. Su mano se alzó, dispuesta a abofetear el rostro de aquel hombre y liberar aunque fuera una pequeña parte del fuego que ardía en su pecho.

Pero Vicktor fue más rápido. Le atrapó la muñeca y la sujetó con fuerza.

—¿Qué? ¿Quieres enfadarte conmigo? ¿Golpearme? ¿Arañarme? ¿O estrangularme hasta romperme el cuello? —su voz se elevó y sus ojos se volvieron más afilados—. Hay algo que debes saber, Amora. ¡Llevo diez años ayudando a hacer crecer Shane Group! ¡Sin mí, tu familia habría quedado destruida hace mucho tiempo!

Amora lo miró con incredulidad. Vicktor estaba siendo tan directo que parecía haber dejado de importarle por completo el dolor que le había causado.

—Tú… ¡realmente no tienes corazón, Vicktor! —la voz de Amora tembló, llena de dolor. Intentó contener las lágrimas, negándose a mostrarlas frente a aquel hombre y ante todas las personas que la observaban.

Vicktor, en cambio, se acercó más y bajó la cabeza hasta que sus rostros quedaron a la misma altura.

—¿Corazón? Hace mucho tiempo que lo arrojé a la basura, Amora.

Amora se quedó en silencio, con el cuerpo temblando entre la rabia y la desesperación. Por primera vez, se sintió realmente acorralada por el hombre en quien alguna vez había confiado tanto. Ni siquiera su amor sincero había sido valorado por Vicktor.

—Ya basta, Amora. Acepta tu derrota. Como no estás invitada a la fiesta, será mejor que salgas de aquí ahora mismo —declaró Lucy, sin querer que su fiesta se viera perturbada.

Amora ya no pudo contener sus emociones. Avanzó rápidamente hacia Lucy. Con toda la fuerza de su rabia, empujó a Lucy por el hombro.

—¡Esta es mi casa! ¡Ustedes son quienes deben irse de aquí! —gritó, con la voz temblando de dolor.

Lucy se tambaleó hacia atrás, con los ojos muy abiertos, incapaz de creer que Amora se hubiera atrevido a hacer eso.

—¡Mujer loca! —replicó Lucy, dispuesta a devolverle el golpe.

Pero antes de que pudiera hacerlo, Vicktor reaccionó de inmediato. Agarró la mano de Amora y la apartó bruscamente de Lucy. Su rostro se endureció y sus ojos ardieron de ira.

—¡Amora! ¡No te atrevas a hacerle daño a Lucy! —bramó, haciendo que la tensión se apoderara de toda la habitación.

Amora se quedó inmóvil por un momento, incapaz de creer lo que acababa de escuchar. Su cuerpo temblaba y sus ojos se enrojecieron mientras contenía las lágrimas que estaban a punto de caer.

—Tú… la estás defendiendo, ¿Vick? —su voz se quebró.

—¡Cállate! —Vicktor la miró con dureza y luego señaló hacia la puerta—. No quiero que esta discusión se prolongue. Ahora vete de aquí, Amora. ¡Nos divorciamos!

Aquellas palabras fueron como un cuchillo que atravesó el corazón de Amora. Durante todo ese tiempo, ella todavía había intentado contenerse, luchando para evitar que su matrimonio se destruyera. Pero la realidad era demasiado cruel: su propio esposo había elegido defender a aquella mujer seductora delante de todos.

La habitación quedó en silencio por un instante. Solo quedaron los sollozos contenidos y la sonrisa de satisfacción en los labios de Lucy, que contemplaba la destrucción de Amora.

Amora se quitó el anillo de su dedo anular y lo depositó directamente en la palma de Vicktor. Con el cuerpo ligeramente tembloroso, miró profundamente a su esposo antes de hablar. Su voz temblaba, pero estaba llena de determinación.

—Nuestro matrimonio ha terminado. Pero recuerda, Vick… el universo no se quedará de brazos cruzados. Mi destrucción será también el punto de partida de la tuya. ¡Me aseguraré de que te arrepientas durante el resto de tu vida!

Sin esperar la respuesta de Vicktor, Amora se dio la vuelta. Avanzó rápidamente y abandonó su casa, dejando tras de sí una tensión que todos los presentes pudieron sentir.

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