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Escapar con vida

last update Data de publicação: 2026-04-20 10:42:17

Isabella no se movía, no respiraba, o eso intentaba.

Sus ojos estaban fijos en el cuerpo de Adriano… tirado en el suelo y lo peor, inmóvil, con la sangre deslizándose lentamente por su sien.

—Yo… —susurró, retrocediendo—. Yo no quería…

Murmuró para sí misma, intentaba convencerse que todo iba a estar bien.

Un golpe fuerte en la puerta, hizo que el corazón de Isabella se detuviera en seco.

—Señor Adriano —se escuchó desde el otro lado—. ¿Todo está bien?

Isabella reaccionó de inmediato, el pánico la atravesó por completo.

Miró alrededor desesperada… y sin pensarlo, corrió hacia la puerta contigua del pequeño recibidor de la suite, escondiéndose justo detrás, pegando la espalda contra la pared.

La manija giró, y la puerta se abrió, se escuchaban pasos firmes.

—Señor…

La voz se cortó.

—Joder…

El hombre se acercó rápidamente.

Era alto, de traje negro impecable, mirada alerta. Luca Moretti, el hombre más leal de Adriano.

Se arrodilló junto a él sin perder un segundo.

—Señor… ¿qué le pasó?, ¿Quién demonios le hizo esto?.

Lo sostuvo por los hombros, revisando la herida con rapidez.

Adriano no respondió, pero al menos respiraba lento.

—Maldición… —murmuró Luca.

Sin perder tiempo, lo levantó con esfuerzo, pasándole un brazo por encima de los hombros.

Isabella contuvo la respiración. Su cuerpo seguía temblando, pero su mente comenzó a moverse rápido, desesperada.

Podía quedarse… y enfrentarlo. O podía correr.

Miró una vez más el cuerpo de Adriano… la sangre… el peligro..

No iba a esperar a ver qué pasaba, ella apretó los dientes y decidió huir.

En ese momento, un leve sonido, llamó la atención de Luca, quien  giró apenas la mirada.

Y la vio, a Isabella.

Saliendo lentamente de detrás de la puerta, sus ojos se encontraron por un segundo.

Uno solo, pero suficiente.

—Tú… —murmuró Luca.

Isabella no esperó y corrió.

Salió de la suite como si su vida dependiera de ello, porque así era, sabía que si la familia Vercelli sabía que ella acaba de matar a Adriano, ella y toda su familia estarían muertos en cuestión de horas.

—¡Maldición! —gruñó Luca.

Él apoyó a Adriano con cuidado sobre el sofá más cercano, sacó su teléfono y marcó sin dudar.

—Necesito un médico. Ahora —ordenó—. Suite presidencial. Muévanse.

Colgó. Y sus ojos se endurecieron.

—Y tú…

Se giró hacia la puerta.

—No vas a ir muy lejos.

Y salió tras ella.

Isabella corría, descalza, el vestido de novia enredándose en sus piernas, y el corazón golpeándole con fuerza descontrolada, a punto de desbocarse.

Los pasillos parecían interminables.

—Tengo que salir… tengo que salir…

En las escaleras, sin pensarlo, bajó, lo más rápido que podía, torpe, casi cayendo. Pero no se detuvo, un piso, y luego otro, debía bajar los que fuera, solo por salir de ahí, pero con vida.

Su respiración era irregular, con el pecho subiendo y bajando con desesperación.

Llegó al vestíbulo, y se detuvo en seco.

—Refuercen las salidas —dijo uno de los guardias del hotel por radio—. Orden directa. Nadie sale.

Isabella sintió que el mundo se le venía encima.

—No… No… No —se dijo a sí misma..

Retrocedió, despacio, dió un paso, luego otro, su mente buscaba una salida, una sola, pero no había. Se giró ligeramente, observando a todos lados, y siguió retrocediendo, sin mirar atrás.

Y entonces chocó contra algo… contra alguien.

Su cuerpo se tensó al instante, el aire se le congeló en los pulmones.

Giró lentamente la cabeza, y luego alzó la mirada.

Un hombre alto, Imponente, traje negro, y lo peor la mirada fija en ella.

Y una sonrisa torcida que dejó ver… con un diente de plata. Era Luca.

—Hola —dijo con calma.

Pero no había nada amable en su voz.

Las manos de Isabella reaccionaron tarde.

Porque él ya la había sujetado por los brazos, sin dejarle escapatoria .

—Suéltame —espetó ella, forcejeando.

Luca inclinó ligeramente la cabeza.

—Eso no va a pasar.

Ella intentó soltarse, pero él apretó más fuerte.

—Hiciste algo muy estúpido —añadió, bajando la voz—. Y el jefe… no es alguien a quien debas dejar sangrando en el suelo.

El miedo la atravesó.

—Yo no…

—Silencio —la interrumpió.

Sus ojos se endurecieron.

—Vas a volver conmigo.

Isabella negó con fuerza.

—No.

Intentó zafarse otra vez, pero fue inutil. Luca la acercó un poco más hacia él.

—No entiendes —murmuró—. No te estoy pidiendo, te estoy ordenando.

Ella lo miró, respirando agitada.

—Prefiero morir.

Luca sonrió, lento, peligrosamente lento. 

—Eso… se puede arreglar.

Isabella sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.

—Pero primero —añadió él, comenzando a arrastrarla—… el señor Vercelli va a querer verte.

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