Share

Capítulo 2

Author: Paz Maré
last update publish date: 2026-10-29 07:23:36

El sol apenas se filtraba por las cortinas, dibujando franjas pálidas sobre el suelo de madera. Aurelia despertó con un peso insoportable en el pecho, como si cada lágrima derramada la noche anterior hubiera dejado un hueco que nadie podría llenar. Su cabeza latía con un dolor sordo, y los ojos, todavía hinchados y rojos, se resistían a abrirse del todo. La memoria de las cartas y la verdad que Isolda le había entregado la envolvía, implacable, y la sensación de desesperación no la abandonaba.

El cansancio era absoluto. Cada músculo de su cuerpo parecía gritar que necesitaba descansar, pero su mente no la dejaba.

Se incorporó despacio y apartó las sábanas. Se acercó al tocador, donde la aguardaba una jarra de agua, y se lavó el rostro antes de sentarse frente al espejo.

La mujer que le devolvía la mirada parecía mayor que la víspera. Quizá solo fuera el cansancio, aunque había algo más difícil de definir en sus facciones, una inquietud que ni siquiera intentó disimular.

Un golpe suave en la puerta interrumpió sus pensamientos. La voz de Isolda, calmada pero firme, cruzó el umbral:

—Aurelia…

La joven se quedó paralizada, conteniendo el temblor en las manos. Su hermana entró con paso firme, vestida con un traje de mañana gris perla y el cabello recogido con sencillez. Su aspecto era impecable, como siempre, aunque las sombras bajo sus ojos revelaban que tampoco había descansado demasiado.

—El marqués de Greystone está en la mansión y se quedará hasta que regrese el duque —dijo Isolda con calma, midiendo cada palabra—. Ya le he dicho que estás enferma de algo contagioso. Cuando yo salga, cierra la puerta con llave y no dejes entrar a nadie. Enviaré a Maggie con la comida.

Aurelia la miró desconcertada, con la mente entrecortada por la confusión y el cansancio. Quiso hablar, decir algo, protestar o preguntar, pero Isolda la interrumpió suavemente:

—Habrá tiempo para hablar de todo. Ahora solo debes cuidarte.

Isolda se detuvo unos segundos, observándola con una mezcla de pena y ternura. Los ojos que antes brillaban con firmeza y autoridad ahora parecían frágiles, vulnerables. Aurelia sintió por un instante que su hermana cargaba con un peso muy grande en su ser.

Al contemplar a su hermana, Aurelia recordó a la joven valiente e inocente que había sido, aquella que soñaba con el amor, con la justicia y con la posibilidad de una vida distinta. Le costaba reconocer en aquella mujer a la muchacha que una vez conoció, del mismo modo que apenas podía reconocerse a sí misma en la persona en que se había convertido.

Isolda dio un paso adelante, abriendo los brazos, invitándola sin palabras a refugiarse en ellos. Aurelia dudó, sorprendida, pero finalmente cedió. Dejó caer las barreras que había construido durante años, y el abrazo que siguió fue a la vez firme y dulce, llenando un vacío que llevaba demasiado tiempo dentro de ella.

Entre sollozos, sus lágrimas recorrieron el rostro y cayeron sobre la levita de su hermana, mientras Isolda murmuraba con suavidad:

—Todo estará bien.

La voz de Isolda era un consuelo, un hilo de esperanza que Aurelia apenas podía aceptar, pero que necesitaba como el aire. Sintió un instante de alivio, un respiro entre la desolación que la había consumido, aunque sabía que la verdad de su vida, su culpabilidad y los años perdidos no desaparecerían tan fácilmente.

Cuando Isolda salió de la habitación, Aurelia cerró con llave la puerta, quedándose sola. El silencio que la envolvía no era un alivio, sino una prisión que amplificaba cada pensamiento.

“El marqués de Greystone”

Sólo pensar en él hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Aurelia. Nunca le había gustado aquel hombre, ni la mirada lasciva con que solía observarla. Más de una vez había intentado propasarse con ella, pero el duque jamás se lo había permitido. Fuera por amistad o por temor, el marqués nunca había insistido demasiado; aun así, su sola presencia le provocaba repulsión.

Se dejó caer sobre la cama, abrazando las sábanas arrugadas, intentando ordenar las piezas que comenzaban a encajar en su mente. La visita del duque de Westford el día anterior, hermano mayor de Lady Clarissa. La llegada, aquella misma mañana, del marqués de Greystone, esposo y viudo de la joven. Y todo, a menos de una semana del funeral de Clarissa, cuya muerte se había atribuido a una fiebre repentina.

Su corazón se agitó. Había aprendido a ignorar muchas cosas durante diez años al lado del duque de Blackmoor. Había callado, había cerrado los ojos, hasta el punto de ver en su crueldad una rutina, un hábito inevitable de aquel mundo de privilegios corrompidos. Pero ahora, al juntar esas piezas, el velo comenzó a desgarrarse.

Lady Clarissa.

El recuerdo de su dulzura tímida, de la forma en que parecía mirar al suelo como si el mundo la intimidara, regresó con fuerza. Y junto a esa imagen, la memoria de una noche concreta en Londres, cuando Aurelia había visto algo que nunca debió ocurrir… algo que había preferido relegar a la sombra del olvido.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

¿Y si la muerte de Lady Clarissa no había sido tan natural como todos creían? ¿Y si aquello que Aurelia había presenciado tenía relación con lo que ahora se desataba?

Se llevó las manos al rostro, ahogando un gemido de angustia.

No quería recordarlo y, sin embargo, ya no podía escapar de aquella noche. Algo que había intentado enterrar durante años estaba regresando, y Aurelia comenzaba a temer que la muerte de Clarissa fuera solo el principio de una verdad mucho más terrible.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Venganza y Redención   Capítulo 13

    Antes de que el duque de Westford se retirara del estudio, Isolda y Aurelia se apresuraron a entrar en un salón contiguo, cerrando la puerta con mucho cuidado para que nadie notara que habían estado espiando. Una vez allí, Isolda apremió a Aurelia: —Vamos al salón privado, es mejor que nos resguardemos. Ya en la estancia, mientras Aurelia cerraba la puerta tras de sí, Isolda, con admiración evidente, comentó: —Mis respetos para el duque de Westford. Yo no conservé tanta calma cuando encaré a mi esposo. Aurelia, sumida en sus propios pensamientos, alzó la mirada, atónita: —¿Cuándo lo encaraste? Isolda se acomodó en el sillón, como si nada, y respondió con indiferencia: —Cuando me enteré de que te acostabas con él. Impactada, Aurelia se acercó a su hermana y, con voz insegura, preguntó: —¿Cuándo… cómo te enteraste? ¿Te lo dijo él? —No —replicó Isolda, mirando a su hermana con

  • Venganza y Redención   Capítulo 12

    Adrien permaneció inmóvil, con la mirada fija en el duque de Blackmoor. La sala estaba cargada de un silencio espeso, roto únicamente por la respiración contenida del duque y los leves movimientos del marqués de Greystone, visiblemente incómodo. Cada segundo que pasaba parecía alargar el aire, como si la estancia misma contuviera la respiración. Con la misma calma que había mantenido durante toda la reunión, Adrien habló, señalando sutilmente a Blackmoor: —Ella menciona que fue usted quien la incitó a tener relaciones, escudándose en un juego absurdo y aprovechando su malestar. Blackmoor palideció, tensando los puños sobre el escritorio. Su mandíbula se apretó hasta que los nudillos se blanquearon. —Eso es absurdo… yo jamás le pondría una mano encima a la esposa de mi amigo. Adrien no apartó la mirada ni un instante. Su voz siguió serena, medida: —Y aun así lo hizo. El tiempo pareció detenerse. La habitación quedó

  • Venganza y Redención   Capítulo 11

    El aire se tensó aún más. El marqués de Greystone se removió incómodo en la butaca, mientras el duque de Blackmoor lo observaba con la fría mirada de quien se sabe retado, pero aún mantiene la ventaja de la posición y el entorno. El duque de Blackmoor permaneció en silencio durante largos segundos, evaluando con frialdad el rostro imperturbable de Adrien. Finalmente, soltó un suspiro y dijo: —Muy bien… entonces, ¿qué quiere saber? Adrien, complacido por aquel primer avance, relajó levemente su postura y, con tono sereno, preguntó: —Greystone me comentó que, en la última semana de la temporada social, él y mi hermana asistieron a una fiesta celebrada en su residencia de Londres, Blackmoor House. ¿Es correcto? El duque se movió en su asiento, intentando mostrar naturalidad, aunque la rigidez de su mandíbula lo traicionaba. —No era una fiesta —replicó—. Sólo una simple reunión de amigos, nad

  • Venganza y Redención   Capítulo 10

    El carruaje se detuvo frente a la imponente fachada de Blackmoor Hall. Varios mozos acudieron de inmediato para sujetar los caballos y abrir la portezuela. Adrien descendió con serenidad. Vestía una levita oscura sobre un chaleco de seda gris, y sus botas altas, impecablemente lustradas, completaban su elegante atuendo. Con el sombrero de copa en una mano enguantada, se dirigió hacia la entrada, donde el mayordomo lo aguardaba. Tras una breve reverencia, el hombre abrió la puerta y lo condujo al interior. —Vengo a hablar con el duque de Blackmoor —anunció Adrien con voz fría y mesurada, mientras le entregaba el sombrero. El mayordomo asintió y se alejó por el corredor para anunciar su llegada. Adrien aguardó en el recibidor, repasando mentalmente las preguntas que pensaba formular. Debía mantener la calma y medir cada palabra. No podía permitir que la rabia interfiriera en su propósito. Al cabo de unos m

  • Venganza y Redención   Capítulo 9

    El regreso a Manor fue silencioso, apenas roto por el crujir de los cascos sobre la hierba húmeda. Adrien permanecía inmóvil en la silla de montar, con la mirada fija en el camino frente a él, aunque su mente corría a mil por hora. Cada palabra de Aurelia reverberaba en su cabeza, recordándole con dolor y furia lo ocurrido. Al llegar a la mansión, desmontó y dejó a su caballo al cuidado de un mozo de cuadras en la caballería. Caminó hacia su habitación con paso firme, la respiración controlada, aunque el peso de la rabia y el dolor apretaba su pecho. Cerró la puerta tras de sí y se dejó caer en un sillón, los codos apoyados en las rodillas, la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante. El suave roce de la tela del sillón le recordó lo frágil que era su mundo; debía mantener la compostura. No podía permitirse perder la calma. La muerte de su hermana y la crueldad del duque de Blackmoor exigían que su mente permaneciera fría. Cualquier emoción desbordada, cualqui

  • Venganza y Redención   Capítulo 8

    Aurelia permaneció inmóvil, la mirada fija en los ojos grises de Adrien, esperando a que él procesara todo lo que le había contado hasta ese momento. El silencio entre ambos parecía pesar más que cualquier palabra, solo roto por el leve murmullo del viento sobre el lago y el chapoteo del agua. Finalmente, habló, con voz serena y firme, aunque cargada de tristeza: —Su hermana estaba drogada, la bebida que les dan a las mujeres en esas fiestas es una mezcla de líquidos que las hacen dóciles, aumentan su libido y las vuelven susceptibles. En este caso, el duque de Blackmoor le dijo a su hermana que un ser querido necesitaba su ayuda, y que la única forma de llegar ante esa persona era cabalgando. De esa forma él logró que su hermana se entregara a él. Ella, en todo momento, pensó que estaba montando a caballo para salvar a un ser querido… para salvarlo a usted. Adrien se quedó atónito ante la revelación. Los ojos se le agrandaron y su respiración se aceleró mientras la realidad del

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status