LOGINAlguém me marcou no Nextdoor. [Ei, garota da cobertura. Você é solteira. Para que precisa de um jardim inteiro no telhado? Meu marido vai dar uma festa. Vamos precisar dele a partir de amanhã.] [Não se preocupe, vamos te dar duzentos dólares por mês pela manutenção. Você vai ganhar duzentos pratas por fazer porra nenhuma. Deveria estar radiante.] Fiquei encarando a tela. Era uma piada. Eu era a herdeira do Don Ricci, preparada para comandar a Zona Sul. Mas troquei aquela vida por um pincel. Este apartamento era o meu santuário, o meu lugar de paz. Aquele jardim no telhado não era um benefício do condomínio. Era meu. Paguei meio milhão de dólares em dinheiro vivo pela escritura quando comprei o lugar. Eu o transformei no meu estúdio de solário. E agora alguém achava que podia usá-lo por duzentos dólares por mês? Respondi com duas palavras: [Continue sonhando.] Não esperava encontrar o síndico do prédio e dois seguranças na minha porta no dia seguinte. Alguém tinha aberto uma reclamação contra mim por “uso indevido de recursos comunitários”. E agora, em nome da “harmonia entre vizinhos”, eles exigiam as minhas chaves. Tudo bem. Queriam jogar a civilidade pela janela? Estavam prestes a aprender como era o verdadeiro poder.
View MoreEmma Spencer.
—Y con eso concluye mi presentación sobre innovación educativa. Muchas gracias a todos por asistir.
Patrick Sheldon, el decano de la universidad, —Damas y caballeros, esta fue la presentación magistral de la Dra. Spencer, profesora interina de la universidad de Stanford.
Pude observar como el público se colocó de pie aplaudiéndome. Algunos gritaron, “¡Bien hecho!” y no pude evitar sonreír.
Me bajé del escenario y me encontré cara a cara con el principal benefactor de la universidad: Peter Bennett.
Era el multimillonario más codiciado del país. Observé al inmenso hombre que estaba de pie frente a mí.
Extremadamente alto, una pared de puro músculo, pelo castaño un poco más largo arriba que en los costados, ojos de color almendra, labios carnosos, mandíbula fuerte y barba recién cortada.
Vestía un traje negro, hecho a la medida.
Atractivo, varonil, el sueño de cualquier mujer, el cual provocaba sensaciones inoportunas, con solo mirarlo.
Con una sonrisa perfecta dibujada en sus labios y sus ojos fijos mirándome intensamente, me dijo con una voz ronca y seductora. —Qué gran presentación, Dra. Spencer. Estoy absolutamente maravillado con su inteligencia.
Abrí mucho los ojos, sin saber que decir.
Nunca un hombre había coqueteado conmigo, alagando mi inteligencia. En verdad que fue refrescante.
Sonreí a sus palabras. —Gracias por el cumplido, Sr. Bennett. Ahora si me disculpa, debo marcharme. A parte de Dra. soy madre y debo ir a recoger a mi pequeña. Fue un gusto conocerlo.
Vi como su sonrisa se desvaneció y fue cambiada por una mirada fría, oscura y… francamente aterradora.
Tragué fuerte y no esperé a que me respondiera. Solo quería salir de ahí.
Me despedí de todos, disculpándome por no poder quedarme a la recepción y rápidamente me fui a mi auto.
Cuando me disponía a encender el motor, un golpe en el vidrio me sacó de mi tren de pensamientos.
Levanté la mirada y vi que era el Sr. Bennett... nuevamente.
Bajé el vidrio y le dije. —¿Se le perdió algo Sr. Bennett? Estoy segura de que hay muchas mujeres ahí dentro, dispuestas a hacer lo que usted les pida.
Él levantó una ceja perfecta. —¿Y usted Dra.? ¿No está dispuesta a complacerme?
Fruncí el ceño. —Discúlpeme Sr. Bennett, pero no es mi trabajo complacerlo. Creo que me está confundiendo con alguien más. Ahora si me disculpa, debo marcharme.
—Espere un momento, Dra. Spencer. Me disculpo por mis comentarios dichos, pero por favor respóndame. ¿Es usted casada?
Colgué mi cabeza hacia un costado, pensando en su pregunta.
Era cierto, que la razón del por qué me había casado, era aún controversial, por no decirlo menos.
Miré mis manos y observé que no tenía mi sortija de boda.
Quizás era por eso por lo que preguntó.
Le miré a los ojos, y vi como brillaban por la anticipación de mi respuesta. Se acercó a mi rostro, queriendo escucharme.
Pude oler su aroma, el cual me invadió, haciendo que mí pulso se acelerara y… francamente se me hizo agua a la boca.
Agité mi cabeza confundida y le respondí secamente, —Si, lo estoy.
Subí la ventanilla hasta la mitad, cuando me detuvo diciendo: —¿Es él su pareja destinada?
Frunzo el ceño nuevamente —¿A qué se refiere? ¿Usted cree en las parejas destinadas? No sabía que era un romántico, Sr. Bennett. —No pude ocultar mi tono burlón.
Él abrió los ojos, suspiró y dijo: —No tiene idea de lo que estoy hablando, ¿cierto?
—A decir verdad, Sr. Bennett, no tengo absolutamente ninguna idea de lo que se refiere. Ahora si me disculpa, por favor, de verdad que necesito irme. Tengo que ir a buscar a mi hija.
Abrió mucho sus ojos y con su mano sobre la ventana me volvió a detener. —¿Tiene una hija? ¿Qué edad tiene?
Suspiré, molesta por el interrogatorio. —Francamente, Sr. Bennett, no es de su incumbencia. Buenas tardes.
Subí el vidrio completamente, encendí el motor y me marché de ese lugar a toda velocidad.
La hora que marcaba el reloj era las 15:45. Iba justo a tiempo a recoger a Maddie al Kindergarten.
Mientras iba manejando, recibí una llamada.
Contesté y escuché por los parlantes a mamá. —Hija, que bueno que me contestas. ¿Cómo estuvo tu conferencia?
Sonreí a su pregunta recordando lo exitoso que fue. —Excelente, mamá. Tuve muy buenas críticas y muchos aplausos. Solo espero poder impactar en la educación de este país con mi investigación.
—Y lo harás hija. Desde pequeña, mostraste signos de una inteligencia suprema y tus ganas de ayudar a la comunidad, enseñándoles a ser mejores. Eres un ejemplo para seguir y no podría estar más orgullosa de ti.
—Gracias mamá, como siempre eres mi más grande fan. —Escuché como se rió a mi comentario.
Luego añadió: —Si cariño, soy tu más grande fan, junto con tu padre. Hablando de padre, es por eso por lo que te llamo. ¿Podrías ir a tu casa a buscar las herramientas que le prestó a tu marido? Dice que las necesita con urgencia.
—Mamá, voy de camino a buscar a Maddie. ¿Puede ser después? —Mi madre se quedó en silencio por un momento, luego decidió: —¿Por qué no la pasó yo a buscar? Estoy muy cerca del kindergarten y después podemos tomar el té. ¿Qué te parece mi idea?
—¿No te molesta pasarla a buscar?
—Cariño, ¡Como podría molestarme! Es mi nieta, es mi única nieta.
Suspiré a sus palabras porque sabía que había utilizado la carta de “mi única nieta”.
Le respondí. —Bien, iré a la casa a buscar las herramientas. Nos vemos en un rato, mamá. Te quiero.
—Y yo a ti, cariño. —Ambas cortamos la comunicación. Me detuve, señalicé y cambié de carril para dirigirme a casa.
El viaje transcurrió rápido, ya que aún era temprano y el tráfico era muy poco a esa hora. Me estacioné en la entrada de la casa dentro del barrio, Valle alto. Salí del auto y caminé hacia la puerta.
Ingresé a la casa, cerré la puerta y dejé las llaves en la mesa que estaba en el corredor. De repente, me detuve en seco.
Mis ojos recorrieron el lugar, deteniéndose en la escalera.
Ropa femenina que no era mía estaba tirada a lo largo de la escala.
Seguí el camino y miré hacia arriba. Sentí como en mi estomago había una tormenta de emociones.
Quería llorar, gritar, despedazarle la cara, porque sabía que, una vez que llegara arriba y viera lo que tenía que ver, mi vida cambiaría drásticamente.
Subí lentamente las escaleras, mientras sentí como la bilis me subía por la garganta.
Llegué a la puerta de mi habitación, que estaba abierta de par en par.
Mi corazón latía a mil por hora y mi respiración iba igual de rápida.
Me detuve, antes de ingresar mientras escuché a una mujer gritar —sí, sí, así, ¡dámelo como me gusta! Sí, eres el mejor, cariño. Sí, méteme tu enorme polla, sí hazlo, fuerte, ¡más fuerte!
La maldita creía que estaba en una película para adultos y tenía clarisímo que era fingido, porque ni de broma Alberto era tan bueno en la cama.
Furia instantánea me inundó. Caminé un par de pasos y ahí los ví. Alberto se la estaba cogiendo en mi cama, por detrás.
Los miré atónita... totalmente desconcertada.
—Ay amor, dime que me amas, ¡dímelo! ¡Me estoy viniendo!
Él le gritó: —¡Te amo Annie!
Respiré profundo, de modo de poder calmar mi ira y dije carente de cualquier emoción:
—Qué bueno es saber que la amas. Sería un total desperdicio terminar con nuestro matrimonio, solo por la calentura del momento.
Ambos se giraron y gritaron a la vez, cubriéndose los cuerpos con las sábanas.
¡Con mis sábanas! Malditos hijos de puta.
—Amor, ¿Qué haces aquí? No te creas lo que escuchaste, cariño. Es a ti a quien amo. ¡Esto no es lo que parece!
La mujer lo miró totalmente desconcertada… ¿Tan imbécil creía que yo era?
La reconocí... Era su secretaria.
Con su reacción nació un sentimiento de lástima... algo ayudó a mitigar mi ira.
—¿Y tú te crees que yo soy idiota? ¿Hace cuánto tiempo te estás cogiendo a tu secretaria? ¡Hipócrita! ¿Sabes qué? Déjalo. Me voy de aquí.
Pasé por la habitación y saqué mi maleta.
Ni de broma me quedaré en esa casa, sabiendo que el muy mal nacido se cogió a su amante ¡EN MI CAMA!
Alberto se levantó, vistiéndose por el camino, mientras me seguía, rogando perdón.
No escuché ninguna de sus patéticas excusas.
Llené la maleta con las cosas indispensables para mí y Maddie y sin más demora, salí de la casa a la que alguna vez llamé hogar.
— Notícia de última hora. Um forte terremoto abalou o cenário político de Chicago. O vereador Mark, da Zona Sul, foi detido pelo FBI ontem à noite, acusado de corrupção em grande escala, lavagem de dinheiro e ligações com o crime organizado. Segundo fontes internas, as provas de seu suborno são irrefutáveis. Os promotores afirmam que essa operação anticorrupção vai erradicar de raiz o fluxo ilegal de dinheiro da Zona Sul e estão buscando a pena máxima.Sentei-me no meu sofá de veludo e apertei o mudo no controle remoto.Na gigante TV de tela plana, as mãos de Mark estavam algemadas firmemente atrás das costas. Dois agentes enormes do FBI o empurraram de forma ríspida para dentro de um veículo policial blindado. O rosto dele estava inchado como uma abóbora roxa. Aquela pose arrogante tinha sumido por completo. A única coisa que restava em seus olhos era um desespero absoluto e profundamente satisfatório.Três dias se passaram.A tempestade desencadeada por meros duzentos dólares finalm
Com o síndico resolvido, meu olhar recaiu sobre Mark e Brenda.Ao ver isso, Mark rastejou rapidamente e começou a se curvar como se sua cabeça estivesse presa a uma mola.— Senhorita Ricci! Por favor, dê-me uma chance de consertar isso!Ele bateu a testa contra o chão com tanta força que sangrou. Sua voz tremia violentamente.— Eu lhe darei tudo o que tenho! Tenho contatos na prefeitura! Posso ser um infiltrado para a Família Ricci! Tenho provas de outros vereadores aceitando propina, escândalos do prefeito, posso lhe entregar tudo!Olhei para aquele cachorro patético e humilhado com total nojo.— Você realmente acha que a Família Ricci precisa de um rato traidor como você?Mark ficou pálido como um fantasma. Ele sabia muito bem que, para a máfia, um traidor é muito pior do que um inimigo.Falei pausadamente, cada palavra carregando o peso de uma sentença de morte.— Primeiro. As pinturas que vocês arruinaram valem dois milhões de dólares. Quero esse dinheiro na minha conta antes do am
Os gritos tinham atraído a atenção.Passos pesados ecoaram quando o Sr. Peterson, o síndico do condomínio, saiu correndo da escadaria, arquejando, com um radiocomunicador na mão.— O que está acontecendo? Alguém disse que a cobertura...Ele parou no meio da frase. Absorveu a cena e congelou completamente.Uma dezena de homens de preto, armados e prontos.Um chão coberto de sangue e vidro quebrado.Uma Brenda semimorta.Mark, lambendo o sangue do chão como um cão selvagem.E o aterrorizante Romano.As pernas do Sr. Peterson viraram gelatina. Ele desabou no chão, e uma mancha escura e úmida se espalhou instantaneamente por sua braguilha.Então, as portas do elevador se abriram novamente.Um homem de cabelos prateados em um terno impecável saiu às pressas, suando abundantemente. Ele ignorou por completo os apelos silenciosos de Mark e caminhou direto em minha direção, curvando-se profundamente.— Senhorita Ricci. Sou Sterling, o consigliere da Família Ricci. Também sou o dono deste prédio
O corredor ficou tão silencioso que se podia ouvir um alfinete caindo. O único som era a respiração pesada de Mark e seus risos abafados de deboche.Inclinei-me para trás em minha cadeira, assistindo friamente àquele show de horrores patético.Deixei meu olhar varrer Romano.Apenas um olhar.O sangue nas veias de Romano praticamente virou gelo. O pavor absoluto deu ao capo da Zona Sul uma onda aterrorizante de energia. Ele não ousou perder mais nenhum segundo conversando.Ele balançou seu braço enorme para trás e colocou cada grama de sua força no golpe.VRAU!O som não foi apenas o de um tapa. Foi um ESTALO úmido e pesado. O som inconfundível de osso quebrando.Mark, com sua barriga protuberante, voou pelo ar como uma boneca de pano quebrada. Ele deu meia pirueta no ar e bateu com força contra a parede, escorregando até o chão como um monte de lama. Ele chegou a deixar dois rastros de sangue no papel de parede.— Ahhh! — Mark soltou um grito de gelar o sangue, como um porco no matadou












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