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Ya No Quiero Tus Sobras
Ya No Quiero Tus Sobras
Author: Eternity

Capítulo 1

Author: Eternity
Luca me miró con dureza.

—Elena, ese brazalete no está a la altura de tu hermana.

Sostuve su mirada.

—Entonces, ¿por qué sí está a mi altura?

Vaciló un instante y luego sonrió.

—Cuando tú y Bianca eran pequeñas, todos decían que parecías su sombra. El rubí es demasiado llamativo para ti. El negro te queda bien. Es discreto y sencillo.

Una sombra.

Bianca y yo éramos gemelas, pero desde que nacimos todos me trataron como si fuera una copia deslucida, indigna de estar a su lado. Bianca siempre fue la mejor estudiante de su clase. Yo estudiaba hasta el agotamiento y, aun así, apenas lograba alcanzar el promedio de la clase. Durante diez años, cargué sus bolsos, arreglé sus vestidos y escuché cómo me llamaban “la sombra”.

Le repetí a Luca que detestaba ese apodo.

—Está bien. No volveré a decirlo —respondía siempre. Pero cada vez que Bianca estaba presente, esas palabras volvían a herirme.

Miré a Luca con calma.

—Terminemos lo nuestro.

Luca intentó apaciguarme con una sonrisa.

—Basta. Si no te gusta el brazalete, escogeremos otro. No hables de cancelar la boda tan a la ligera. La boda es en menos de una semana.

—Hablo en serio.

Bianca deslizó el brazalete de rubí hacia mí.

—Toma el mío. Pronto te vas a casar. No hagas quedar mal a Luca por una tontería.

Luca intervino.

—Compré ese brazalete para ti. Elena no tiene el porte para lucir una pieza así. Dárselo sería un desperdicio.

La elección fue una farsa desde el principio. Luca ya había reservado lo mejor para Bianca; yo solo debía esperar a que me tocara algo presentable de lo que sobrara.

Aparté la mano y me di la vuelta para irme. Luca me siguió y suspiró con cansancio.

—Está bien. Te llevaré de compras. Podrás elegir lo que quieras. ¿Contenta?

Apenas habíamos llegado a la sección de lujo del piso de abajo cuando Bianca se detuvo ante el mostrador de perfumes.

—Quiero probar la nueva fragancia de cedro. Quizá sea apropiada para la cena de la fundación.

Luca asintió.

—Entonces probaremos esa fragancia primero. Elena puede esperar.

Bianca probó dos fragancias sin decidirse por ninguna. Luca compró ambas y me entregó la que Bianca pensaba dejar para después.

—Toma. También hay un regalo para ti. Bianca tiene muy buen gusto. Deberías estar contenta.

No acepté la bolsa. No quería quedarme con nada que solo me ofrecieran después de que alguien más hubiera elegido.

—Esta noche sacaré mis cosas de tu penthouse. No volveré.

Se quedó con la mano inmóvil en el aire. Por fin se le borró la sonrisa.

—Basta.

Esa noche, Luca hizo venir a mis padres al penthouse de los Moretti antes de que pudiera vaciar un solo cajón. Mi madre me sujetó por la muñeca con tanta fuerza que me lastimó la piel y tiró de mí hacia la sala.

—¿Te volviste loca? Ya casi es la boda. ¿Cómo puedes hablar de cancelarla? Los hombres como Luca no caen del cielo.

Mi padre, Enzo, azotó el bastón contra el suelo; el golpe resonó por toda la sala.

—En la alianza Bellini-Moretti no hay lugar para tus berrinches. —Me sujetó por el mentón y me obligó a mirarlo—. No tienes ni la belleza ni la inteligencia de Bianca. Casarte con Luca y entrar en la familia Moretti es un privilegio que no te ganaste tú.

Antes, me tragaba cada insulto y esperaba que mi obediencia hiciera que se apiadaran un poco de mí. Esa noche, me limité a observarlos.

Luca se puso delante de mí y soltó una risa para calmar los ánimos.

—Por favor, no diga eso. Elena es una buena chica. Solo está nerviosa por la boda.

Mi madre lo miró con aprobación.

—¿Ves? Luca todavía te defiende. ¿Dónde más encontrarás a un hombre tan bueno?

Casi me reí. Todos esperaban que me sintiera agradecida porque Luca estaba dispuesto a casarse conmigo, aunque siempre me dejara en segundo lugar.

—Si insistes en terminar con él, no vuelvas a llamarme mamá —dijo mi madre.

Todos callaron.

Respiré hondo y asentí.

—Está bien.

Todos se relajaron. Pensaron que por fin habían vuelto a ponerme en mi sitio.

Fui a mi habitación y saqué mi viejo cuaderno de bocetos. Bianca decía que el arte no servía para nada y Luca me dijo que, en vez de dedicarme a eso, aprendiera a llevar la contabilidad de los casinos, así que pasé años estudiando empresas fantasma, contratos y libros contables, además de métodos discretos para mover dinero sucio.

Trabajé mucho, pero nadie me vio de verdad. Solo veían que yo no era Bianca. Durante más de veinte años, me obligaron a llevar una vida que nunca me perteneció.

Llamé a Aria, mi única amiga de verdad. Dirigía un taller en Savannah donde restauraba objetos antiguos de cuero. Cuando contestó, las lágrimas ya me corrían por la cara, pero no emitía ningún sonido.

—Aria, ¿todavía necesitas una asistente de restauración?

Aria permaneció en silencio tanto tiempo que pensé que la llamada se había cortado.

—Te casas dentro de unos días.

—Lo sé.

—Amas a Luca desde que éramos niñas. Abandonaste la escuela de diseño para llevarle las cuentas, aprendiste a manejar las finanzas de sus casinos y permitiste que su familia te consumiera por completo. ¿En serio vas a dejar todo eso atrás?

Contemplé la noche de Chicago.

—Sí. Ya me decidí.

Durante un instante, solo escuché la respiración de Aria. Luego habló con firmeza.

—Bien. No intentaré convencerte de lo contrario. El primer vuelo en el que puedo conseguirte un asiento sale a última hora de la noche de tu boda. Habrá un auto esperándote cerca del hotel.

Cerré los ojos y sonreí.

—Entonces Dios ya escogió el día de mi partida.

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